Archivos mensuales: noviembre 2012

El Dorado: la expedición de Saura

El Dorado

País: España

Año: 1988

Duración: 149 minutos

Director: Carlos Saura

Reparto: Omero Antonutti, Inés Sastre, Lambert Wilson, José Sancho, Francisco Algora, Eusebio Poncela, Gabriela Roel, Feodor Atkine.

 

La leyenda, el mito, habla de una ciudad pavimentada y construida a base de oro. Habla del oro que que empleaba el rey que la gobernaba para cubrirse de pies a cabeza, habla de ceremonias rituales en las que el más preciado de los metales era arrojado a un lago… En Colombia, o tal vez en Venezuela. Hay quien sitúa esta ciudad en Brasil o en Perú, aunque bien podría ser que se hallara localizada en Ecuador. O en Bolivia…

El Dorado, motivo y objeto de grandes expediciones emprendidas a lo largo del s. XVI por unos buscavidas capaces de jugárselo todo a una carta para alcanzar la gloria y sobretodo la fortuna. Contra un océano selvático desconocido e impenetrable. Contra el clima y la humedad que pudre la madera de las embarcaciones. Contra sus propias ambiciones, traiciones y sed de gloria y poder. Contra toda lógica y probabilidad. Por nuestro rey  y señor Felipe II, Carlos I, Isabel la Católica…

A su busca se lanzaron Don Ángel Guerra, Francisco de Orellana, Sebastián de Belalcázar e incluso Francisco Pizarro con poco o nulo éxito y las más de las veces con mucho desastre y abundante penalidad.

En 1988 el realizador Carlos Saura se embarca en el más ambicioso y caro proyecto cinematográfico emprendido hasta la fecha en España para rubricar El Dorado, película nominada para 9 premios Goya y que no logró hacerse con ninguno de ellos. Esta superproducción nos lleva a 1560, al Perú, punto de partida de una de las más sonadas expediciones en busca de la ciudad del oro comandada por el navarro Pedro de Ursúa pero que terminaría protagonizando Lope de Aguirre El Loco o también El Peregrino tal y como gustaba denominarse y que ya contó con su protagonismo cinematográfico en 1972 con la psicotrópica y beoda Aguirre, la cólera de Dios de Werner Herzog, protagonizada por un Klaus Kinski de demente y perturbada mirada y etílicos diálogos que sirvió de inspiración al mismísimo Coppola para filmar en 1970 Apocalypse Now.

Klaus Kinski

La expedición de Ursúa se prolongaría durante algo más de un año navegando por el río Marañón, el Amazonas y el Orinoco a bordo de dos bergantines, un par de barcazas y algunas balsas y canoas. Tal vez Andrés Hurtado de Mendoza, Virrey del Perú, pensara que organizando dicha expedición, y bajo el irresistible reclamo del oro, terminarían por acudir aquellos conflictivos militares que recientemente habían protagonizado ciertas “alteraciones del orden vigente” y que de este modo estarían ocupados durante una temporada alejados y dentro de una empresa de búsqueda incierta con unos resultados presumiblemente calamitosos. 300 españoles, algunos esclavos negros y un montón de sirvientes indios se lanzaron a tan insensata aventura.

Bajo una atmosfera de tedio, navegando por un río que se antoja interminable, bajo un paisaje invariable que permanece inmutable durante días, semanas y meses pronto aparecerán las conjuras y traiciones. El asesinato, el engaño, las intrigas y las venganzas. Los que apoyan a un capitán y los que apoyan al otro, los que desean regresar al Perú y los que aún creen en la empresa que se traen entre manos. Y en medio de esta merienda una curiosa invitada, la amante mestiza del jefe de la expedición Pedro de Ursúa, Doña Inés de Atienza.

Lo cierto es que la falta de escrúpulos, la crueldad y una curiosa habilidad a la hora de sesgar gaznates y cuellos a la hora de la siesta terminarían por encumbrar a Lope de Aguirre al mando de la expedición, para, ya dentro de una espiral de locura y enajenación, llevar a cabo la primera declaración de independencia en América, proclamándose señor de los nuevos territorios descubiertos, renegando de la corona a la que hasta la fecha había estado sirviendo, y escribiendo una serie de cartas humillantes dirigidas al rey Felipe II en las que no faltaban los insultos y en las que declaraba la guerra al poderoso Imperio Español de aquellos años.

 

El film de Saura que recoge la historia de estos aventureros, conocidos como Los Marañones, supuso en su día un sonoro fracaso tanto de crítica como de taquilla. Las expectativas generadas no se llegaron a concretar pese a contar con medios y presupuestos para llevar a cabo una superproducción digna de Hollywood. Aún así el film tiene sus luces: una buena ambientación de la época, una atmósfera convincente y unos actores que se desempeñan a un nivel aceptable a excepción de una jovencísima Inés Sastre que interpreta a la hija de Aguirre. Incluso el planteamiento inicial resulta atractivo y prometedor, aunque parece ir diluyéndose poco a poco a medida que transcurre un, posiblemente, excesivo metraje (149 minutos). El ritmo parece decaer a partir de la primera hora y el guion no logra atrapar plenamente al espectador. Pero la película se deja ver e invita a cierto ejercicio de reflexión en relación a aquellas empresas llevadas a cabo en un Nuevo Mundo aún virgen y desconocido, unos medios que se correspondían con la época y con los que se hacía frente a todo tipo de penalidades y penurias en pos de una gloria y fortuna que a menudo resultaba esquiva y que acostumbraba a convertirse en fracaso, desastre y muerte.

