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El Dorado: la expedición de Saura

El Dorado

País: España

Año: 1988

Duración: 149 minutos

Director: Carlos Saura

Reparto: Omero Antonutti, Inés Sastre, Lambert Wilson, José Sancho, Francisco Algora, Eusebio Poncela, Gabriela Roel, Feodor Atkine.

 

La leyenda, el mito, habla de una ciudad pavimentada y construida a base de oro. Habla del oro que que empleaba el rey que la gobernaba para cubrirse de pies a cabeza, habla de ceremonias rituales en las que el más preciado de los metales era arrojado a un lago… En Colombia, o tal vez en Venezuela. Hay quien sitúa esta ciudad en Brasil o en Perú, aunque bien podría ser que se hallara localizada en Ecuador. O en Bolivia…

El Dorado, motivo y objeto de grandes expediciones emprendidas a lo largo del s. XVI por unos buscavidas capaces de jugárselo todo a una carta para alcanzar la gloria y sobretodo la fortuna. Contra un océano selvático desconocido e impenetrable. Contra el clima y la humedad que pudre la madera de las embarcaciones. Contra sus propias ambiciones, traiciones y sed de gloria y poder. Contra toda lógica y probabilidad. Por nuestro rey  y señor Felipe II, Carlos I, Isabel la Católica…

A su busca se lanzaron Don Ángel Guerra, Francisco de Orellana, Sebastián de Belalcázar e incluso Francisco Pizarro con poco o nulo éxito y las más de las veces con mucho desastre y abundante penalidad.

En 1988 el realizador Carlos Saura se embarca en el más ambicioso y caro proyecto cinematográfico emprendido hasta la fecha en España para rubricar El Dorado, película nominada para 9 premios Goya y que no logró hacerse con ninguno de ellos. Esta superproducción nos lleva a 1560, al Perú, punto de partida de una de las más sonadas expediciones en busca de la ciudad del oro comandada por el navarro Pedro de Ursúa pero que terminaría protagonizando Lope de Aguirre El Loco o también El Peregrino tal y como gustaba denominarse y que ya contó con su protagonismo cinematográfico en 1972 con la psicotrópica y beoda Aguirre, la cólera de Dios de Werner Herzog, protagonizada por un Klaus Kinski de demente y perturbada mirada y etílicos diálogos que sirvió de inspiración al mismísimo Coppola para filmar en 1970 Apocalypse Now.

Klaus Kinski

La expedición de Ursúa se prolongaría durante algo más de un año navegando por el río Marañón, el Amazonas y el Orinoco a bordo de dos bergantines, un par de barcazas y algunas balsas y canoas. Tal vez Andrés Hurtado de Mendoza, Virrey del Perú, pensara que organizando dicha expedición, y bajo el irresistible reclamo del oro, terminarían por acudir aquellos conflictivos militares que recientemente habían protagonizado ciertas “alteraciones del orden vigente” y que de este modo estarían ocupados durante una temporada alejados y dentro de una empresa de búsqueda incierta con unos resultados presumiblemente calamitosos. 300 españoles, algunos esclavos negros y un montón de sirvientes indios se lanzaron a tan insensata aventura.

Bajo una atmosfera de tedio, navegando por un río que se antoja interminable, bajo un paisaje invariable que permanece inmutable durante días, semanas y meses pronto aparecerán las conjuras y traiciones. El asesinato, el engaño, las intrigas y las venganzas. Los que apoyan a un capitán y los que apoyan al otro, los que desean regresar al Perú y los que aún creen en la empresa que se traen entre manos. Y en medio de esta merienda una curiosa invitada, la amante mestiza del jefe de la expedición Pedro de Ursúa, Doña Inés de Atienza.

Lo cierto es que la falta de escrúpulos, la crueldad y una curiosa habilidad a la hora de sesgar gaznates y cuellos a la hora de la siesta terminarían por encumbrar a Lope de Aguirre al mando de la expedición, para, ya dentro de una espiral de locura y enajenación, llevar a cabo la primera declaración de independencia en América, proclamándose señor de los nuevos territorios descubiertos, renegando de la corona a la que hasta la fecha había estado sirviendo, y escribiendo una serie de cartas humillantes dirigidas al rey Felipe II en las que no faltaban los insultos y en las que declaraba la guerra al poderoso Imperio Español de aquellos años.

 

El film de Saura que recoge la historia de estos aventureros, conocidos como Los Marañones, supuso en su día un sonoro fracaso tanto de crítica como de taquilla. Las expectativas generadas no se llegaron a concretar pese a contar con medios y presupuestos para llevar a cabo una superproducción digna de Hollywood. Aún así el film tiene sus luces: una buena ambientación de la época, una atmósfera convincente y unos actores que se desempeñan a un nivel aceptable a excepción de una jovencísima Inés Sastre que interpreta a la hija de Aguirre. Incluso el planteamiento inicial resulta atractivo y prometedor, aunque parece ir diluyéndose poco a poco a medida que transcurre un, posiblemente, excesivo metraje (149 minutos). El ritmo parece decaer a partir de la primera hora y el guion no logra atrapar plenamente al espectador. Pero la película se deja ver e invita a cierto ejercicio de reflexión en relación a aquellas empresas llevadas a cabo en un Nuevo Mundo aún virgen y desconocido, unos medios que se correspondían con la época y con los que se hacía frente a todo tipo de penalidades y penurias en pos de una gloria y fortuna que a menudo resultaba esquiva y que acostumbraba a convertirse en fracaso, desastre y muerte.