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Ali vs Frazier. No hay perdón

¿Para qué nos vamos a llevar bien si nos podemos llevar mal? Muhammad Ali y Joe Frazier. O Joe Frazier y Muhammad Ali. Dos caras de una misma moneda. La historia de estos dos gigantes de los cuadriláteros y su relación personal fue más allá de lo deportivo en una década, la de los 70, marcada por el tema racial resultante de aquellos movimientos en defensa de los derechos civiles de los afroamericanos que poco antes habían encabezado Malcon X o Luther King.  Es la rebelión contra el llamado apartheid estadounidense, los más desfavorecidos parecen dispuestos a luchar contra la injusticia y las desigualdades. Inimaginable en aquellos años 70 que un negro pudiera siquiera aspirar a habitar la Casa Blanca. Al mismo tiempo bullían movimientos pacifistas por doquier como consecuencia del conflicto que se desarrollaba en Vietnam.

Los elogios que recibió tras proclamarse campeón del mundo frente a Sonny Liston se convirtieron en abucheos por parte del hombre blanco cuando cambió su nombre de “esclavo” Cassius Clay por el de Muhammad Ali y se declaró Musulmán Negro. En los años 60 los negros se  unen para decir basta, y Ali, de la mano de Malcon X, tomaría conciencia para convertirse en un referente dentro de esta lucha. “No tengo que ser lo que ustedes quieren que sea”.

Ali y Malcon X

La negativa de Ali a participar en la guerra de Vietnam en 1966 acabaría con la pérdida de su licencia para boxear y con la retirada de su título de campeón del mundo que tras permanecer vacante durante un breve periodo de tiempo pasaría a manos de un Joe Frazier que no sería considerado por muchos el verdadero campeón hasta que no derrotara a Ali. Alí era ya un referente indiscutible para todos los afroamericanos y para los movimientos pacifistas que comenzaban a ocupar su espacio dentro del tablero de juego que se estaba perfilando a finales de los 60.

“No, no iré”. “No tengo nada contra el Vietcong. Ellos nunca me llamaron negro”

El esperado combate entre Ali y Frazier se disputaría finalmente en Nueva York, en 1971. Ali se encargo de menospreciar a su rival acusándole de ser un hombre al servicio de los blancos, es decir, de ser un Tío Tom. El calificativo de Tío Tom es uno de las mayores ofensas que cualquier hombre negro puede recibir, e injusto en el caso de Frazier debido a sus humildes orígenes en Carolina del Sur. Alí empleó este argumento basándose en el apoyo financiero que su rival recibía por parte de un grupo de empresarios blancos. El esperado combate acabaría con la victoria del poderoso Frazier, boxeador directo que no para de lanzar sus golpes mientras persigue a su oponente sin dejarle un momento de respiro.  Muhammad Ali, estilista, increíblemente rápido y tremendamente hábil, había sufrido su primera derrota como profesional, acrecentando así su rivalidad hacia el púgil de Carolina del Sur afincado en Philadelphia.

Se celebraría la revancha en 1974, nuevamente en Nueva York, con victoria de Ali a los puntos, pero teniendo que esperar unos meses más para poder recuperar un título mundial que estaba en manos de un jovencísimo George Foreman que anteriormente había derrotado muy claramente a Frazier. El enfrentamiento contra Foreman se llevó a cabo en Kinshasa, capital del Zaire del dictador Mobutu, acabando con la increíble victoria de Ali en el que es uno de los mejores combates de boxeo de la historia. Pronto, un año después, Frazier volverá a cruzarse en el camino de Ali como aspirante al título, esta vez en Manila, Filipinas (los grandes combates se celebran allá donde las grandes dictaduras los necesiten)

El miedo que el duro “Smokin” Frazier infundía a sus contrincantes, la gran rivalidad o el inmenso ego y la verborrea de Ali calentaron el enfrentamiento hasta más allá de lo imaginable. Los odios se acrecentaron y el desprecio que mostraba Muhammad hacia su enemigo íntimo sobrepasó todos los límites y los insultos, amenazas y provocaciones caían como un torrente calentando el ya de por sí cálido ambiente filipino. Dos caras de una misma moneda enfrentados en el, tal vez, mayor combate de la historia. Una pelea durísima, con unos últimos rounds dramáticos en los que se rozó, literalmente, la muerte y en la que tan solo unos enormes rencores mantuvieron en pie a los contendientes bajo una lluvia de durísimos y constantes golpes. Y un tremendo final, con dos boxeadores más allá del límite humano, exhaustos y derrotados por el odio mutuo. El paso de los años ha puesto de manifiesto que nadie ganó en esa batalla.  Joe Frazier, poco antes de fallecer en 2011, dejaba entrever que el duro castigo físico al que había sometido a Ali era una de las causas de la terrible enfermedad de Parkinson que éste padece.

Toda esta apasionante historia queda recogida en la fenomenal y conmovedora película documental Thriller in Manila, la cual puede ser visionada en su totalidad en Youtube. Altamente recomendable tanto para aquellos amantes de este deporte como para aquellos que lo detesten. Que la disfruten.

El Desombracionismo de Jerdanowitch

-Exaltación-

La fuerza evocadora de unas lejanas y cálidas tierras que bien podrían estar en el Caribe o en la Polinesia resulta abrumadora en “Exaltación”, 1924, la obra cumbre del genial Pavel Jerdanowitch. El mérito de de esta obra reside en la sencillez a la hora de lanzar unos vigorosos trazos que añaden a esta interesante escena costumbrista un halo de vida, y todo sin la necesidad de salir de las tonalidades grises empleadas. Los primeros términos representados por el personaje central, y un poco más allá, por el árbol de la derecha, culminan en una perspectiva que desemboca en las chozas del fondo para lograr una interesante sensación tridimensional. El brazo y la mano que se aferra con fuerza al plátano destaca sobre el resto de los elementos al hallarse perfectamente recortados sobre las tonalidades con las que Jerdanowitch perfila el cielo. Así mismo es el rostro del personaje femenino central, cuya mirada parece clavarse en el espectador trasmitiendo extrañeza, tal vez sorpresa, un potente elemento que el autor diseña para integrarnos en el interior de esta escena que invita a una contemplación rodeada de una placentera sensación de sosiego.

Pavel Jerdanowitch

El excéntrico Pavel Jerdanowitch (Moscú, 1875), emigrado a los Estados Unidos y aquejado de tuberculosis, estudió pintura en el Art Institut de Chicago y acabó por instalarse en California donde se convertiría en el padre del Disumbrationism o Desombracionismo, técnica vanguardista que se caracteriza principalmente por la ausencia total de sombras. La prestigiosa Revue du Vrai et du Beau se refiere al peculiar estilo de Pavel de este modo:

            Pavel Jerdanowitch no está satisfecho siguiendo los caminos trillados del arte. Prefiere descubrir nuevas tierras, explorar las alturas y asomarse a los abismos. Su espíritu se deleita en la intoxicación y es presa de la agonía estética que no tiene experiencia sin sufrimiento.

Tras el éxito de “Exaltación”, y con una crítica postrada a sus pies, Jerdanowitch continuará revolucionando  el mundo del arte con una serie de pinturas que en 1927 serán recogidas por la prestigiosa Galeria Vose de Boston, asombrando nuevamente a la crítica más prestigiosa.

 

“Aspiration”. El ave que se ve en la parte superior derecha se llama el gallo cósmico y es un símbolo de los deseos reprimidos, que se asienta sobre una cruz que es, a su vez, otro símbolo, y en el final de la cuerda está la flor blanca del cosmos que significa inmortalidad. Todo el cuadro es una maravillosa ilustración de la ley de la simetría dinámica; todo está planteado para que el ojo mire hacia el símbolo central, la lavandera sin advertir que la mano de la codicia le arrebata la cartera.

“Ilumination”Es medianoche y el hombre borracho que irrumpe tambaleándose en su casa, anticipando la tormenta de su indignada esposa ve sus ojos en la oscuridad. Se trata de consciencia en funcionamiento.

 “Gination”. Caracteriza el efecto atractivo del alcohol sobre las mujeres de los estudios de Hollywood. Se trata de un cuadro moral, que muestra el efecto corrosivo de la ginebra de los bulevares sobre la piel de la mujer. Todo el cuadro esta fuera de equilibrio.

