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Ali vs Frazier. No hay perdón

¿Para qué nos vamos a llevar bien si nos podemos llevar mal? Muhammad Ali y Joe Frazier. O Joe Frazier y Muhammad Ali. Dos caras de una misma moneda. La historia de estos dos gigantes de los cuadriláteros y su relación personal fue más allá de lo deportivo en una década, la de los 70, marcada por el tema racial resultante de aquellos movimientos en defensa de los derechos civiles de los afroamericanos que poco antes habían encabezado Malcon X o Luther King.  Es la rebelión contra el llamado apartheid estadounidense, los más desfavorecidos parecen dispuestos a luchar contra la injusticia y las desigualdades. Inimaginable en aquellos años 70 que un negro pudiera siquiera aspirar a habitar la Casa Blanca. Al mismo tiempo bullían movimientos pacifistas por doquier como consecuencia del conflicto que se desarrollaba en Vietnam.

Los elogios que recibió tras proclamarse campeón del mundo frente a Sonny Liston se convirtieron en abucheos por parte del hombre blanco cuando cambió su nombre de “esclavo” Cassius Clay por el de Muhammad Ali y se declaró Musulmán Negro. En los años 60 los negros se  unen para decir basta, y Ali, de la mano de Malcon X, tomaría conciencia para convertirse en un referente dentro de esta lucha. “No tengo que ser lo que ustedes quieren que sea”.

Ali y Malcon X

La negativa de Ali a participar en la guerra de Vietnam en 1966 acabaría con la pérdida de su licencia para boxear y con la retirada de su título de campeón del mundo que tras permanecer vacante durante un breve periodo de tiempo pasaría a manos de un Joe Frazier que no sería considerado por muchos el verdadero campeón hasta que no derrotara a Ali. Alí era ya un referente indiscutible para todos los afroamericanos y para los movimientos pacifistas que comenzaban a ocupar su espacio dentro del tablero de juego que se estaba perfilando a finales de los 60.

“No, no iré”. “No tengo nada contra el Vietcong. Ellos nunca me llamaron negro”

El esperado combate entre Ali y Frazier se disputaría finalmente en Nueva York, en 1971. Ali se encargo de menospreciar a su rival acusándole de ser un hombre al servicio de los blancos, es decir, de ser un Tío Tom. El calificativo de Tío Tom es uno de las mayores ofensas que cualquier hombre negro puede recibir, e injusto en el caso de Frazier debido a sus humildes orígenes en Carolina del Sur. Alí empleó este argumento basándose en el apoyo financiero que su rival recibía por parte de un grupo de empresarios blancos. El esperado combate acabaría con la victoria del poderoso Frazier, boxeador directo que no para de lanzar sus golpes mientras persigue a su oponente sin dejarle un momento de respiro.  Muhammad Ali, estilista, increíblemente rápido y tremendamente hábil, había sufrido su primera derrota como profesional, acrecentando así su rivalidad hacia el púgil de Carolina del Sur afincado en Philadelphia.

Se celebraría la revancha en 1974, nuevamente en Nueva York, con victoria de Ali a los puntos, pero teniendo que esperar unos meses más para poder recuperar un título mundial que estaba en manos de un jovencísimo George Foreman que anteriormente había derrotado muy claramente a Frazier. El enfrentamiento contra Foreman se llevó a cabo en Kinshasa, capital del Zaire del dictador Mobutu, acabando con la increíble victoria de Ali en el que es uno de los mejores combates de boxeo de la historia. Pronto, un año después, Frazier volverá a cruzarse en el camino de Ali como aspirante al título, esta vez en Manila, Filipinas (los grandes combates se celebran allá donde las grandes dictaduras los necesiten)

El miedo que el duro “Smokin” Frazier infundía a sus contrincantes, la gran rivalidad o el inmenso ego y la verborrea de Ali calentaron el enfrentamiento hasta más allá de lo imaginable. Los odios se acrecentaron y el desprecio que mostraba Muhammad hacia su enemigo íntimo sobrepasó todos los límites y los insultos, amenazas y provocaciones caían como un torrente calentando el ya de por sí cálido ambiente filipino. Dos caras de una misma moneda enfrentados en el, tal vez, mayor combate de la historia. Una pelea durísima, con unos últimos rounds dramáticos en los que se rozó, literalmente, la muerte y en la que tan solo unos enormes rencores mantuvieron en pie a los contendientes bajo una lluvia de durísimos y constantes golpes. Y un tremendo final, con dos boxeadores más allá del límite humano, exhaustos y derrotados por el odio mutuo. El paso de los años ha puesto de manifiesto que nadie ganó en esa batalla.  Joe Frazier, poco antes de fallecer en 2011, dejaba entrever que el duro castigo físico al que había sometido a Ali era una de las causas de la terrible enfermedad de Parkinson que éste padece.

Toda esta apasionante historia queda recogida en la fenomenal y conmovedora película documental Thriller in Manila, la cual puede ser visionada en su totalidad en Youtube. Altamente recomendable tanto para aquellos amantes de este deporte como para aquellos que lo detesten. Que la disfruten.