Archivos mensuales: junio 2012

Bienvenido Mr. Adelson

¡Madre mía! Que es que resulta que un señor americano con muchos dólares que se llama Adelson o algo así, quiere venir a Madrid o a Barcelona a montar un montón de casinos y lupanares, una ciudad de Las Vegas aquí, ¡en España! Eurovegas dicen que le quieren llamar. Rumbo 32 quiere dar la bienvenida a estos señores americanos: “Yo os recomiendo, mis queridos amigos, que vayáis pensando en lo que vais a pedir a los americanos, porque yo os doy mi palabra de honor de que van a estar aquí mucho tiempo gastándose todo el dinero que traigan”.

Pero, ¿cómo convencer a este señor Adelson, a este benefactor, para que elija nuestra ciudad? Modestamente, y como madrileño de bien, trataré de mostrar a continuación una serie de argumentos para que este señor americano se quede con Madrid y no con Barcelona. Bah!, Barcelona. Hoy día 26 de junio la ciudad de Madrid ha recibido como se merecen a los delegados y ayudantes del americano de los dólares. La sede de la Comunidad de Madrid de la Puerta del Sol se ha engalanado con la bandera de Madrid, con la de España y con la de Israel, en simpático guiño al origen del señor Adelson. Además nuestra presidenta Esperanza Aguirre  ha ofrecido a estos señores una comida en la sede del gobierno regional a base de gazpacho, merluza y vino de Israel (otro guiño más!). Por la noche nuestra alcaldesa Botella agasajó nuevamente a nuestros queridos invitados, esta vez con una gran cena en el impresionante Palacio del Ayuntamiento que montó el Sr. Gallardón cuando los euros caían a raudales por todo el país. ¡Americanos! ¡os recibimos con alegría!

En Madrid, y para empezar, el señor Adelson podrá encontrar unos secarrales de primer orden, donde no hay un árbol en kilómetros a la redonda y donde las temperaturas no bajan de 40º C en verano. Nada que envidiar al desierto de Nevada, donde se halla la maravillosa ciudad de Las Vegas que este señor pretende emular. Con ese panorama y con el sol cayendo de lleno en el exterior, los clientes se lo pensarán dos veces antes de abandonar las máquinas tragaperras, el cinquillo, la ruleta o la lluvia dorada.

Madrid se encuentra además en un lugar privilegiado, en el mismísimo centro de España, en el llamado kilómetro cero. Esto sumado al magnífico diseño radial del sistema que ordena las vías de comunicación del país hace que iderflec…. inderefle… indefectiblemente las principales carreteras, autopistas y vías ferroviarias lleven a los casinos y prostíbulos que el señor de los dólares monte en nuestra comunidad. Además las autovías de peaje que dan paso a la urbe son de reciente construcción, de los añorados tiempos del pelotazo, y se caracterizan por su infrautilización. Esto garantiza un cómodo acceso a la capital a todos aquellos jugadores, puteros, depravados o mafiosos que se desplacen a la capital para dar rienda suelta a sus actividades, ya sean ludópatas, de extorsión, de blanqueo de capitales, de tráfico de armas y/o drogas o de cualquier otra índole. ¡Olé Virginia y Michigán! ¡Y viva Texas que no está mal!

Más: Madrid cuenta con una casta política que no será en ningún caso impedimento para que nuestro benefactor americano ponga en marcha sus negocios. Experta y ducha en pelotazos urbanísticos, bregada durante los llamados años de bonanza, en un pispás recalificará los terrenos rústicos que el americano de los dólares necesite a cambio de modestas comisiones o prebendas. Finalmente, otro factor a tener muy en cuenta son nuestras redes de prostitución internacionales que operan en el todo el territorio de la Comunidad Madrid que se caracterizan por su gran solera y raigambre, y por su carácter multicultural y multiétnico. Los  prostíbulos y lupanares que el Sr. Adelson monte en su Las Vegas madrileña podrán contar con meretrices que representen (como hacen los Juegos Olímpicos) los cinco continentes. Todo esto cómodamente, sin tener que hacer engorrosos y largos viajes al extranjero para reclutarlas.

El eficaz servicio de comentarios de Rumbo 32 queda a disposición del lector para añadir nuevas razones por las que el señor Adelson deba decantarse bien por Madrid, bien por Barcelona o bien por su ciudad o pueblo para montar sus lúdicos negocios.

 

Los yanquis han venido,
olé salero, con mil regalos,
y a las niñas bonitas
van a obsequiarlas con aeroplanos,
con aeroplanos de chorro libre
que corta el aire,
y también rascacielos, bien conservaos
en frigidaire.

Americanos,
vienen a España
guapos y sanos,
viva el tronío
de ese gran pueblo
con poderío,
olé Virginia,
y Michigan,
y viva Texas, que no está mal,

Os recibimos
americanos con alegría,
olé mi madre,
olé mi suegra y
olé mi tía.

