Archivos mensuales: septiembre 2012

El Desombracionismo de Jerdanowitch

-Exaltación-

La fuerza evocadora de unas lejanas y cálidas tierras que bien podrían estar en el Caribe o en la Polinesia resulta abrumadora en “Exaltación”, 1924, la obra cumbre del genial Pavel Jerdanowitch. El mérito de de esta obra reside en la sencillez a la hora de lanzar unos vigorosos trazos que añaden a esta interesante escena costumbrista un halo de vida, y todo sin la necesidad de salir de las tonalidades grises empleadas. Los primeros términos representados por el personaje central, y un poco más allá, por el árbol de la derecha, culminan en una perspectiva que desemboca en las chozas del fondo para lograr una interesante sensación tridimensional. El brazo y la mano que se aferra con fuerza al plátano destaca sobre el resto de los elementos al hallarse perfectamente recortados sobre las tonalidades con las que Jerdanowitch perfila el cielo. Así mismo es el rostro del personaje femenino central, cuya mirada parece clavarse en el espectador trasmitiendo extrañeza, tal vez sorpresa, un potente elemento que el autor diseña para integrarnos en el interior de esta escena que invita a una contemplación rodeada de una placentera sensación de sosiego.

Pavel Jerdanowitch

El excéntrico Pavel Jerdanowitch (Moscú, 1875), emigrado a los Estados Unidos y aquejado de tuberculosis, estudió pintura en el Art Institut de Chicago y acabó por instalarse en California donde se convertiría en el padre del Disumbrationism o Desombracionismo, técnica vanguardista que se caracteriza principalmente por la ausencia total de sombras. La prestigiosa Revue du Vrai et du Beau se refiere al peculiar estilo de Pavel de este modo:

            Pavel Jerdanowitch no está satisfecho siguiendo los caminos trillados del arte. Prefiere descubrir nuevas tierras, explorar las alturas y asomarse a los abismos. Su espíritu se deleita en la intoxicación y es presa de la agonía estética que no tiene experiencia sin sufrimiento.

Tras el éxito de “Exaltación”, y con una crítica postrada a sus pies, Jerdanowitch continuará revolucionando  el mundo del arte con una serie de pinturas que en 1927 serán recogidas por la prestigiosa Galeria Vose de Boston, asombrando nuevamente a la crítica más prestigiosa.

 

“Aspiration”. El ave que se ve en la parte superior derecha se llama el gallo cósmico y es un símbolo de los deseos reprimidos, que se asienta sobre una cruz que es, a su vez, otro símbolo, y en el final de la cuerda está la flor blanca del cosmos que significa inmortalidad. Todo el cuadro es una maravillosa ilustración de la ley de la simetría dinámica; todo está planteado para que el ojo mire hacia el símbolo central, la lavandera sin advertir que la mano de la codicia le arrebata la cartera.

“Ilumination”Es medianoche y el hombre borracho que irrumpe tambaleándose en su casa, anticipando la tormenta de su indignada esposa ve sus ojos en la oscuridad. Se trata de consciencia en funcionamiento.

 “Gination”. Caracteriza el efecto atractivo del alcohol sobre las mujeres de los estudios de Hollywood. Se trata de un cuadro moral, que muestra el efecto corrosivo de la ginebra de los bulevares sobre la piel de la mujer. Todo el cuadro esta fuera de equilibrio.

Paul Jordan Smith

Pero lo más llamativo de todo esto es que Pavel Jerdanowitch jamás existió. Se trató de una “broma” ideada y puesta en práctica por el periodista y escritor Paul Jordan Smith,quien no había cogido un pincel en su vida. El comienzo de esta historia se sitúa en 1924, cuando la esposa de Paul Jordan, Sarah Bixby, recibió críticas que tildaban su trabajo de convencional y anticuado tras exhibir sus bodegones en una exposición. Acto seguido su marido le pidió un lienzo y “creo” “Exaltación” en menos de 20 minutos. Posteriormente adoptó un extraño gesto y forzó de manera exagerada sus ojos para hacerse el que sería el primer retrato de su personaje Pavel Jerdanowitch. Estaba decidido a poner de manifiesto la ineptitud de unos críticos de arte que apenas sabían nada de pintura y que simplemente se limitaban a valorar la excentricidad y lo estrambótico.

Tras inventarse lo del Desombracionismo, un ardid para justificar su inoperancia a la hora de pintar, envió su “Exaltación” a una exposición que se celebraba en el Waldorf Astoria. El cuadro no sólo fue aceptado por un jurado de artistas, sino que además atrajo la atención de los críticos de arte que allí se congregaban, entre ellos Chabrier Comte, quien se mostró entusiasmado con el descubrimiento del hasta entonces desconocido genio. Animado por su éxito y por los constantes elogios, Paul Jordan, es decir, Jerdanowitch, se lanzó a pintar logrando una gran notariedad y dejando en evidencia al mundo de las vanguardias artísticas de aquellos años 20 en los que se sucedían las nuevas modas y tendencias al mismo tiempo que el mundo del arte se mercantilizaba ante la creciente demanda de obras proveniente de unos nuevos ricos que habían descubierto un nuevo filón con el que poder especular.