Paul Jordan Smith

Pero lo más llamativo de todo esto es que Pavel Jerdanowitch jamás existió. Se trató de una “broma” ideada y puesta en práctica por el periodista y escritor Paul Jordan Smith,quien no había cogido un pincel en su vida. El comienzo de esta historia se sitúa en 1924, cuando la esposa de Paul Jordan, Sarah Bixby, recibió críticas que tildaban su trabajo de convencional y anticuado tras exhibir sus bodegones en una exposición. Acto seguido su marido le pidió un lienzo y “creo” “Exaltación” en menos de 20 minutos. Posteriormente adoptó un extraño gesto y forzó de manera exagerada sus ojos para hacerse el que sería el primer retrato de su personaje Pavel Jerdanowitch. Estaba decidido a poner de manifiesto la ineptitud de unos críticos de arte que apenas sabían nada de pintura y que simplemente se limitaban a valorar la excentricidad y lo estrambótico.

Tras inventarse lo del Desombracionismo, un ardid para justificar su inoperancia a la hora de pintar, envió su “Exaltación” a una exposición que se celebraba en el Waldorf Astoria. El cuadro no sólo fue aceptado por un jurado de artistas, sino que además atrajo la atención de los críticos de arte que allí se congregaban, entre ellos Chabrier Comte, quien se mostró entusiasmado con el descubrimiento del hasta entonces desconocido genio. Animado por su éxito y por los constantes elogios, Paul Jordan, es decir, Jerdanowitch, se lanzó a pintar logrando una gran notariedad y dejando en evidencia al mundo de las vanguardias artísticas de aquellos años 20 en los que se sucedían las nuevas modas y tendencias al mismo tiempo que el mundo del arte se mercantilizaba ante la creciente demanda de obras proveniente de unos nuevos ricos que habían descubierto un nuevo filón con el que poder especular.

Aún así, y huyendo hacia adelante, el crítico Havelock Ellis, lejos de reconocer la evidencia, explicó qué “en realidad Paul Jordan Smith era un genio de pintura, lo que ocurría es que era incapaz de reconocer su propia genialidad”.

El Papa Gregorio XVII de El Palmar.

30 de marzo de 1968. Cuatro niñas entre los 12 y 13 años de edad aseguran haber visto a la Virgen en las proximidades de El Palmar de Troya, Sevilla. Estas apariciones marianas se convertirán en el principio de una singular historia protagonizada por uno de los personajes más apasionantes de todo el siglo XX: Clemente Domínguez Gómez, el papa Gregorio XVII.

El joven Clemente pronto acudiría al lugar de las apariciones para postrarse y orar piadosamente. Los fenómenos místicos se sucedieron hasta que finalmente, el 30 de septiembre de 1969, Clemente experimentaría sus primeras visiones marianas que muy pronto comenzarían a repetirse con asiduidad. Con el tiempo alcanzaría también increíbles éxtasis místicos en los que recibe directamente desde los cielos mensajes que bien llaman a la oración y la penitencia, o bien denuncian todo tipo de herejías como las corrientes progresistas y comunistas que todo corrompen, incluyendo a la propia madre Iglesia. La veracidad de estos celestiales hechos quedaría plenamente avalada por un sinfín de conversiones, de curaciones milagrosas y de estigmatizaciones. Clemente, entre una legión de videntes, se convertiría en el principal referente de lo que estaba ocurriendo en las inmediaciones de El Palmar de Troya. Hasta 40.000 personas se llegaron a congregar para presenciar sus fabulosos y extraordinarios trances místicos. Y es que Clemente es sin duda una figura tocada por Dios, pues ya en su infancia, su madre, señora de exacerbada religiosidad, le confeccionaba sotanas y diferentes elementos litúrgicos a fin de que su retoño jugara a oficiar misas.

Roma se ha prostituido. Roma se abraza a los enemigos de la Iglesia… Al Papa no le dejan gobernar… La masonería y el comunismo están bien infiltrados en el Vaticano, acorralando y martirizando a mi amadísimo Vicario Pablo VI. Hay algunos obispos en el Vaticano con el grado 33 de la masonería… Los hijos de la Iglesia caminan desviados a causa de muchos pastores desviados.

Gracias a las donaciones de los fieles Clemente compra en 1972 la finca de las apariciones marianas y siguiendo instrucciones de la mismísima Virgen excavaría un pozo de donde manarían unas aguas que servirían para llevar a cabo numerosas curaciones milagrosas. Las autoridades sanitarias de la zona, movidas por envidias y corrompidas por la masonería y el marxismo, ordenarían pronto la clausura del pozo alegando que sus aguas contaminadas ponían en riesgo la salud pública.

Además las altas jerarquías eclesiásticas, sin duda bajo las perniciosas influencias y males que el propio Clemente había denunciado, condenarían de manera injusta y arbitraria los hechos de El Palmar. Pero ya por entonces la suerte estaba echada: por orden de la Santísima Virgen, Clemente Domínguez fundará la Orden de los Carmelitas de la Santa Faz en 1974.

Así mismo, en aquellos años, en 1971, el arzobispo vietnamita Pedro Martín Ngo-Din Thuc ordenaría sacerdote a Clemente, y algunos años más tarde, en 1976, y bajo ritos que según las malas lenguas se encontraban al margen de la liturgia católica, este mismo arzobispo tendría a bien ordenarle nada menos que obispo.

Mientras todo esto ocurría, los adeptos a la Orden de la Santa Faz se irían multiplicando al mismo tiempo que los éxtasis de Clemente cobraban mayor belleza. Sus llagas sangrantes expulsaban más de los 6 litros de sangre que contiene el cuerpo humano, evidenciando de este modo lo milagroso de estos fabulosos episodios. Además la sangre, una vez analizada, no se correspondía a ninguno de los grupos sanguíneos humanos existentes. Su misticismo alcanzaría su máxima expresión en 1976, cuando tras un accidente automovilístico Clemente pierde sus ojos. No en vano son los sentidos como el de la vista los que nos sitúan en una posición de debilidad ante los perniciosos estímulos que nos rodean y acosan constantemente. Los sentidos son pues, una vía propicia por la que todo agente maligno externo de origen diabólico llegue a corromper lo más profundo de nuestra persona, propiciando caídas en el vicio, en perversiones o en todo tipo de degeneraciones que nos alejan de la pureza y la verdad. La carencia de sentidos, de algún modo, nos acerca a lo celestial y a lo supremo, ya que nos separa de lo terrenal manteniendo la pureza del lado más espiritual de la persona. De hecho el propio Clemente declararía que él mismo había ofrecido sus ojos a la Virgen en una acción de extrema generosidad para lograr que los pecados del mundo fueran perdonados.

En aquellos años ya se estaba construyendo la gran catedral Palmariana, sufragada por los numerosísimos fieles de la Santa Faz, y presupuestada en más de 700 millones de pesetas de la época. El fenómeno Clemente estaba en pleno apogeo: los fervientes seguidores no dejaban de multiplicarse y los donativos llegaban desde todas las partes del mundo.

Actualmente Roma está siendo gobernada por un masón, Juan Pablo II, que es miembro de la Masonería con Grado 33, el máximo grado en uno de los ritos masónicos. Si Juan Pablo II es Masón… ¿cómo puede ser el verdadero Papa?…si es Masón está excomulgado, y por lo tanto no es el verdadero Papa…

Corre el año 1978 y Clemente experimentaría una visión sobrenatural en la que Jesucristo le nombraba sucesor legítimo del pontificado, ordenándole que se autoproclamara papa. A partir de entonces Clemente pasaría a ser Su Santidad Gregorio XVII, declarando que la Iglesia de Roma estaba poseída por el anticristo y los comunistas. El nuevo y verdadero papa retornaría al antiguo rito tridentino para la liturgia, nombraría 24 nuevos cardenales para El Palmar y procedería con la excomunión del mismísimo Juan Pablo II, de Juan Carlos I, rey de España, de todos los socialistas y comunistas y de todos aquellos que hayan visto la película Jesucristo Superstar. Conviene destacar así mismo las santificaciones llevadas a cabo por Su Santidad; San Francisco Franco, San Escrivá de Balaguer (este señor ya suma dos canonizaciones), San Carrero Blanco (segunda ascensión a las alturas del almirante), San Cristóbal Colón… El Palmar de Troya es el único y verdadero camino a la salvación, fuera no hay posibilidad alguna. Fuera solo podemos encontrar la herejía, la falta de respeto a Dios y el paganismo.