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14-11-2012 Huelga General. Respira.

Ali vs Frazier. No hay perdón

¿Para qué nos vamos a llevar bien si nos podemos llevar mal? Muhammad Ali y Joe Frazier. O Joe Frazier y Muhammad Ali. Dos caras de una misma moneda. La historia de estos dos gigantes de los cuadriláteros y su relación personal fue más allá de lo deportivo en una década, la de los 70, marcada por el tema racial resultante de aquellos movimientos en defensa de los derechos civiles de los afroamericanos que poco antes habían encabezado Malcon X o Luther King.  Es la rebelión contra el llamado apartheid estadounidense, los más desfavorecidos parecen dispuestos a luchar contra la injusticia y las desigualdades. Inimaginable en aquellos años 70 que un negro pudiera siquiera aspirar a habitar la Casa Blanca. Al mismo tiempo bullían movimientos pacifistas por doquier como consecuencia del conflicto que se desarrollaba en Vietnam.

Los elogios que recibió tras proclamarse campeón del mundo frente a Sonny Liston se convirtieron en abucheos por parte del hombre blanco cuando cambió su nombre de “esclavo” Cassius Clay por el de Muhammad Ali y se declaró Musulmán Negro. En los años 60 los negros se  unen para decir basta, y Ali, de la mano de Malcon X, tomaría conciencia para convertirse en un referente dentro de esta lucha. “No tengo que ser lo que ustedes quieren que sea”.

Ali y Malcon X

La negativa de Ali a participar en la guerra de Vietnam en 1966 acabaría con la pérdida de su licencia para boxear y con la retirada de su título de campeón del mundo que tras permanecer vacante durante un breve periodo de tiempo pasaría a manos de un Joe Frazier que no sería considerado por muchos el verdadero campeón hasta que no derrotara a Ali. Alí era ya un referente indiscutible para todos los afroamericanos y para los movimientos pacifistas que comenzaban a ocupar su espacio dentro del tablero de juego que se estaba perfilando a finales de los 60.

“No, no iré”. “No tengo nada contra el Vietcong. Ellos nunca me llamaron negro”

El esperado combate entre Ali y Frazier se disputaría finalmente en Nueva York, en 1971. Ali se encargo de menospreciar a su rival acusándole de ser un hombre al servicio de los blancos, es decir, de ser un Tío Tom. El calificativo de Tío Tom es uno de las mayores ofensas que cualquier hombre negro puede recibir, e injusto en el caso de Frazier debido a sus humildes orígenes en Carolina del Sur. Alí empleó este argumento basándose en el apoyo financiero que su rival recibía por parte de un grupo de empresarios blancos. El esperado combate acabaría con la victoria del poderoso Frazier, boxeador directo que no para de lanzar sus golpes mientras persigue a su oponente sin dejarle un momento de respiro.  Muhammad Ali, estilista, increíblemente rápido y tremendamente hábil, había sufrido su primera derrota como profesional, acrecentando así su rivalidad hacia el púgil de Carolina del Sur afincado en Philadelphia.

Se celebraría la revancha en 1974, nuevamente en Nueva York, con victoria de Ali a los puntos, pero teniendo que esperar unos meses más para poder recuperar un título mundial que estaba en manos de un jovencísimo George Foreman que anteriormente había derrotado muy claramente a Frazier. El enfrentamiento contra Foreman se llevó a cabo en Kinshasa, capital del Zaire del dictador Mobutu, acabando con la increíble victoria de Ali en el que es uno de los mejores combates de boxeo de la historia. Pronto, un año después, Frazier volverá a cruzarse en el camino de Ali como aspirante al título, esta vez en Manila, Filipinas (los grandes combates se celebran allá donde las grandes dictaduras los necesiten)

El miedo que el duro “Smokin” Frazier infundía a sus contrincantes, la gran rivalidad o el inmenso ego y la verborrea de Ali calentaron el enfrentamiento hasta más allá de lo imaginable. Los odios se acrecentaron y el desprecio que mostraba Muhammad hacia su enemigo íntimo sobrepasó todos los límites y los insultos, amenazas y provocaciones caían como un torrente calentando el ya de por sí cálido ambiente filipino. Dos caras de una misma moneda enfrentados en el, tal vez, mayor combate de la historia. Una pelea durísima, con unos últimos rounds dramáticos en los que se rozó, literalmente, la muerte y en la que tan solo unos enormes rencores mantuvieron en pie a los contendientes bajo una lluvia de durísimos y constantes golpes. Y un tremendo final, con dos boxeadores más allá del límite humano, exhaustos y derrotados por el odio mutuo. El paso de los años ha puesto de manifiesto que nadie ganó en esa batalla.  Joe Frazier, poco antes de fallecer en 2011, dejaba entrever que el duro castigo físico al que había sometido a Ali era una de las causas de la terrible enfermedad de Parkinson que éste padece.

Toda esta apasionante historia queda recogida en la fenomenal y conmovedora película documental Thriller in Manila, la cual puede ser visionada en su totalidad en Youtube. Altamente recomendable tanto para aquellos amantes de este deporte como para aquellos que lo detesten. Que la disfruten.