Blade Runner, ¿Quién vive?

El futuro en el cine se presenta blanco y aséptico. El de Blade Runner es sucio, la atmósfera es sórdida, se diría que irrespirable. Todo está lleno de humos y mugre bajo una perpetua lluvia. La Tierra es ya un lugar poco menos que apocalíptico. En las inhabitables ciudades se come mal y los omnipresentes neones de los anuncios publicitarios ocupan cualquier espacio. Incluso se encuentran instalados en vehículos voladores para que su acoso al ciudadano sea constante. La suciedad se eleva hasta los cielos por lo que el día no pasa de ser una especie de crepúsculo. Los grandes avances tecnológicos no se traducen en unas condiciones de vida mejores para los humanos, más bien ocurre todo lo contrario. No es un futuro exagerado tal y como lo hemos visto representado en un sinfín de filmes. En Blade Runner conviven los coches que sobrevuelan la ciudad y las bicicletas. La globalización ha alcanzado su máxima expresión, todas las nacionalidades se cruzan por calles atestadas de gente y se escuchan innumerables lenguas en los mismos espacios y al mismo tiempo. Todo esto hace que el futuro en Blade Runner resulte sobrecogedor y terriblemente creíble. Aquellos que tienen recursos ya se han largado de la Tierra para emprender una nueva vida en las lejanas colonias exteriores, en otros mundos.

Junto con la maravillosa banda sonora de Vangelis, este panorama es el marco que envuelve la película Blade Runner de 1982. EL film dirigido por Ridley Scott, basado vagamente en la novela de Philip K. Dick ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, fue fríamente acogido por la crítica tanto americana como europea. Hoy es una película de culto. Si Ciudadano Kane es la película de los 40 y si El Padrino es la de los 70, Blade Runner es la de los 80. Hay un antes y un después de Blade Runner en la historia del cine. El film de Scott, en principio, se puede clasificar dentro del género de ciencia ficción, aunque en esta historia hay mucho de cine negro y mucho de western. Su apariencia es sencilla, la trama parece poco pretenciosa, e incluso puede que tras un primer visionado resulte absurda. Pero su trasfondo es enorme. Su contenido da para hablar durante horas y horas. Amor, vida, angustia, mucha angustia, y muerte.

La Tyrell Corporation es una gran compañía dedicada a trabajos de manipulación genética. Su éticamente cuestionable labor consiste en crear criaturas muy similares a los propios humanos, unos androides denominados en el film replicantes, los Nexus 6, que cuentan con una fuerza y agilidad superior y una inteligencia al menos igual a la de sus ingenieros creadores. Son los esclavos de este futuro, los encargados de los trabajos más peligrosos y duros en las colonias del exterior y cuya presencia está prohibida y perseguida en la Tierra. En sus mentes se les ha implantado un pasado que no es suyo. Pasado. El pasado es otra de las piedras angulares sobre la que gira la película. El replicante León se aferra con fuerza a sus viejas, y falsas, fotografías.  El pasado es la base sobre la que se sustenta nuestra identidad, el pasado delimita lo que somos en el presente. Otra pieza clave son las emociones y empatía de las que en un principio estos replicantes carecen por completo. De ahí la eficiencia del llamado test Voight – Kampff, empleado para delatar replicantes midiendo respuestas físicas involuntarias ante estímulos emocionales. La validez de esta prueba se va poniendo en entredicho a medida que avanza la película, pues se pone de manifiesto la evolución de estos replicantes de última generación hasta alcanzar el desarrollo de sus propias emociones que, entre otras cosas, lejos adoptar una postura resignada, les lanza a una rebelión en Marte que les libere del yugo humano. Como medida de prevención ante todo esto, los replicantes están programados para vivir durante 4 años. Tras este exiguo plazo mueren irremisiblemente. Y es esta muerte cercana, la certeza de un próximo final, la angustia vital que atenaza a los replicantes. Los replicantes, de alguna manera, se rebelan al mismo tiempo contra su propia condición y destino y no se muestran dispuestos a aceptar estas reglas de juego. Su líder, Roy, encarnado magistralmente por el actor Rutger Hauer, en una carrera contra reloj, se lanza en busca de su creador, el Sr. Tyrell, con el objetivo de lograr prolongar su vida. Ante la negativa, Roy, este ángel caído, en una memorable escena, asesina a su creador, acaba con el padre. Dios ha muerto. Aparece frente a nosotros el superhombre de Nietzsche.