En 1982 Su Santidad Gregorio XVII y 8 de sus obispos de la Orden de la Santa Faz llegaron a la localidad de Alba de Tormes, Salamanca, con la intención de propagar la doctrina Palmariana. Malas lenguas movidas por resentimientos y envidias aseguran que una vez en el interior de la iglesia, Su Santidad y sus acompañantes comenzaron a proferir improperios contra Juan Pablo II, la madre Santa Teresa y la Iglesia Católica Romana. La muchedumbre allí congregada respondió haciendo uso de la más salvaje e injustificada violencia, y al cabo de unos minutos Su Santidad Gregorio XVII y sus obispos se encontraron encerrados en el interior del templo al mismo tiempo que sonaban las campanas. De este modo se concentraron en el exterior de la iglesia centenares de irritados vecinos alarmados ante el falso rumor que se extendía por el pueblo y que aseguraba que Clemente y los suyos pretendían llevarse las reliquias de Santa Teresa que allí se custodiaban. Cuando finalmente Su Santidad y sus acompañantes lograron salir del templo la muchedumbre se lanzó contra ellos dispuesta a lincharlos. Florentino Gutiérrez, párroco de Alba de Tormes, y Román Acevedo, alcalde en funciones, trataron en vano de calmar los ánimos de unos irritados vecinos que ya habían volcado los coches de los visitantes de El Palmar, arrojando uno de ellos desde el puente al río. “Tenían que habernos dejado matarles porque insultar a la Santa es como insultar a nuestra madre” declaró una encolerizada vecina. Y el perplejo párroco de la localidad salmantina acabaría por añadir que  “a un pueblo unido no lo para ni un batallón de Infantería”. Finalmente la Guardia Civil logró trasladar a la comitiva de El Palmar hasta un centro médico donde fueron atendidos por los daños sufridos en tan desafortunado y lamentable episodio.

Ya en los 90 Gregorio XVII fue señalado como autor de diversos abusos sexuales a determinados sacerdotes y monjas de su Orden Palmariana. Su Santidad, haciendo gala de gran honradez admitió esas acusaciones y pidió sentido y sincero perdón por aquellas faltas. Entre los años 1990 y 1993 numerosos sacerdotes de la congregación de la Santa Faz de El Palmar de Troya fueron atendidos en diferentes hospitales tras haberse perforado el glande con una argolla. Estos hechos resultaron en burlas y mofas por parte de la insidiosa prensa, ignorando que tales daños se habían producido en un marco de experiencias de carácter  místico.

Finalmente, un fatídico 22 de marzo de 2005 nuestro bien amado Gregorio XVII fallecería dejando una piadosa obra en beneficio de los hombres y a honra de Dios. Seguidamente la propia Iglesia Católica Palmariana lo elevaría a categoría de santo, denominado a este hombre santo como Santo Papa Gregorio XVII, El Muy Grande. Pero la Santa Iglesia Palmariana, como auténtica poseedora de la suprema verdad, pronto contaría con un sucesor a este pontificado: Manuel Alonso Corral se autoproclamaría papa, denominándose Pedro II.

¡Que Dios os maldiga Blas de Lezo! (III)

Primera parte aquí

Segunda parte aquí

El curioso y decisivo capítulo acaecido en Cartagena de Indias en 1741, silenciado a lo largo del tiempo por los cronistas, se desencadenó por una oreja. Esa oreja perteneciente al corsario Robert Jenkins fue la excusa perfecta para que los ingleses iniciaran un conflicto bélico contra España conocido popularmente como la Guerra de la oreja de Jenkins. Todo comenzó en 1739 cuando un navío español comandado por Julio León Fandiño abordó y capturó un barco corsario frente a las costas de Florida para, seguidamente, cortar la oreja a su capitán; “Ve y dile a tu rey que lo mismo le haré si a lo mismo se atreve”. Y es que el tráfico marítimo comercial de aquella época entre América y España se veía constantemente cortado y entorpecido por las acciones y el constante acoso de piratas y corsarios ingleses, que atacaban incluso ciudades y puertos españoles escasamente defendidos. En la cámara de los Lores, Robert Jenkins con su oreja en la mano, denunció el hecho desencadenando un conflicto que suponía una oportunidad inmejorable para arrebatar la supremacía marítima oceánica a los españoles.

Inglaterra nombra al marino Edward Vernon comandante de las fuerzas británicas en las Indias Occidentales, quien pone rumbo desde Port Royale (Jamaica) hacia el puerto español de Portobelo situado en Panamá con el objetivo de proceder a su saqueo y destrucción. Portobelo formaba parte de la ruta que periódicamente seguía la Flota de Indias y se encontraba pobremente defendido. El éxito de esta acción fue celebrado y proclamado a los cuatro vientos, y Vernon, entre numerosos homenajes, se convertiría en un héroe nacional en Inglaterra. Incluso el mismísimo Jorge II de Inglaterra asistió a una cena homenaje en honor a Vernon donde se presentó por primera vez el actual himno nacional británico God Save the King (que se transforma en God Save the Queen cuando el trono lo ostenta una mujer). Además dos calles, una en Londres y otra en Dublín pasarían a denominarse Portobello Road. En una carta fechada el 27 de noviembre de 1739 Vernon comunica a Lezo que los prisioneros de Portobelo están recibiendo un excelente trato a pesar de no merecerlo. Pocos días después Lezo envía su respuesta:

            Puedo asegurarle a Vuestra Excelencia, que si yo me hubiera hallado en Portobelo, se lo habría impedido, y si las cosas hubieran ido a mi satisfacción, habría ido también a buscarlo a cualquier otra parte, persuadiéndome de que el ánimo que faltó a los de Portobelo, me hubiera sobrado para contener vuestra cobardía.

1741, la mayor de las flotas que viera la historia hasta la lanzada contra las costas de Normandía en 1944, (186 naves, más de 23.500 hombres, y más de 2600 piezas de artillería) ponía rumbo hacía el puerto de español de Cartagena de Indias, el más importante de los puertos del Virreinato de Nueva Granda, bajo el mando de Edward Vernon. ¿Qué otra flota o puerto podría interponerse ante a semejante escuadra? Ante este desalentador panorama Blas de Lezo pasa revista a sus escasas fuerzas en la magníficamente fortificada Cartagena de Indias, comprobando que se reducían a 6 navíos de guerra para apoyar a sus defensas, a unos 2500 soldados del ejército regular español reforzados con unos 600 arqueros indios traídos expresamente desde el interior, y a menos de 1000 piezas artilleras. Resultaba, pues, realmente complicado asegurar que Cartagena de Indias continuara siendo española en los próximos años. Aún así Lezo opta por la resistencia a toda costa. Cartagena de Indias no se iba a rendir.

La formidable escuadra de Vernon ya se encuentra muy próxima a las murallas y fortificaciones defensivas y a su orden se inicia un incesante cañoneo que castigó con dureza la ciudad. Las defensas apenas podían aguantar la constante lluvia de fuego que sobre ellas caía y que se prolongó durante, nada menos que, 67 días. Los contendientes españoles optan por hundir sus propios navíos en la bocana del puerto para obstaculizar el asalto inglés, pero la maniobra finalmente no impediría que la escuadra de Vernon penetrara en la bahía. Vernon sintiéndose claro vencedor, se dispone a enviar un correo a Inglaterra confirmando su victoria, noticia que sería recibida con una euforia aún mayor que la vivida tras la destrucción y saqueo de Portobelo. Los defensores españoles se apresuran para guarnecerse en la fortaleza de San Felipe de Barajas, el último obstáculo que  se interpone entre la ciudad de Cartagena de Indias y las fuerzas del almirante Edward Vernon. Ahora San Felipe de Barajas, donde resisten tan solo 600 hombres bajo el mando de Lezo, está en el punto de mira de los cañones ingleses.

