Archivos mensuales: mayo 2012

Gorriones

La mañana de Santiago está nublada de blanco y gris, como guardada en algodón. Todos se han ido a misa. Nos hemos quedado en el jardín los gorriones, Platero y yo.

¡Los gorriones! Bajo las redondas nubes, que, a veces, llueven unas gotas finas, ¡cómo entran y salen en la enredadera, cómo chillan, cómo se cogen de los picos! Este cae sobre una rama, se va y la deja temblando; el otro se bebe un poquito de cielo en un charquillo del brocal del pozo; aquél ha saltado al tejadillo del alpende, lleno de flores casi secas, que el día pardo aviva.

¡Benditos pájaros, sin fiesta fija! Con la libre monotonía de lo nativo, de lo verdadero, nada, a no ser una dicha vaga, les dicen a ellos las campanas. Contentos, sin fatales obligaciones, sin esos olimpos ni esos avernos que extasían o que amedrentan a los pobres hombres esclavos, sin más moral que la suya ni más Dios que lo azul, son mis hermanos, mis dulces hermanos.

Viajan sin dinero y sin maletas: mudan de casa cuando se les antoja; presumen un arroyo, presienten una fronda, y solo tienen que abrir sus alas para conseguir la felicidad; no saben de lunes ni de sábados; se bañan en todas partes, a cada momento; aman el amor sin nombre, la amada universal.

Y cuando las gentes ¡las pobres gentes!, se van a misa los domingos, cerrando las puertas, ellos, en un alegre ejemplo de amor sin rito, se vienen de pronto, con su algarabía fresca y jovial, al jardín de las casas cerradas, en las que algún poeta, que ya conocen bien, y algún burrillo tierno—¿te juntas conmigo?—los contemplan fraternales.

                                                                                                    Juan Ramón Jiménez

El gorrión desaparece de las ciudades.

Y qué extraño caminar por la ciudad sin escuchar su constante piar, oasis auditivo entre motores, “melodías” de teléfonos, iphones, bocinas, alarmas y voces de adultos. Qué tremenda pereza madrugar y separarse de las sábanas para ir a trabajar sin el consuelo de poder ocupar una de las primeras filas del patio butacas del gran y tempranero auditorio que eran antes las ciudades. ¿Es qué no les echáis de menos?

¿No es la ciudad mucho más gris sin la grisácea presencia de la tonalidad de sus plumas? sin la gran y maravillosa belleza contenida en apenas 20 cm de envergadura y en tan sólo unas pocas decenas de gramos de peso, que nos aguardaba justo tras salir del portal de casa. Igual es mejor no pensar, simplemente dejarse llevar y no hacerse las inquietantes conjeturas y suposiciones acerca de los motivos por los que nos han abandonado. Puede ser estremecedor. Y es que cualquiera hubiera pensado que su adaptación a la urbe era mejor que la de los propios urbanitas, pues ni siquiera se molestaba en emigrar o migrar según llegaban los fríos o los calores.

¿Cómo concebir una niñez sin ellos? ¿Cómo no sentirse acongojado viendo como se rompe poco a poco uno de los lazos que aún une aquellos años con el presente? Qué penosa es la alegría de encontrarte de nuevo en mi camino siendo consciente que presenciar ahora tus nerviosos movimientos, los saltitos con los que vas de un lado a otro o tu inquieta y pícara mirada, se ha convertido en una única y excepcional oportunidad.

“Se mueren de pena si se les encierra” me decían. Ácratas que nunca se dejaron domesticar pese a vivir siempre con nosotros. Qué escalofriante soledad la mía encontrándome ahora tan domesticado, resignado y tan solo entre humanos.

¡Que Dios os maldiga Blas de Lezo! (III)

Primera parte aquí

Segunda parte aquí

El curioso y decisivo capítulo acaecido en Cartagena de Indias en 1741, silenciado a lo largo del tiempo por los cronistas, se desencadenó por una oreja. Esa oreja perteneciente al corsario Robert Jenkins fue la excusa perfecta para que los ingleses iniciaran un conflicto bélico contra España conocido popularmente como la Guerra de la oreja de Jenkins. Todo comenzó en 1739 cuando un navío español comandado por Julio León Fandiño abordó y capturó un barco corsario frente a las costas de Florida para, seguidamente, cortar la oreja a su capitán; “Ve y dile a tu rey que lo mismo le haré si a lo mismo se atreve”. Y es que el tráfico marítimo comercial de aquella época entre América y España se veía constantemente cortado y entorpecido por las acciones y el constante acoso de piratas y corsarios ingleses, que atacaban incluso ciudades y puertos españoles escasamente defendidos. En la cámara de los Lores, Robert Jenkins con su oreja en la mano, denunció el hecho desencadenando un conflicto que suponía una oportunidad inmejorable para arrebatar la supremacía marítima oceánica a los españoles.