El Plan Marshall nos llega
del extranjero pa nuestro avío,
y con tantos parneses
va a echar buen pelo
Villar del Río.

Traerán divisas pá quien toree
mejor corría,
y medias y camisas
pá las mocitas más presumías.

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La suerte del trabajo.

De la serie “todos hemos vivido por encima de nuestras posibilidades” y de la exitosa “todos somos responsables de la situación actual” hoy presentamos:

“Tengo la suerte de tener trabajo”.

Imaginemos otras afirmaciones hipotéticas en la misma línea de la anteriormente presentada. Por ejemplo: “Tengo la suerte de poder casarme (si quiero)” o “tengo la suerte de poder votar”. Absurdo, ¿no? Es que poder casarse o poder votar no son gracias caídas del cielo por las que estar agradecidos a la providencia sino que son derechos. Pues resulta que:

Constitución española.

Artículo 35.

1. Todos los españoles tienen el deber de trabajar y el derecho al trabajo,- vaya, pues resulta que además de derecho es un deber – a la libre elección de profesión u oficio – pfffffffff  – a la promoción a través del trabajo y a una remuneración suficiente para satisfacer sus necesidades y las de su familia, sin que en ningún caso pueda hacerse discriminación por razón de sexo.- Ahí es nada, ¡Remuneración suficiente para nuestras necesidades y las de la familia!, es decir, que bastaría con que trabajara uno de los miembros. Y el otro ¿qué? ¿a incumplir con el deber, al que tiene derecho, de trabajar?

Queda claro pues, la mismísima carta magna lo dice, que el trabajo no es ninguna suerte. Nada de nada. Deber y derecho. Parte del inquebrantable y rocoso binomio de derechos y obligaciones. ¿Pero, qué pasa si se ningunea uno de los platos de esta balanza? Si uno no cumple con sus obligaciones, ¿puede moralmente exigir sus derechos?  Y claro, ¿hasta qué punto le pueden obligar a uno a cumplir con sus obligaciones si antes le han birlado sus derechos?. Vaya, pues parece que hay quien juega con la baraja marcada…

Sindicatos y trabajadores en general han luchado a lo largo de la historia para poco a poco ir mejorando sus condiciones laborales. Sangre, sudor y lágrimas derramadas por el camino para llegar al punto en el que estamos. Pero es que de unos años a esta parte parece que esa lucha se podría haber apartado a un plano secundario. Nada de mejoras ni de avances. En un país con un montón de desempleados y con unas generalizadas condiciones precarias en lo laboral, bastaría con exigir y lograr que se cumpliera y se asegurara simplemente lo que es “legal”, lo más elemental, lo que marcan las leyes y normativas laborales. Que se pagaran las horas que se trabajan y no se echaran horas extra por la cara, que se respetaran escrupulosamente los días libres que a cada cual le corresponden, que se respetaran igualmente las categorías que definen las tareas de cada puesto, que no se pagara bajo cuerda y que los salarios se ajustaran a lo marcado por los convenios colectivos. Sólo con eso y nada más que con eso, el salto cualitativo de las condiciones reales de trabajo sería brutal. ¿De qué sirven los avances y logros que se quedan en el papel y que a casi nadie parece importarle? Y es que todos estos incumplimientos parecen asumidos y aceptados por todos, formando ya parte de la más absoluta y triste normalidad.

Así pues, desde Rumbo 32 proponemos la sencilla expresión “(no) tengo trabajo” o las enrevesadas pero más ajustadas variantes: “tengo secuestrado mi derecho a trabajar” en caso de desempleado,  “tengo parcialmente secuestrado mi derecho a trabajar” en caso de trabajador precario, o “no tengo secuestrado mi derecho al trabajo” en caso de gozar de unas condiciones dignas y aceptables ajustadas al marco legal.

Responsables todos.

Así, bien diluida

Otra con la misma cantinela. Otra vez el puñetero mensaje que finalmente ha terminado por calar profundamente en la sociedad española. El jodido mantra que se repite una y otra vez sin parar y muy a menudo sin realizar el menor ejercicio de reflexión. ¡Beeeee!, proclama el rebaño. “Todos somos responsables de la situación en la que estamos”. Ahora lo dice Elena Valenciano, vicesecretaria general del PSOE. Como la casta política, empresarial, financiera, especuladora y demás ralea se ve incapaz de asumir sus propias responsabilidades las diluyen entre todos. Todos, da lo mismo, todos. No son responsables claros y definidos, con nombres y apellidos de nada, y mucho menos van a reconocer sus errores. Jamás. Lo suyo es encerrarse en sus propias faltas y miserias, huyendo hacia adelante si es preciso. ¿Cómo van a dar la razón a los otros?