Vernon sin dejar de cañonear San Felipe desde sus navíos, ordena un desembarco en tierra para atacar la retaguardia de la fortaleza e iniciar el asalto. Pero para lograrlo antes debe atravesar una zona de selva que provocaría estragos en los ingleses; centenares de hombres caerían víctima de la malaria. Pese a todo, las tropas de Vernon llegarían a las puertas de San Felipe para iniciar su ataque con la infantería, que será lanzada a la estrecha rampa que da acceso a la fortaleza. Lezo rápidamente ordena a 300 hombres armados con armas blancas situarse en el estrecho paso para que se emplearan a fondo hasta repeler el ataque. El incidente deja 1500 bajas entre las fuerzas asaltantes. La malaria, las numerosas bajas derivadas del fallido asalto a San Felipe, y la dura resistencia de los defensores pasa factura a la moral inglesa mientras que el nerviosismo se va apoderando de un Vernon que ya había enviado la noticia de su victoria a Inglaterra. Tras una acalorada reunión con sus oficiales decide construir una serie de escalas que les permitiera superar los altos muros de San Felipe para así sorprender a los defensores de San Felipe la noche del 19 al 20 de abril de 1741.

Los casacas rojas junto con los granaderos y un grupo de macheteros jamaicanos avanzan lentamente debido al lastre que supone mover las piezas de artillería y al continuo fuego que cae sobre ellos desde lo alto de la fortaleza, el cual provocaría numerosas bajas cuando los ingleses atravesaran una zona descubierta que está justo antes de llegar a los altos muros de San Felipe. Los asaltantes, asombrados, comprueban que sus escalas resultan totalmente  inútiles, pues un previsor Lezo había ordenado cavar previamente un profundo foso en torno a los muros que provocaba que las escalas se quedaran cortas. Entre los ingleses, totalmente expuestos al fuego de los defensores, reina la confusión. Las bajas se iban multiplicando hasta que Lezo lanza a sus hombres en una rápida carga bayoneta en mano que resultaría en una despavorida y desordenada huida de las tropas inglesas. La masacre entre las filas invasoras dirigidas aquella noche y aquella mañana por el general Woork hace que el nuevo día amanezca mostrando un paisaje sembrado de cadáveres y heridos en torno a la fortaleza de San Felipe.

Edward Vernon ya es consciente de la imposibilidad de tomar San Felipe, y ordena la retirada hacia sus barcos que aún permanecerían cañoneando las defensas de Cartagena de Indias durante 30 días más, mostrándose incapaz de aceptar la derrota. La escasez de víveres, las enfermedades y la baja moral trajeron consigo la orden de retirada. Las últimas naves abandonaron la zona el 20 de mayo, y  la situación era tan crítica que algunos de estos navíos tuvieron que ser incendiados por los propios ingleses ante la falta de tripulantes. God damn you, Lezo !

               Para venir a Cartagena es necesario que el rey de Inglaterra construya otra escuadra mayor, porque ésta sólo ha quedado para conducir carbón de Irlanda a Londres, lo cual les hubiera sido mejor que emprender una conquista que no pueden conseguir. Blas de Lezo.

Algunos meses más tarde Blas de Lezo acabaría irónicamente siendo víctima de sus enemigos y moriría debido a una enfermedad derivada de los cuerpos ingleses insepultos que los combates habían dejado repartidos por toda la zona. Lamentablemente nadie sabe hoy en día donde fue enterrado.

El balance de este episodio es desolador: entre 8.000 y 10.000 muertos y más de 7.500 heridos entre las filas inglesas, entre ellos lo mejor de la oficialidad imperial británica. Las bajas entre los españoles se eleva a 800 muertos y 1.200 heridos. Sin embargo en Inglaterra se estuvo celebrando la “victoria” hasta que se supo lo que realmente ocurrió y el rey Jorge II prohibiera cualquier mención al capítulo acaecido en Cartagena de Indias. Aún así, y enterado de la muerte de Lezo, Vernon volvió con sus navíos a las inmediaciones de Cartagena de Indias pero sin decidirse a atacar. España pudo mantener su hegemonía atlántica comercial durante 70 años más.

Nada menos que 22 batallas y expediciones, decenas de barcos enemigos rendidos, Blas de Lezo, el mediohombre que nunca rehuía del combate, jamás se arrodilló ante nadie.

¡Que Dios os maldiga Blas de Lezo! (II)

Primera parte aquí

1714, segundo asedio a la ciudad de Barcelona. Blas de Lezo  cuenta ya con 25 años de edad y el navío que está bajo su mando, el Campanella de 70 cañones, se aproxima decididamente a las defensas británicas. Nuestro protagonista vuelve a resultar herido; esta vez es el disparo de un mosquete el que le inutiliza para el resto de su vida su brazo derecho. El cuadro del oficial de marina Blas de Lezo comienza a mostrar ya su perfil de Mediohombre: cojo, manco y además tuerto. Sea como sea, su más que lamentable estado físico no le supondrá ningún impedimento para continuar en activo. En 1715, al mando del Nuestra Señora de Begoña de 54 cañones, y junto a una gran flota, lograría reconquistar Mallorca, esta vez, sin necesidad de efectuar un solo cañonazo.

Con la finalización de la Guerra de Sucesión en España Blas de Lezo recibe el novedoso reto de limpiar la costa Pacífica del virreinato de Perú de los numerosos piratas y corsarios que se dedicaban a hostigar tanto puertos como rutas comerciales. La misión se completaría con notable éxito, pues generalmente los navíos piratas emprenderían la desesperada huida ante la presencia de los buques de guerra españoles y la fama que Lezo se había ganado durante los últimos años. Además, en aquella época, en 1725, se casaría en Lima con la abnegada y sufrida Josefa Pacheco, que deberá aguantar todas las incertidumbres y penalidades derivadas del ajetreado y peligroso trabajo de su esposo.

En 1730 Blas de Lezo da por concluido su periplo por las costas americanas y regresa nuevamente a España donde es nombrado jefe de la escuadra naval del Mediterráneo. Una de las más curiosas misiones que recibiría en esta nueva etapa mediterránea consistiría en personarse en la República de Génova al mando de seis navíos de guerra para reclamar el pago de 2 millones de pesos que por diferentes avatares esta república debía al Reino de España. Lezo llegaría al puerto genovés con la muy escasamente diplomática intención de cañonear desde sus buques la ciudad si no se efectuaba el pago dentro de un plazo que con anterioridad él mismo había designado. El pago se efectuó con rapidez y presteza, y Lezo, además, invitó a las autoridades genovesas a rendir homenaje a la bandera real de España, cosa que, como no podía ser de otro modo, hicieron muy gustosamente.

El marino predilecto de la Armada Española pronto tendría una nueva misión sobre la mesa que le llevaría a embarcarse en el navío Santiago para poner rumbo junto a otros 53 buques a la conquista de la ciudad otomana de Orán (en la actual Argelia). Blas de Lezo completaría con notable éxito esta misión, que finiquitaría en 1732. Pero poco tiempo después el pirata Bay Hassan logró reunir un buen número de tropas para sitiar la recién conquistada ciudad hasta que Lezo regresó al mando de 6 navíos y 5000 hombres, provocando la huida del pirata argelino tras una dura y reñida lucha. Lezo no dudó en salir en persecución de la nave capitana de Hassan, que se refugió dentro de la fuertemente fortificada y bien defendida bahía de Mostagán, donde le aguardaban 4000 hombres bien armados y dos fuertes perfectamente artillados. Sin embargo, el implacable perseguidor no se amedrantó por ello y penetró seguidamente en la bahía desafiando el constante cañoneo proveniente de los fuertes que caía sobre sus buques para finalmente lograr incendiar la nave capitana del pirata y arrasar por completo las fortificaciones. Después de acabar con todo lo que se le puso por delante permanecería vigilante evitando que los argelinos recibieran refuerzos desde Estambul, hasta que una epidemia derivada de la corrupción de los alimentos le obligó a poner rumbo a Cádiz.