Aún así, y huyendo hacia adelante, el crítico Havelock Ellis, lejos de reconocer la evidencia, explicó qué “en realidad Paul Jordan Smith era un genio de pintura, lo que ocurría es que era incapaz de reconocer su propia genialidad”.

25 – S

Actuación de los antidisturbios de la policía, probablemente la única profesión indigna que existe, el pasado 25 de septiembre en Madrid. Imágenes como estas están dando la vuelta al mundo dejando la imagen de la Monarquía Bananera de Españistán, esa que tanto preocupa a los políticos, por los suelos. Vergüenza de país que se califica de democrático en pleno siglo XXI. El país se está convirtiendo en una caldera a la que no hacen más que meter leña. Crecen las desigualdades, la clase media está desapareciendo a marchas forzadas ante la incompetencia y los constantes engaños de un gobierno que lejos de cuidar y fortalecer el estado se dedica a desmantelarlo. Con la mentira y el cinismo como bandera mientras se camina hacia el abismo. A día de hoy Españistán es el país de aquellos banqueros que con sus juegos acabaron por arruinarlo. Es el país de las grandes fortunas depositadas en paraísos fiscales, y es el país de una clase política que hace su “trabajo” a cambio de un puesto en el consejo de administración de alguna gran compañía una vez abandonan la política.


Actualizado: Policías infiltrados entre los manifestantes para provocar altercados. En el primer vídeo se aprecia que son los encapuchados de las baderas rojas los que inician los altercados, y que minutos después (minuto 3:00), son esos mismos encapuchados los que ayudan a los antidisturbios a efectuar unas detenciones. En el segundo vídeo la cosa ya resulta más que evidente:  “!Que soy compañero, coño!”

¿Qué ocurre en Catalunya, y en España?

Al hilo de lo recientemente publicado en este modesto blog concerniente al tema “Cataluña – España” o “España – Cataluña” (PP – CIU; una nacionalista en el espejo) y de entre todo lo que se está publicando en prensa, de entre las innumerables declaraciones de políticos de un lado u otro y de entre todas las opiniones vertidas en radio por tertulianos de toda condición, merece la pena destacar la columna publicada por el diario Público .es  dentro del blog de opinión Dominio Público el 20 de septiembre de 2012 de Vicenç Navarro (Catedrático de Ciencias Políticas y Políticas Públicas Universidad Pompeu Fabra) titulada ¿Qué ocurre en Catalunya, y en España?, lúcida visión del actual cocktail político, fiscal y social junto con el papel desempeñado por los medios de comunicación dentro de una situación de generalizado desmantelamiento del llamado Estado de Bienestar.

Apaga y vámonos

Para llenar de agua el “botijo” son necesarios unos 12  segundos y una distancia de entre 600 y 1000 metros recorrida a unos 60 nudos (110 km/h aproximadamente) en un vuelo a ras. Su capacidad: unos 6000 litros. Estos peculiares y coloridos botijos operan para el 43 Grupo de Fuerzas Aéreas, dentro de un acuerdo de colaboración entre el Ministerio de Defensa y el de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino. Su principal misión es la extinción de incendios, aunque también pueden prestar apoyo en misiones del Servicio de Búsqueda y Salvamento del Ejército del Aire.

Estos “botijos” volantes son en realidad hidroaviones Bombardier CL-415 y Canadair CL-215T, y son la respuesta más eficaz al problema de los incendios que asolan la península durante los meses de verano, sobre todo para aquellos que se dan en las zonas de más difícil acceso.  Las maniobras efectuadas a baja altura, entre el humo y las cenizas que limitan la visibilidad o el agua salada que aspiran las turbinas cuando operan en el mar son un duro test de stress para los motores y para los mecánicos encargados de mantener estas naves en perfecto estado operativo.