Deckard, encarnado por Harrison Ford, es un ex policía mercenario, un ex Blade Runner.  Los Blade Runner tienen la misión de perseguir y matar, en la película se emplea el eufemismo retirar, a los replicantes díscolos que se rebelan contra las reglas establecidas. En la reciente versión director´s cut del film se ha eliminado la voz en off que constantemente explicaba las emociones y sentimientos a la vez que justificaba el comportamiento y las acciones de Deckard. Sin esta voz en off el policía queda retratado como un ser antipático, cobarde y despiadado, un canalla capaz de matar a replicantes femeninas por la espalda sin que le tiemble el pulso. Es esa voz en off la que suaviza a un Harrison Ford que poco tiempo atrás había interpretado al héroe bueno en films como Indiana Jones o Star Wars. Reunido con Rachel, la joven secretaria del Sr. Tyrell, queda patente su frialdad y escasa empatía al afirmar, sin muchos miramientos, que ella es asimismo una replicante más, sumiendo de este modo a la joven en un estado de shock. O con los escasamente delicados modos que Deckard emplea para obtener los favores carnales de la mujer replicante. Los únicos atisbos de humanidad del Blade Runner se manifiestan en la relación sentimental que iniciará poco después con Rachel.

Roy, el líder de los replicantes rebeldes, afectado profundamente por la retirada Pris, un modelo de replicante “básico de placer”  retirada por Deckard, y sabiendo que su tiempo se está acabando,  acabará por cruzarse con el Blade Runner para culminar su venganza.

Es toda una experiencia vivir con miedo ¿verdad? Eso es lo que significa ser esclavo.

Tras el esperado enfrentamiento sobre la azotea de un edificio, Deckard queda aparatosamente agarrado a una cornisa a punto de caer al vacío. En un giro inesperado Roy le agarra y le salva la vida pronunciando sus últimas palabras justo antes de completar su ciclo vital de 4 años. Las palabras de Roy aludiendo una vez más  a los recuerdos y la memoria pasarían a la posteridad de la historia de la cinematografía y le robaría todo el protagonismo del film a un atónito Deckard. Son las palabras de quien desea vivir pero no puede hacerlo:

Yo… he visto cosas que vosotros no creeríais: Atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto rayos C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán… en el tiempo… como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir.

Dejamos para el final a un extraño personaje que pese a sus apariciones esporádicas condiciona el film.  Se trata de un oscuro policía, Gaff, encarnado por el actor Edward James Olmos, que se ayuda de un bastón y se muestra aficionado a los origamis o papiroflexia. Da la sensación de que Gaff conoce todo sobre Deckard, y parece saber en todo momento en qué lugar se encuentra el Blade Runner. Aparece justo después de su encuentro con Roy para devolverle la pistola que había perdido en la lucha y pronunciar unas palabras refiriéndose a la replicante Rachel con la que Deckard ha iniciado una relación, condensando, así, el principal motivo de la película:

Lástima que ella no pueda vivir, pero ¿quién vive?

Tras escuchar esto el Blade Runner se dirige rápidamente a su apartamento temiendo que Rachel haya sido definitivamente retirada. Rachel se encuentra sana y salva, pero Deckard encuentra un unicornio de papel que delata la presencia de Gaff. Curiosa y casualmente Deckard había soñado con un unicornio recientemente (la escena aparece en la versión director´s cut). “Durante la Edad Media era perseguido por su cuerno ya que brindaba protección contra todos los venenos así como enfermedades, lo cual lo hacía muy longevo a quien se lo administraba” (fuente: Wikipedia). Es como si la actividad mental del Blade Runner fuese conocida por terceros, en este caso por el policía Gaff. ¿Acaso es Deckard también un replicante? ¡Kinship!: es el grito del replicante Roy justo en el momento en el que salva la vida a Deckard y con el que hace referencia a los lazos de parentesco (el grito no aparece ni en la versión española doblada ni en la subtitulada)

¿Es Gaff el auténtico Blade Runner y Deckard su herramienta de trabajo? ¿Quién es aquí más humano? Humano, demasiado humano. Nuevamente Nietzsche, el apego a la vida y los enfrentamientos morales que a menudo ello conlleva.

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