El episodio de Orán le valió el ascenso a Teniente General de la Armada, para comenzar en 1735 labores dentro de la corte, donde permaneció durante un breve periodo ya que “tan maltrecho cuerpo no era una buena figura para permanecer entre tanto lujo”. Y es que el habitat natural de un hombre de acción de aquella época como Blas de Lezo se encontraba en las cubiertas de los navíos de guerra, por lo que no tardó en solicitar formalmente permiso al Rey para volver a embarcarse. Su petición fue aceptada y en 1737, con los navíos Fuerte y Conquistador, puso rumbo de nuevo a América donde ocuparía el puesto de comandante general del más importante puerto de ultramar: Cartagena de Indias.

¡Que Dios os maldiga Blas de Lezo! (I)

La curiosa medalla que podemos ver en la imagen fue acuñada en el s. XVII para conmemorar la toma por parte de los británicos en 1741 de Cartagena de Indias (en la actual Colombia), el que era en aquellos años el más importante puerto colonial del Reino de España en ultramar. La escena muestra al almirante de la Armada española, encargado de la defensa de la ciudad, arrodillado mientras hace entrega de su espada al victorioso almirante británico. En dicha medalla conmemorativa, además, podemos leer “The pride of Spain humbled by Ad. Vernon” – “El orgullo de España humillado por el almirante Vernon”. Se trataría, sin duda, de uno de los más brillantísimos y heroicos episodios militares, digno de ser conmemorado por una medalla como esta a fin de hacerlo perdurar en la memoria, y con un especial espacio reservado en las más gloriosas páginas de los libros de historia. A no ser que esta gran gesta militar jamás se hubiera producido…

Y es que los británicos Sir Francis Drake, Sir Henry Morgan, Horatio Nelson o Edward Vernon encuentran su contrapunto en figuras como Antonio Gutiérrez de Otero o el personaje que ocupará las siguientes líneas: el almirante de la Armada española Blas de Lezo, cuya historia permanece como un capítulo semioculto tal vez por la querencia anglosajona de no airear demasiado sus derrotas y desastres militares. Un ejemplo claro y representativo de estos silenciados episodios lo constituye el ataque británico dirigido contra Santa Cruz de Tenerife en 1797 comandado por, nada menos, el almirante Horatio Nelson, que perdió su brazo derecho en esta acción tras fracasar en tres diferentes ofensivas contra tropas en clara inferioridad numérica.

En el duro y complicado siglo XVIII la estampa que presentaba el guipuzcoano Blas de Lezo y Olavarrieta es digna de atención debido a las numerosas y variadas heridas sufridas a lo largo de su vida militar y los retales de su propia persona que fue dejando repartidos entre algunos de los escenarios bélicos en los que tomó parte; su pierna izquierda en Málaga, su ojo también izquierdo en Toulon, su brazo derecho en Barcelona… por ello era conocido popularmente como Mediohombre, siendo probablemente la figura que inspiró a Benito Pérez Galdós cuando creó a Marcial, uno de los personajes de su novela Trafalgar perteneciente a sus Episodios Nacionales.

Blas de Lezo nació en 1689, en Pasajes (Guipúzcoa), un pueblo dedicado enteramente a la mar, aumentando la nómina de excelentes marinos vascos que ha dado la historia como Juan Sebastián Elcano, Cosme Damián Churruca o Antonio de Oquendo. Siendo apenas un niño de tan solo 12 años de edad, se enrolaría como Guardiamarina (aspirante a oficial) en la armada francesa, aliada en aquella época de la España partidaria de Felipe V de Borbón el Animoso (¿el primer campechano?) en la Guerra de Sucesión (1701 – 1715), la cual estallaría con la muerte del raquítico, enfermizo, estéril, y justito de inteligencia Carlos II alias el Hechizado, el último monarca de la casa de los Habsburgo, y que había dejado el trono comprometido al no dejar descendencia alguna. La batalla más destacable de esta guerra se produce en Vélez – Málaga, en 1704, donde la escuadra francesa que había partido desde Tolón, se une a otras naves españolas para enfrentarse a la escuadra dirigida por el almirante Rooke, sangriento episodio en el que una bala de cañón destrozó la pierna izquierda de Blas de Lezo, la cual tuvo que ser finalmente amputada por debajo de la rodilla, sin ninguna clase de anestesia y, según las crónicas, sin ningún tipo de lamento por parte del joven Guardiamarina.

Este terrible percance no debió amilanar en absoluto al joven Blas de Lezo, pues no tardaría en volver a embarcarse para socorrer a las asediadas plazas de Peñíscola y Palermo, dirigir el posterior ataque al navío ingles de 70 cañones Resolution que resultó devastado por el fuego, o capturar otros dos navíos enemigos. Durante sus exitosas patrullas por el Mediterráneo logra apresar otro buen número de navíos ingleses logrando el permiso de llevar sus presas a su pueblo natal. En 1706 recibe instrucciones para poner en marcha su siguiente misión: el abastecimiento de los sitiados en Barcelona comandando una pequeña flota. Con tan solo 17 años de edad ya mostró su capacidad de estratega y su picardía, burlando constantemente el cerco inglés gracias a las densas nubes de humo  que provocaban los montones de paja ardiendo que dejaba flotando sobres las aguas y que le permitían ocultarse, o las cargas incendiarias que disparaban sus cañones capaces de neutralizar los navíos británicos. Poco tiempo después entraría en combate, esta vez en tierra firme, en la fortaleza de Santa Catalina de Tolón (no lejos de Marsella), en un enfrentamiento frente a las tropas del príncipe Eugenio de Saboya, y donde tras un cañonazo contra la fortificación una esquirla acabaría por alojarse en su ojo izquierdo reventándolo en acto.

La recuperación de Blas de Lezo sería rápida y pronto, en 1707, será destinado al puerto de Rochefort ascendido ya a Teniente de Guardacostas. En 1710 lograría un record al lograr rendir una decena de buques enemigos, el menor de ellos de 20 piezas de artillería, destacando el combate contra el poderoso Stanhope comandado por John Combs que contaba con una fuerza que triplicaba la del nuevo Teniente de Guardacostas. Debido a su inferioridad de potencia de fuego, Blas de Lezo trató de evitar cañoneo y optó por lanzar un rápido abordaje, una lucha cuerpo a cuerpo, que provocó el pánico y la rendición de los británicos. Acciones como esta, en la que nuevamente resultó herido, culminaron con su ascenso a Capitán de Fragata.

Segunda parte aquí.

Juan Carlos I de Borbón. Sus gestas cinegéticas.

Carlos III retratado por Goya

La partida de dominó, jugar a la petanca, la numismática, la observación de las obras de la calle, la colombofilia… etc, pueden ser aficiones comunes a todo hombre de avanzada edad, pero no son en absoluto actividades que satisfagan el espíritu indómito, impetuoso y aventurero del personaje al que dedicaremos las siguientes líneas: nada menos que Juan Carlos I de Borbón, el primero de los españoles. La sangre azul de nuestro personaje siempre ha mostrado una clara tendencia hacia la caza, pero no hacia la caza de butardas bermejas o moteadas, ni de asustadizos pertiguillos o picamochas. No. La caza que practica el Borbón es la de verdaderos animales y alimañas fieras y salvajes: leopardos, búfalos, osos, elefantes, lobos…  Sus precoces inicios a los que los biógrafos de Juan Carlos I se refieren con orgullo, señalan su primera pieza cobrada en El Pardo, una escurridiza liebre, y en 1949, con tan solo 11 años de edad, su primer jabalí. Ya su antepasado Carlos III destacó en la muy noble caza de buitres, y por fortuna y para nuestra solaz y disfrute fue magistralmente retratado por Francisco de Goya en sus actividades cinegéticas, llamando la atención en la magnífica pintura tanto el porte regio y gallardo del cazador como su mirada franca, inteligente, bondadosa e incluso ya campechana.

La sangre azul confiere al que la porta un status muy superior al del resto de los mortales. De algún modo se trata de seres tocados por las divinidades y su especial idiosincrasia va pasando de generación en generación sin sufrir permuta . Esto que resulta complicado de explicar y entender resulta verdaderamente cierto desde los siglos de los siglos. Y su superior condición no solo se refleja sobre el resto de los hombres, no, sino que lo hace también sobre todo bicho viviente que pise la Tierra, incluso si se encuentra protegido por normativas internacionales, o si se halla en peligro de extinción. La sangre azul está por encima de estos engorrosos detalles y no entiende de estas cosas.