Los tripulantes, bajo el lema de ¡Apaga y vámonos!, sitúan el “botijo” a unos pocos centímetros de la superficie del mar, del pantano o del lago para emprender la maniobra de carga, prestando la mayor atención y esquivando las olas que puedan golpear contra el casco del hidroavión, para después, volando como de costumbre a unos pocos centenares de pies del suelo, poner dirección a cotas de mayor altura envueltas en humo mientras sortean tendidos eléctricos de alta tensión y las aves que se puedan cruzar a su paso. En un ejercicio de precisión el “botijo” libera su carga en el momento y lugar más adecuado. Y otra vez vuelta a empezar dentro de un carrusel que se puede prolongar durante horas. Capacidad de concentración, precisión, habilidad, pericia y alguna que otra cualidad fácilmente imaginable son los rasgos que definen a los pilotos de estos coloridos hidroaviones tan desafortunadamente populares durante nuestros tórridos veranos, propicios para que ciertos desalmados se dediquen a provocar incendios, bien por imprudencias o bien, la mayor de las veces, movidos por oscuros intereses.

Aquí podemos leer las experiencias de un piloto del 43 Grupo de Fuerzas Aéreas.

Bonito e interesante vídeo en el que podemos contemplar  los “botijos” en acción.

PP – CIU: Un nacionalista en el espejo

Rayitas que aparecen pintadas en los mapas y telas de vistosos colores. Solemnes himnos y hechos históricos que se remontan un buen puñado de siglos atrás para justificar una patria, un país, o lo que sea. Porque la definición de país o de región viene a ser, de un tiempo a esta parte, algo difuso y con lo que más vale andar con cierta cautela para no herir tan delicadas sensibilidades en lo referente a este ya cansino tema.

Y de todo esto al nacionalismo, bien central o bien regional, que de todo hay. El nacionalismo paleto por definición:

“Las identidades sólo son homogéneas en la comunidades inventadas. En las reales existe una saludable diversidad, mal que les pese a algunos” (Juan Pablo Fusi)

O de efecto anestésico para olvidar diferencias mucho más reales:

“Vasco o catalán, hay unos que entran en la fábrica por la puerta de atrás vestidos de mono y viven en unos barrios marginales, y hay otros que entran en la fábrica por la puerta de delante bajándose del Cadillac. Yo estoy bastante más cerca, evidentemente, del obrero vasco, o del obrero catalán o del trabajador campesino de Soria que de la oligarquía vasca y catalana, a la que se le llena la boca de nacionalismo, y fue la primera que fue colaboracionista con el régimen de Franco, cosa que la gente está olvidando” (Pablo Castellano)

Al mismo tiempo, las independencias que los nacionalismos persiguen pueden estar plenamente legitimadas a condición de que cuenten con el respaldo del pueblo. Pero, ¿Qué pueblo? Igual depende de las demandas independentistas, es decir, y hablando de las actuales que afectan a España, bastaría con la convocatoria de un referéndum en Cataluña que recogiera la voluntad sus ciudadanos. La cosa que a priori parece sencilla no se queda ahí, pues en más de una ocasión se ha empleado el término “Estado independiente asociado” u otras fórmulas de semejante factura que parecen venir a decir que independencia sí, pero no del todo. La impresión que puede provocar todo esto es que se busca una independencia con las ventajas que podrían derivarse, pero no con sus inconvenientes.

Al hilo de todo esto, y en relación a algo tan banal como el fútbol, tenemos las recientes declaraciones del señor Sandro Rosell, presidente del F. C. Barcelona, tras participar en las recientes y multitudinarias manifestaciones independentistas: “Si Cataluña se independiza, el Barca seguiría jugando en la Liga española”. ¿Existen condicionantes semejantes en la demanda independentista en lo económico, administrativo, social, político o incluso militar?  En caso afirmativo, y con cierta lógica, el referéndum mencionado con anterioridad para recoger la voluntad popular debería extenderse a todo el territorio nacional español y no verse limitado a Cataluña.

Hay que tratar de racionalizar y objetivar lo subjetivo del sentimiento nacional. Para ello, por ejemplo, no se duda en echar mano de hechos acaecidos siglos atrás. Una vez dentro de esta espiral temporal Rumbo 32 aboga por un retorno al status prerromano de la península Ibérica, por aquello de la pureza de la “raza” al margen de toda influencia exterior. Dejemos atrás denominaciones como extremeños, andaluces o castellanos y recuperemos a los vacceos, carpetanos, turdetanos o edetanos. Lo malo de echar mano de la historia a modo de justificación es que la otra parte siempre puede retroceder un poco más. Y vuelta a empezar.

La clase política demuestra una vez más que son más las cosas que unen que las que separan a los pueblos. Su oportunismo e hipocresía se encuentra de norte a sur y de este a oeste. En el centro del tablero peninsular encontramos al liberal Partido Popular de Fraga, Aznar y ahora de Rajoy, heredero de modos franquistas que tiran del nacionalismo más chusco y grotesco. La patria una e indivisible y con las fuerzas armadas como garante de dicha unión. Míticos y para el recuerdo son sus sentidos lamentos de “Zapatero vende España a los nacionalistas” o el tan aclamado “España se rompe”. O aquella impagable “balcanización de España” con la que engendrar miedos y odios hacia el vecino.

