Apaga y vámonos

Para llenar de agua el “botijo” son necesarios unos 12  segundos y una distancia de entre 600 y 1000 metros recorrida a unos 60 nudos (110 km/h aproximadamente) en un vuelo a ras. Su capacidad: unos 6000 litros. Estos peculiares y coloridos botijos operan para el 43 Grupo de Fuerzas Aéreas, dentro de un acuerdo de colaboración entre el Ministerio de Defensa y el de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino. Su principal misión es la extinción de incendios, aunque también pueden prestar apoyo en misiones del Servicio de Búsqueda y Salvamento del Ejército del Aire.

Estos “botijos” volantes son en realidad hidroaviones Bombardier CL-415 y Canadair CL-215T, y son la respuesta más eficaz al problema de los incendios que asolan la península durante los meses de verano, sobre todo para aquellos que se dan en las zonas de más difícil acceso.  Las maniobras efectuadas a baja altura, entre el humo y las cenizas que limitan la visibilidad o el agua salada que aspiran las turbinas cuando operan en el mar son un duro test de stress para los motores y para los mecánicos encargados de mantener estas naves en perfecto estado operativo.

Los tripulantes, bajo el lema de ¡Apaga y vámonos!, sitúan el “botijo” a unos pocos centímetros de la superficie del mar, del pantano o del lago para emprender la maniobra de carga, prestando la mayor atención y esquivando las olas que puedan golpear contra el casco del hidroavión, para después, volando como de costumbre a unos pocos centenares de pies del suelo, poner dirección a cotas de mayor altura envueltas en humo mientras sortean tendidos eléctricos de alta tensión y las aves que se puedan cruzar a su paso. En un ejercicio de precisión el “botijo” libera su carga en el momento y lugar más adecuado. Y otra vez vuelta a empezar dentro de un carrusel que se puede prolongar durante horas. Capacidad de concentración, precisión, habilidad, pericia y alguna que otra cualidad fácilmente imaginable son los rasgos que definen a los pilotos de estos coloridos hidroaviones tan desafortunadamente populares durante nuestros tórridos veranos, propicios para que ciertos desalmados se dediquen a provocar incendios, bien por imprudencias o bien, la mayor de las veces, movidos por oscuros intereses.

Aquí podemos leer las experiencias de un piloto del 43 Grupo de Fuerzas Aéreas.

Bonito e interesante vídeo en el que podemos contemplar  los “botijos” en acción.

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