Rumanía, región de Covasna, muy próxima a los Cárpatos. El Borbón llega escoltado por numerosos coches de la policía rumana y es recibido por los lugareños con sus trajes regionales, ofreciendo una calurosa bienvenida al monarca con pan, un puñado de sal y un trago de palinca, el popular aguardiente de la región elaborado a base de ciruelas. Pero como el Borbón no se había desplazado a Rumania precisamente por cuestiones folklóricas, pronto sube a bordo de un 4 X 4 que le aproxima al lugar donde se va a celebrar la magna cacería, alojándose junto a las 15 personas de la comitiva en una cabaña que el dictador Ceaucescu poseía en la región. La cacería resulta todo un éxito; el monarca acaba con nueve osos y un lobo, especies protegidas por convenios internacionales.

Mazuria, Polonia. Sin duda un lugar privilegiado por sus bosques y lagos, y un destino preferencial para el Borbón y no por su belleza paisajística, sino por la presencia en el lugar del  llamado “rey de la pradera”. Mazuria es una importante reserva donde habitan los últimos ejemplares de bisonte europeo, protegidos y mimados para ser dignamente puestos a disposición de los de la sangre azul. 7.000 euros es su precio aproximado, ofreciendo el derecho a la propiedad tanto de la cabeza como de la piel del animal. El Borbón hace gala de su valentía y pericia, y tan sólo son necesarios dos disparos para cobrarse la pieza, un éxito. Nada podía salir mal, y es que Krzysztof Wyrobek, el supervisor de la reserva de Puszcza Borecka aseguró haber guardado para el Borbón “un bisonte de primera”, “lo he escogido especialmente pensando en un invitado tan excepcional”. Además los guardabosques del parque aún recuerdan la simpatía y amabilidad del monarca en aquella regia e inolvidable visita, y es que nuestro Borbón siempre ha sido un hombre campechano.

Y valgan las siguientes líneas como homenaje a Mitrofán, oso pardo ruso, de cuatro años de edad y 120 kilos de peso. Animal manso y acostumbrado a la presencia humana, tanto que los lugareños de la aldea de Novolenskoye lo definían como alegre y tranquilo, y que “hasta los niños se acercaban para darle de comer con la mano”, y cuya fama saltó a nivel internacional superando la del mismísimo oso Yogui gracias a la mediación de Juan Carlos I de España el Campechano, el cual abatió al animal, en esta ocasión, de un solo disparo. Esta vez, los organizadores buscaron el modo de asegurar al 100 % el éxito de la cacería, siendo Mitrofán la mejor opción para dejar satisfecho al monarca cazador. Además al animal se le suministró, seguramente por sus cualidades tónicas y relajantes, un elixir a base de vodka y miel, en cantidad calculada cuidadosamente  “en correspondencia con el peso del oso” según Serguei Starostin, cazador y jefe de guardabosques. Sea como sea, resulta del todo improbable que El Campechano, cuya fama de experto cazador rebasa toda frontera, precise de fieras borrachas para acertar con el tiro. Aún así, hubo algún periódico ruso que se refirió al episodio calificándolo de “pasatiempo feudal”.

El fatal percance sufrido recientemente por el Borbón en su viaje a Botsuana para cazar un elefante, y que resulto con la fatal rotura de la regia cadera, no representa, ni mucho menos, su primer contacto con la inhóspita y salvaje África. El monarca ya había visitado Zimbabue, participando en un safari y alojándose en el muy exclusivo Pamushana Lodge, a unos 4.500 euros la noche, y apareciendo acompañado de “varios empresarios, entre ellos una mujer”, para cazar un elefante y un leopardo nuevamente con notable éxito.

Ahora, aunque nuestro monarca se halla convaleciente atravesando duros momentos, con toda certeza su impetuoso espíritu cazador no se va a ver templado o aplacado por sus actuales dolencias y quebraderos de cabeza provocados por las actividades de su yerno el balonmanista, y más temprano que tarde volverá a protagonizar nuevas gestas como las descritas o incluso de mayor rango, no siendo de extrañar que pronto apareciera capitaneando un navío ballenero para llevar a cabo y con sobresaliente éxito la captura de algún cachalote o de alguna ballena azul para admiración de todos sus súbditos. La vida del Borbón, es pues, la dedicada al amor a los animales, tal y como demuestra su presidencia de honor de la ecologista ONG WWF (World Wildlife Fund), lo cual no debería extrañar nadie, ¿Acaso no es España país donde el 100% de los toreros se declaran amantes de los toros?. Además, y como gran colofón, mencionar al nieto de nuestro campechano monarca, Froilán, el cual, pese a contar con tan solo 13 años, ya cuenta con un muy precoz contacto con las armas que, aunque por el momento, se haya traducido en un disparo en su propio pie, a buen seguro que no le impedirá seguir los ejemplares pasos de su abuelo.

Torres Quevedo, El Leonardo del s.XIX-XX (II)

Pimera parte aquí

Torres Quevedo retratado por Sorolla en 1917

Increíble resulta su Telekino, presentado en la Academia de Ciencias de París, y que consiste en un autómata capaz de ejecutar órdenes transmitidas por telegrafía sin hilos, siendo este el primer aparato de radiodirección del mundo en, nada menos, que 1903. Se trata pues, del primer mando a distancia de la historia. Poco tiempo después, en 1906, Torres Quevedo, y en presencia del Rey Alfonso XIII y un gran gentío, realizó una prueba práctica del Telekino en el puerto de Bilbao, guiando por control remoto una pequeña embarcación desde la orilla y provocando el más absoluto asombro entre la perpleja multitud que allí se congregaba. Este principio del control remoto se trató de aplicar sobre proyectiles y torpedos, pero el proyecto se abandonó por la falta de apoyos financieros. Estamos en un periodo anterior a la Primera Guerra Mundial y Torres Quevedo ya tenía en la mano el precedente de lo que muchos años después serían los misiles crucero.

El campo matemático sería también de su interés, desarrollando máquinas analógicas de cálculo, que a diferencia de las actuales calculadoras que funcionan con procesadores, funcionaban únicamente con elementos mecánicos, creaciones que terminarían por abrirle las puertas de la creación de máquinas autómatas a las que hoy en día llamaríamos robots. Existía ya el precedente de la legendaria máquina del barón Kempelen, un noble húngaro que en 1769 construyo un autómata que jugaba al ajedrez y que recibía el nombre de El Turco. El Turco consistía en una cabina de madera y en un maniquí vestido con túnica y turbante. La cabina contaba con unas puertas que una vez abiertas mostraban un mecanismo de relojería que cuando se activaba era capaz de jugar al ajedrez con gran maestría ganando la mayoría de las partidas. Pero El Turco resultó ser una farsa, una estafa, ya que la cabina era una tan sólo una ilusión óptica bien diseñada que permitía ocultar en su interior a un maestro jugador de ajedrez que operaba sobre el maniquí.

El Turco de Kempelen

Pero, ¿se puede realmente construir un autómata con capacidad de mover manualmente las piezas de ajedrez y que además gane la partida a un jugador experimentado? El reto estaba en la inquieta mente de Torres Quevedo, que logró materializar con su autómata llamado El Ajedrecista, presentado en París en 1914, provocando toda una revolución y un gran impacto a nivel mundial. El Ajedrecista resolvía el final de una partida de tres piezas: el rey y la torre blanca manejados por la máquina contra el rey negro que manejaba un humano.  El Autómata de Torres Quevedo se basaba en unos algoritmos para lograr siempre el jaque mate. Esta creación se convierte en una primera computadora capaz de procesar información para actuar en consecuencia. En 1920 un hijo de Leonardo, Gonzalo, construye un segundo autómata jugador que logra el movimiento de las piezas mediante imanes situados bajo el tablero de juego, ideando un ingenio de naturaleza electromecánica lo que le convierte en un claro antecedente de la inteligencia artificial. Tras el rotundo éxito de El Ajedrecista, Torres Quevedo dedica gran parte de su tiempo en redactar numerosos ensayos sobre automática, adelantándose varias décadas a las primeras investigaciones y estudios estadounidenses, ingleses o alemanes sobre la analogía mente – máquina.