Enfrente de tan ridículas y vergonzosas soflamas se encuentra Convergencia I Unió de Cataluña, el espejo del PP a nivel regional. Movido por idénticos ideales liberales y con un nacionalismo basado en  el mensaje victimista ante el Estado opresor Español y ante todo tipo de males que llegan desde “Madrid”. Su líder, Artur Mas, repta hasta hacerse visible a la cabeza de los recientes actos independentistas de Barcelona al mismo tiempo que sin ningún tipo de pudor actúa como el principal socio del Partido Popular en el congreso. La potente voz de su partido algo le debe al sistema electoral español que le otorga 16 diputados a cambio de 1.014.263 votos mientras que partidos como Izquierda Unida se quedan con 11 diputados a pesar de sus 1.680.810 votos o EQUO, sin ninguna representación pese a haber obtenido 215.776 votos. Este desfase de tan dudosa equidad se ha traducido en un factor determinante a la hora de condicionar la política nacional, pues la fuerza de CIU ha sido necesaria en innumerables ocasiones para lograr mayoría en el congreso y aprobar presupuestos generales del Estado a cambio de determinadas prebendas.

El discurso recurrente de CIU y del nacionalismo se centra en lo fiscal. Se parte de una  clara premisa: Cataluña aporta vía impuestos una ingente cantidad de dinero al Estado español. Tal vez, este punto de partida ya sea en cierto modo cuestionable. Ninguna Autonomía paga impuestos. Lo hacen los ciudadanos, en base a su renta. Y un ciudadano catalán paga lo mismo que un andaluz o un murciano. Lógicamente las Autonomías que mayor aporte hacen al Estado son aquellas que cuentan con una mayor población y una renta más elevada.

Así encontramos que en la balanza fiscal de 2005 Madrid aporta a la caja común, y según el Ministerio de Economía y Hacienda, 41.839.131 m. de euros, algo más de 6.800 euros por habitante. Cataluña lo hace con 43.438.447 m. de euros, unos 6.024 por habitante. Y Baleares, al contar con una población muy inferior aporta 5.390.550 m. de euros, que resultan en unos 5.230 por habitante.

– Click para ampliar la imagen –

Pero el lamento de CIU se centra principalmente en el saqueo que Cataluña sufre para que luego no se reinvierta en su territorio. Lógicamente las Autonomías con más recursos aportan a las que menos tienen: Galicia o Extremadura por ejemplo, se encuentran en el grupo de las que resultan más favorecidas. Se trata de una premisa de equidad y solidaridad entre comunidades a la hora de hacer un reparto que a buen seguro podría ser mejorable y más justo de lo que actualmente es.  El “mal “que aqueja a Cataluña es, por lo tanto, el mismo que afecta a Madrid o a Baleares. Madrid aporta, como se dijo anteriormente, 41.839.131 m. de euros y recibe 27.225.441 m. de euros. El balance es de -2.403 euros por habitante. Cataluña aporta 43.438.447 m. de euros y recibe 32.294.626 m. de euros, -1.545 euros por habitante. Y Baleares aporta 5.390.550 m. de euros para recibir 3.712.364, que son -1.628 euros por habitante. Con todo esto resulta, y a expensas de otras informaciones, que el principal argumento esgrimido para reclamar la independencia no se tiene en pie. A todo esto sumar aquel argumento que asegura que una Cataluña independiente tendría una renta similar a la de Alemania. Sin entrar en ningún tipo de valoración, es evidente que en caso de ser cierta esta afirmación resultaría que un marco de Unión Europea Cataluña tendría que aportar a países como Rumanía, Bulgaria e incluso a… España.

En el siguiente video, las consecuencias del expolio,  se compara el incremento de vías de comunicación entre Barcelona y Madrid hasta 2007 y a partir, curiosamente, de 1993, justo después de los fastos olímpicos de 1992. Así mismo conviene reseñar que el área metropolitana de Madrid contaba con 3.265.038 habitantes en 2011 mientras que Barcelona contaba con 1.615.448 habitantes en el mismo año.

 

Y destacar, por último, lo curioso que resulta comprobar cómo la cabeza visible de un partido liberal como CIU demande mayor “estructuras de Estado” cuando en su ideario político destaca notablemente la tijera y el desmantelamiento de todo lo público, es decir, de todo lo que realmente es Estado.

Que se respete la voluntad de Cataluña si aspira a una independencia real. Allá cada cual, nacionalistas o centralistas, tanto da. Pero que no se venda la moto. Claro que ni Rumbo 32 ni su autor están en posesión de ninguna verdad, y muy gustosamente se prestarán a compartir datos, argumentos e informaciones fiables  al margen de fanatismos y/o paletadas que refrenden una postura u otra.