Pues no. Ya está bien. Servidor y muchos más no tenemos responsabilidad alguna. Ninguna, cero. Provengo de una humilde familia trabajadora, cuyo cabeza de familia se ha levantado todos los días a las 6 de la mañana para, con muchos apuros, dar a su familia sustento, alimento, educación y claro, también algún modesto capricho, los cuales, por otro lado, se podrían contar con los dedos de una mano. Jamás se hizo un gran viaje, no se salió al extranjero, no se adquirió ningún todo-terreno y el máximo gasto que se hizo en mi casa fue para comprar un utilitario que con gran esfuerzo se pagó a toca teja sin pedir ningún crédito. Ese utilitario sustituyó a un modesto Seat 127 que sufrió un percance, fue comprado en 1992, y es el que continúa utilizando mi familia a día de hoy.

Y así mucha gente, la inmensa mayoría, en mi barrio de trabajadores. Y en el resto de los humildes barrios donde vive la mayor parte de la población dos tercios de lo mismo. Así que, permítanmelo: a todos aquellos del “todos vivimos por encima de nuestras posibilidades” y del “todos somos responsables”: váyanse a la mierda. A otro perro con ese hueso. Porque existen unos responsables políticos, que lo son, y vaya si lo son, por acción o por omisión, porque existe una clase especuladora – trilera que con sus actividades provocan carestías que ahogan a los que permanecen al margen de sus juegos. Sí, los del pelotazo, los del dinero fácil y rápido. Porque gente supuestamente bien preparada y mejor pagada maneja el cotarro financiero y que, igualmente,  son los que decidieron dar créditos a mansalva y no por altruismo precisamente. Porque también están los que se montan su propio paraiso, fiscal, en la Tierra, y porque no podemos olvidar a aquellos que claman libertad, pero libertad en lo económico, se entiende, y que casualmente suelen ser los que más pasta manejan.

Y ahora, con toda esa desfachatez, son muchos los caraduras y mentecatos que no se han parado a reflexionar ni un segundo para meternos a todos en el mismo saco. Pues no. No señor. Yo no estoy en el saco, ni mucho menos. En mi casa jamás se dio otro ejemplo que no fuese el de vivir de lo que se dispone y punto. Porque se tiene conciencia de lo que se es y de lo que no se es.  Porque me enseñaron a no doblar el lomo ante nadie para obtener prebendas y beneficios de ninguna clase. Y porque a uno, por naturaleza, le gusta llevar la contraria y el paso cambiado. Y así hasta ahora. Bueno, pues lo mismo una inmensísima mayoría de españoles honrados de la clase trabajadora a la que orgullosamente pertenezco. Váyanse, pues, a tomar por el mismísmo culo.

¡Que no es un rescate, joer!

Luis de Guindos

Vaya noticia la del sábado por la tarde. 100.000 millones de euros, a más de 2.000 euros por español. ¿Se imaginan la cara del presidente Rajoy despertando de la siesta y encontrándose, así de sopetón, el rescate a la banca española? Madre mía… igual que Grecia, o que Portugal, o que Irlanda…

Menos mal que tras el susto inicial el ministro de economía Luis de Guindos sale a escena para tranquilizar al personal: A ver, ¡que no!, que no… que no es un rescate, no, que lo que se pide es sólo “apoyo financiero” que esto “no tiene nada que ver con un rescate”. ¡Claro! si ya lo dijo el presidente Rajoy  hace poco: que no se produciría ningún rescate a la banca española. No hacemos caso al presidente y por eso nos llevamos estos sofocones. ¡Qué tontos! ¡Todos preocupados y no pasaba nada!

Continúa el ministro: “Que el Fondo Monetario Internacional ha finalizado con su informe de evaluación del sistema financiero español, el cual estima necesidades de capital adicional, pero que todas estas necesidades financieras son manejables. La cantidad solicitada para la recapitalización de la banca será suficiente para cubrir las necesidades de capital estimadas más un margen de seguridad adicional significativo”.

¿Eh? ¿Cómo? ¿Sabe que la cantidad necesaria es “manejable” pero se pide un capital de seguridad extra “significativo”? ¿Para qué? ¿Si todo es tan transparente para qué pedir de más? Bah, será como cuando se pedía en la hipoteca del piso un plus para comprar el Audi, nada más.