A finales del siglo XIX el ejército español mostró interés en el desarrollo de globos aerostáticos, y se intenta dar un paso adelante para convertirlos en aparatos voladores dirigibles, con algún mecanismo que les permitiera navegar incluso en contra de la dirección del viento. En 1902 Torres Quevedo presentó tanto en Madrid como en París el proyecto de un nuevo tipo de globo dirigible revolucionario. La barquilla del aparato contaba con un sistema de suspensión que eliminaba todos los problemas que hasta la fecha se habían presentado. Como no podía ser de otro modo, Leonardo construye en 1905 el primer dirigible español, bajo el nombre de El España. El novedoso aparato rápidamente llama la atención de una empresa francesa llamada Astra, que se apresura en comprar la patente para en 1911 iniciar la fabricación de los dirigibles conocidos como Astra- Torres, adquiridos también por los ejércitos franceses e ingleses con la finalidad de ser empleados en diversas tareas durante la Primera Guerra Mundial. El trabajo dentro del campo de las naves dirigibles no acaba aquí, y tras la guerra, en 1918, Torres Quevedo pretende construir un dirigible transatlántico capaz de atravesar el océano Atlántico llevando pasajeros, El Hispania. El monumental proyecto fracasó, como no podía ser de otra manera, por problemas de financiación.

A partir de 1887, justo después de terminar sus estudios de ingeniería, Torres Quevedo centraría su atención en todo tipo de transbordadores, funiculares y teleféricos. En su propia casa de Santander construye su primer transbordador, que tenía un recorrido de unos 200 metros y superaba unos 40 metros de desnivel y cuyo funcionamiento se basaba sencillamente en tracción mecánica. La barquilla de su artilugio era una simple silla donde podía transportar diferentes objetos siempre y cuando no fuesen de gran tamaño. Poco tiempo después construiría el transbordador del río León, mucho más desarrollado e impulsado a motor, y empleado para el transporte de materiales. Parece que Leonardo no se dio por satisfecho con todo esto, y en 1890 presenta sin éxito su transbordador en Suiza, país muy interesado en este tipo de ingenios debido a su complicada orografía. Unos años después, en 1907, construye el primer transbordador apto para el transporte de pasajeros, y no duda en presentar sus prototipos en diferentes países hasta que es aceptado uno de ellos, en Canadá, transbordador que finalmente será ubicado en el río Niágara, junto a las famosas cataratas, inaugurado el 15 de febrero de 1916 y actualmente, casi 100 años después, en perfecto funcionamiento.

Leonardo Torres Quevedo, además de su desmesurado interés hacía todo lo que fuese ciencia o tecnología, tuvo sus inclinaciones humanistas tal y como demuestra su interés hacia el idioma internacional esperanto, creado en 1887 por el oftalmólogo polaco de origen judío Lázaro Zamenhof, tras toda una década de trabajo y presentado en un escrito firmado bajo el seudónimo de Dr. Esperanto (el Esperanzado). Hay que señalar que el movimiento relacionado con el idioma esperanto tuvo su momento de mayor esplendor y máximo desarrollo durante la II República (1931 – 1939) alcanzando un notable número de hablantes en España. Torres Quevedo nunca se mantuvo al margen de corrientes científicas y culturales, Torres Quevedo era universal  y sus relaciones con científicos e inventores extranjeros eran constantes, manteniéndose siempre al tanto de todos los avances que se llevaban a cabo más allá de las fronteras españolas.

El Ajedrecista

Su interés por los temas lingüísticos le llevaron a inventar un sistema de símbolos universal para describir toda clase de máquinas, representando de este modo sus componentes y sus relaciones, una especie de esperanto mecánico, que a tal efecto fue propuesto a todas las naciones. Torres Quevedo también estuvo presente en diferentes iniciativas que tenían como fin la sistematización de la nomenclatura científica dentro del idioma español, e incluso puso en marcha el proyecto de la publicación de un diccionario tecnológico en lengua castellana que defendió como socio de la Real Academia Española de la Lengua desde 1920, e influyendo de manera decisiva para la creación de una Junta Nacional de Bibliografía y Tecnología Científica cuya presidencia llegó a ostentar para finalmente publicar dos volúmenes de un Diccionario Tecnológico Hispano – Americano que por desgracia no pudo ser completado hasta 1983. Años antes, en 1918,  rechazó el cargo de ministro de fomento.

Leonardo Torres Quevedo, el Leonardo español a caballo entre el siglo XIX y el XX , su muerte acaecida en Madrid en diciembre de 1936, a punto de cumplir los 84 años de edad, pasó desapercibida debido al foco de atención que significaba la Guerra Civil, cuyo estallido se había producido poco tiempo atrás. Se trata, sin duda, de una de las mentes más prodigiosas e iluminadas que ha dado España, con un campo de inquietudes que se presume inabarcable. Su reconocimiento queda patente con los premios y nombramientos que logró: Honoris Causa por la Universidad de La Sorbona y por la Universidad de Coimbra, el nombramiento en 1910 como presidente de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales o su ingreso en la Real Academia de la Lengua en 1920. Sus innumerables prodigios, inventos y artilugios constituyen un valioso legado para el mundo de la ciencia y la tecnología y le sitúan entre los más grandes creadores que ha dado el mundo, aunque su genialidad fuera a menudo incomprendida por una clase política mediocre, incapaz de ver los campos y posibilidades que se abrían ante ellos. Torres Quevedo representa un claro ejemplo de la riqueza que puede aportar el desarrollo científico y tecnológico en una Europa en la que cada vez resulta más complicado elaborar cualquier tipo de producto debido a la mano de obra barata que ofrecen otros continentes, en un mundo donde imperan las leyes de mercado por encima de todo, y donde el futuro ante esta situación se encuentra en la producción de ideas que permitan desarrollar una nueva sociedad o economía del conocimiento. El maltrato y el ahorro en recursos para posibilitar el trabajo de aquellos que se dedican a la investigación o a la ciencia supone una hipoteca de futuro y un suicidio que terminaremos por pagar a medio o largo plazo.

Torres Quevedo, El Leonardo del s.XIX-XX (I)

Leonardo Torres Quevedo

Con sus 52 metros de caída, su gran amplitud y su belleza, las cataratas del Niágara es uno de los principales centros turísticos en los Estados Unidos. El inigualable espectáculo natural puede ser contemplado desde diferentes plataformas y torres de observación, podemos adentrarnos en una embarcación para situarnos bajo las mismísimas cataratas, o bien podemos pasar del lado estadounidense al lado canadiense en el Spanish Aerocar. ¿El Spanish Aerocar?

Sí. Se trata de un teleférico o aero-transbordador que permite transportar pasajeros desde un lado a otro del río Niágara desde 1916 sin haber sufrido nunca ningún percance. Junto al ingenio se encuentra una placa que muestra una pincelada de lo que fue su genial creador:

    – NIAGARA SPANISH AERO CAR

    Leonardo Torres Quevedo (1852 – 1936) was an ingenious Spanish engineer. Among his creations were algebraic machines, remote control devices, dirigibles and the world’s first computer.
The Niagara Spanish Aero Car was designed by Leonardo Torres Quevedo and represented a new type of aerial cable way that he called “transbordador”. Officially opened on August 8, 1916, it is the only one of its kind in existence.

-The Niagara Parks Commission 1991

    – AEROCAR ESPAÑOL DEL NIÁGARA

    Leonardo Torres Quevedo (1852 – 1936) fue un ingenioso ingeniero español. Entre sus creaciones destacan máquinas algebraicas, mandos a distancia, dirigibles y la primera computadora del mundo. El coche aéreo español del Niágara, fue diseñado por Leonardo Torres Quevedo y representa un nuevo tipo transporte por cable aéreo, que llamó “Transbordador”. Se inauguró oficialmente el 8 de agosto de 1916, siendo el único de su tipo en existencia.

-La Comisión de Parques del Niágara 1991

Leonardo Torres Quevedo fue un ingeniero de caminos, inventor y matemático español de origen cántabro, pionero y precursor de la cibernética, la automática y la informática, siendo un notable ejemplo de dedicación a labores científicas, culturales y de estudio en España. Se trata, muy probablemente, del ingeniero español más universal y conocido más allá de nuestras fronteras gracias a sus creaciones que generalmente se convertían en patentes internacionales. Su carrera se inicia realizando estudios en la Escuela Oficial del Cuerpo de Ingenieros de Caminos de Madrid, para, una vez finalizados, comenzar  a trabajar en la empresa de ferrocarriles en la que trabajaba su padre, autor del proyecto de la línea Bilbao – Irún (Ferrocarril de Isabel II). Poco tiempo después sus inquietudes le llevarían a emprender un viaje por toda Europa en el que conocería de primera mano los avances científicos y técnicos de la época, especialmente los relacionados con el campo de la electricidad. A su regreso a España se instala en la ciudad de Santander donde iniciará una frenética actividad de estudio e investigación, sufragando él mismo sus trabajos que en un principio, 1887, se centrarán en diferentes transbordadores que presentaría en 1890 en Suiza con escaso éxito, ya que no logró que fueran aceptados.

En la España de mediados del XIX se vivía una importante crisis financiera que se extendería tanto al campo (sequía y malas cosechas que desembocarían en carestía y hambre entre la población), como a la industria, (principalmente en la industria textil catalana, que se vería afectada por el aumento de precio del algodón importado desde Estados Unidos) a la que se uniría una profunda crisis política con un gobierno acusado de corrupción y despotismo, incapaz de solucionar los problemas que afectaban a España. Todas estas circunstancias desembocarían en una revolución que culminaría en 1868 con el fin del reinado de Isabel II.

Este periodo, conocido como el sexenio democrático o revolucionario, 1868 – 1874, se traduciría en una esperanza, en un ímpetu renovador que trataría de democratizar la vida política y modernizar la economía para situar a España dentro de los nuevos aires que recorrían la Europa de aquellos años. Se convocarían elecciones por sufragio universal masculino, y la victoria de la coalición de progresistas, demócratas y unionistas daría luz verde a la Constitución de 1869, la más democrática de todas las promulgadas hasta ahora, que adelantaría en varias décadas a otros países europeos en cuanto a los logros políticos y sociales alcanzados. Los derechos individuales de los ciudadanos, su derecho a la participación política, la libertad de culto religioso o el derecho de reunión y asociación son algunas de sus características más destacables. Además se proclama la soberanía nacional, cuya forma de gobierno es la monarquía parlamentaria: el monarca reina, pero no gobierna.

Bajo este panorama asistimos en España a un desarrollo tanto de la ciencia como de la tecnología, apareciendo en escena figuras tan destacadas y excepcionales como Isaac Peral, Santiago Ramón y Cajal, el propio Leonardo Torres Quevedo y algunos años más tarde Juan de la Cierva. Sin embargo, este favorable clima pronto se vería truncado con la restauración borbónica y la vuelta a los modelos anteriores, encontrando la comunidad científica y tecnológica una falta casi total de medios y ayudas, para, además, tropezar con la continua incomprensión de los gobernantes de turno, problemática, por otro lado, muy similar a la padecida actualmente por aquellos que se dedican a la investigación y el desarrollo científico.

Sin embargo, y pese a todo, Leonardo Torres Quevedo ha sido un verdadero genio exitoso en la práctica, una especie de Edison a la española, cuyos logros siguen en plena vigencia, como el Spanish Aerocar, o que han servido de inspiración para otros creadores. El genio de Torres Quevedo tocó gran parte de los campos del conocimiento, aunque, y a pesar de sus grandes méritos y los innumerables premios y reconocimientos internacionales, resulta ser relativamente desconocido, y muchos de sus inventos los tuvo que desarrollar fuera de España al no ser comprendido en su propio país.

Dirigibles, naves voladoras capaces de ser dirigidas en pleno vuelo, transbordadores, sistemas de radiocontrol, máquinas analógicas de cálculo o autómatas capaces de jugar al ajedrez representan algunas de las áreas tocadas por el genio que nos ocupa. Torres Quevedo se caracteriza por ser mucho más que un simple teórico que se quedaba con la elaboración de unos principios novedosos, ya que siempre llevaba su obra hasta el final, hasta el diseño y la creación material de sus prodigiosas máquinas y artilugios, llegando hasta el último y más insignificante de sus elementos o componentes, que finalmente lograba presentar, generalmente en el extranjero, con gran éxito y para admiración de todos.

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Baltasar Garzón: cazado.

Felicidades.  Enhorabuena, al fin lo han logrado.  Aunque el precio de su victoria sea el de trabar y complicar la de ya de por sí tortuosa tarea de investigar todo lo relacionado con la corrupción y el fango que la rodea, y el dejar abiertas áreas de impunidad. Enhorabuena de todos modos.

Baltasar Garzón Real es, o era, un magistrado español asesor del Tribunal Penal Internacional de la Haya y honoris causa de innumerables universidades repartidas por todo el mundo.  Pero ante todo, Baltasar Garzón es un impetuoso carácter, a menudo vehemente, incansable trabajador, idealista y además en persecución continua de esos mismos ideales. Destacables sus operaciones contra el narcotráfico a principios de los años 90 o sus investigaciones en relación a las actividades de terrorismo de estado o de “guerra sucia” contra la banda terrorista de ETA con el llamado caso GAL, notable escándalo que se convertiría en uno de los factores que hundirían al Partido Socialista de Felipe González en las elecciones de 1996. Curiosamente Garzón participó de la política tiempo atrás, en 1993, formando parte de las listas del Partido Socialista, llegando a ser elegido diputado, pero abandonando el cargo muy poco tiempo después, en 1994.

Su actividad no se ha limitado al ámbito nacional, Garzón saltó a la fama internacional cuando logró amargar los últimos años del malnacido  Augusto Pinochet, acusando al anciano criminal de tortura, desaparición de ciudadanos españoles y de crímenes contra la humanidad. En 2001 además, tuvo la osadía de investigar las cuentas en el extranjero del banco más grande de España, el BBVA, pos supuestas actividades de lavado de dinero, y en 2003 lanzó duras críticas contra los Estados Unidos por la detención de sospechosos de Al Qaeda en Guantánamo.

El anterior y breve resumen de la actividad de Baltasar Garzón culmina con una causa  imperdonable para la España del cortijo: la relacionada contra los crímenes del periodo franquista que Garzón puso en marcha en 2008, elaborando un censo de fusilados, desaparecidos y enterrados en fosas comunes durante los años de la dictadura en España. No tardaron en pararle en seco los pies, e incluso el Tribunal Supremo admitió una querella contra el juez de grupos ultraderechistas como Manos Limpias y Falange Española de las JONS. Episodio para echarse a reír si no fuera porque todo esto es cierto, y que pone en entredicho la tan cacareada transición democrática al menos en el campo judicial. Además, recientemente la ONU ha indicado que España debe anular su ley de amnistía de 1977 ya que incumple con la normativa internacional en Derechos Humanos  para, este modo, comenzar con las investigaciones en relación a los crímenes franquistas.  Y finalmente, la gota que colma el vaso; la apertura de las investigaciones contra una de las mayores tramas de corrupción de los últimos años, con sus principales centros de operaciones en Madrid, Valencia y la Costa del Sol: la Gürtel, que cuenta actualmente con 71 imputados relacionados con el Partido Popular de Rajoy.

Las fosas del franquismo

 

Ahora todos esos enemigos que Garzón ha ido coleccionando durante su carrera se toman cumplida venganza. La persecución y ajuste de cuentas contra el juez ha culminado con su inhabilitación, con la eliminación de tan molesto personaje dentro del panorama judicial. Las movilizaciones en contra de Garzón comenzaron precisa y casualmente cuando éste inició las investigaciones relacionadas con la trama Gürtel, asunto incómodo que salpica a un gran número de responsables políticos. Acrobáticamente quien puso en marcha la investigación de esta gran trama corrupta se convierte en su primer condenado. Hoy España es más negra, el oscurantismo propio de tiempos pasados parece cobrar fuerza nuevamente para imponerse a todo aquel que intente traer un poco de luz. La justicia heredera de aquellos tiempos muestra nuevamente sus vergüenzas sin el menor pudor. Aviso para todos aquellos que se salgan del guión preestablecido. Felicidades, corruptos y sinvergüenzas, disfruten de su momento. Franquistas y fascistas disfrazados de demócratas, enhorabuena por la caza. Garzón, por el momento, ha sido aniquilado. Por el momento…