Sigue el señor ministro: “Puesto que los fondos se pedirán para atender necesidades del sector financiero, las condiciones serán sólo y específicamente para el sector financiero”. ¡Acabáramos! Vamos, que no pasa nada, ¡que susto, madre mía! Que es todo cosa de los bancos, que no hay que preocuparse de nada. Que todos somos  muy malpensados y rápido empezamos a insinuar que se subirá el IVA, o que se endurecerán las condiciones para acceder al seguro de desempleo, que se reducirá su cuantía y duración, que se recortarán las pensiones, que se subirá la edad de jubilación… ¡Hala! ¡Qué exagerada que es la gente! Pero de todo esto nada de nada. Y los funcionarios tranquilos, que la cosa no supondrá recortes en sus salarios y extras. Que sólo es un “marrón” que tienen los bancos, y que allá ellos, que se las arreglen como puedan.

Además el ministro ha asegurado que las condiciones de este resca… de este apoyo financiero son “muy favorables”. Vamos, que el préstamo es una bicoca. Pero…  ¿por qué no se pidió antes?, ¡Qué chollo!, ¡a ver si pedimos más!

Pues menos mal, desde Rumbo 32 nos alegramos sobre todo por el presidente Rajoy, con lo que le gusta el fútbol y con la ilusión que le hace ir al Euro de Polonia y Ucrania para ver a la selección nacional. Pero nada, que puede irse tranquilamente que no hay de qué preocuparse. Además, ¿puede haber alguien que desee con mayor fuerza que el propio don Mariano Rajoy que  España llegue a la semifinal, y luego a la final, y después a conquistar la Eurocopa? . Y en poco tiempo, además… ¡Los Juegos Olímpicos! ¡Yo soy español, español, español! ¡Lo lo lo lo ló lo lo ló!

 

 

 

 

Un paseo por el cementerio

El descanso eterno de las personalidades más significativas del s. XIX, artistas, políticos, aristócratas… y un evocador y sobrecogedor paseo para aquellos que lo visitan. Estilizados cipreses, árbol cuya madera jamás se pudre y cuyo perpetuo verdor simboliza la inmortalidad, apuntan a los cielos para dar la bienvenida al visitante antes de perderse en un laberinto de patios, tumbas y mausoleos. El absoluto silencio del lugar, apenas roto ocasionalmente por el piar de algunos pajarillos o por el viento, sumado a su fastuosa monumentalidad se traduce en una una sosegante intranquilidad difícil de definir. Las grandes y monumentales tumbas de este cementerio de San Isidro de Madrid aparecen marcadas profundamente por la huella del tiempo y la erosión propia de la meteorología, acentuando ese toque a novela gótica tan amiga de criptas, castillos, bosques tenebrosos, pasadizos, fantasmas y demonios, tan de moda a finales del XVIII y principios del XIX, periodo al que corresponde su construcción (1811). El cementerio se encuentra justo a espaldas de la Ermita de San Isidro Labrador, razonablemente alejado del casco urbano del Madrid de la época como consecuencia de la prohibición del rey José Bonaparte de enterrar a los difuntos en el interior de las iglesias.

El espectáculo que nos brinda la visita pone de manifiesto el esmero y cuidado que tanto artistas como arquitectos dedicaron a las personalidades aquí enterradas; impresionantes panteones familiares y minuciosa atención al detalle de los elementos escultóricos dentro de un entorno monumental que recoge lo mejor de diferentes oficios artísticos: cantería, esmalte, vidriera, forja… El conjunto está considerado como uno de los cementerios más interesantes de Europa y está catalogado como Bien de Interés Cultural dentro de la categoría de Conjunto Histórico.

La continua presencia de ángeles tallados en piedra es una constante a lo largo de este peculiar paseo. Es de suponer que representan al Ángel de la Guarda, aquel que siempre nos acompaña incluso después de haber abandonado este mundo, ofreciéndonos su cuidado y protección. Curiosamente tan entrañable y tranquilizadora imagen se torna muy a menudo siniestra e inquietante al encontrarnos figuras cuyas formas se han visto alteradas por los efectos de la climatología, ennegrecidas, mutiladas e incluso decapitadas.

Salvador Sánchez Povedano “Frascuelo”, Leandro Fernández de Moratín, Antonio Maura, José Abascal, Francisco de Goya… ¿Francisco de Goya?… pero, ¿no se encuentran los restos de Goya en la cercana Ermita de San Antonio? Lo cierto es que el genial pintor aragonés murió en Burdeos, Francia, en 1828, para ser enterrado después en el cementerio de La Chartreuse, en el mausoleo de la familia que le dio acogida en la ciudad francesa. Años después, en 1899, tras unas largas y extrañas gestiones para trasladar los restos del pintor a España, se descubriría la desaparición de la cabeza de Goya de la que ya jamás se tendría noticia. Finalmente los restos llegarían a Madrid para ser enterrados en el cementerio de San Isidro, junto a Moratín, Meléndez Valdés y Donoso Cortés, donde permanecerían hasta 1919, año en el que se trasladarían definitivamente a la Ermita de San Antonio.

Historia del traslado de los restos de Goya. ¿Qué fue de su cabeza? Foto Rumbo 32.