Inglaterra nombra al marino Edward Vernon comandante de las fuerzas británicas en las Indias Occidentales, quien pone rumbo desde Port Royale (Jamaica) hacia el puerto español de Portobelo situado en Panamá con el objetivo de proceder a su saqueo y destrucción. Portobelo formaba parte de la ruta que periódicamente seguía la Flota de Indias y se encontraba pobremente defendido. El éxito de esta acción fue celebrado y proclamado a los cuatro vientos, y Vernon, entre numerosos homenajes, se convertiría en un héroe nacional en Inglaterra. Incluso el mismísimo Jorge II de Inglaterra asistió a una cena homenaje en honor a Vernon donde se presentó por primera vez el actual himno nacional británico God Save the King (que se transforma en God Save the Queen cuando el trono lo ostenta una mujer). Además dos calles, una en Londres y otra en Dublín pasarían a denominarse Portobello Road. En una carta fechada el 27 de noviembre de 1739 Vernon comunica a Lezo que los prisioneros de Portobelo están recibiendo un excelente trato a pesar de no merecerlo. Pocos días después Lezo envía su respuesta:

            Puedo asegurarle a Vuestra Excelencia, que si yo me hubiera hallado en Portobelo, se lo habría impedido, y si las cosas hubieran ido a mi satisfacción, habría ido también a buscarlo a cualquier otra parte, persuadiéndome de que el ánimo que faltó a los de Portobelo, me hubiera sobrado para contener vuestra cobardía.

1741, la mayor de las flotas que viera la historia hasta la lanzada contra las costas de Normandía en 1944, (186 naves, más de 23.500 hombres, y más de 2600 piezas de artillería) ponía rumbo hacía el puerto de español de Cartagena de Indias, el más importante de los puertos del Virreinato de Nueva Granda, bajo el mando de Edward Vernon. ¿Qué otra flota o puerto podría interponerse ante a semejante escuadra? Ante este desalentador panorama Blas de Lezo pasa revista a sus escasas fuerzas en la magníficamente fortificada Cartagena de Indias, comprobando que se reducían a 6 navíos de guerra para apoyar a sus defensas, a unos 2500 soldados del ejército regular español reforzados con unos 600 arqueros indios traídos expresamente desde el interior, y a menos de 1000 piezas artilleras. Resultaba, pues, realmente complicado asegurar que Cartagena de Indias continuara siendo española en los próximos años. Aún así Lezo opta por la resistencia a toda costa. Cartagena de Indias no se iba a rendir.

La formidable escuadra de Vernon ya se encuentra muy próxima a las murallas y fortificaciones defensivas y a su orden se inicia un incesante cañoneo que castigó con dureza la ciudad. Las defensas apenas podían aguantar la constante lluvia de fuego que sobre ellas caía y que se prolongó durante, nada menos que, 67 días. Los contendientes españoles optan por hundir sus propios navíos en la bocana del puerto para obstaculizar el asalto inglés, pero la maniobra finalmente no impediría que la escuadra de Vernon penetrara en la bahía. Vernon sintiéndose claro vencedor, se dispone a enviar un correo a Inglaterra confirmando su victoria, noticia que sería recibida con una euforia aún mayor que la vivida tras la destrucción y saqueo de Portobelo. Los defensores españoles se apresuran para guarnecerse en la fortaleza de San Felipe de Barajas, el último obstáculo que  se interpone entre la ciudad de Cartagena de Indias y las fuerzas del almirante Edward Vernon. Ahora San Felipe de Barajas, donde resisten tan solo 600 hombres bajo el mando de Lezo, está en el punto de mira de los cañones ingleses.

Vernon sin dejar de cañonear San Felipe desde sus navíos, ordena un desembarco en tierra para atacar la retaguardia de la fortaleza e iniciar el asalto. Pero para lograrlo antes debe atravesar una zona de selva que provocaría estragos en los ingleses; centenares de hombres caerían víctima de la malaria. Pese a todo, las tropas de Vernon llegarían a las puertas de San Felipe para iniciar su ataque con la infantería, que será lanzada a la estrecha rampa que da acceso a la fortaleza. Lezo rápidamente ordena a 300 hombres armados con armas blancas situarse en el estrecho paso para que se emplearan a fondo hasta repeler el ataque. El incidente deja 1500 bajas entre las fuerzas asaltantes. La malaria, las numerosas bajas derivadas del fallido asalto a San Felipe, y la dura resistencia de los defensores pasa factura a la moral inglesa mientras que el nerviosismo se va apoderando de un Vernon que ya había enviado la noticia de su victoria a Inglaterra. Tras una acalorada reunión con sus oficiales decide construir una serie de escalas que les permitiera superar los altos muros de San Felipe para así sorprender a los defensores de San Felipe la noche del 19 al 20 de abril de 1741.

Los casacas rojas junto con los granaderos y un grupo de macheteros jamaicanos avanzan lentamente debido al lastre que supone mover las piezas de artillería y al continuo fuego que cae sobre ellos desde lo alto de la fortaleza, el cual provocaría numerosas bajas cuando los ingleses atravesaran una zona descubierta que está justo antes de llegar a los altos muros de San Felipe. Los asaltantes, asombrados, comprueban que sus escalas resultan totalmente  inútiles, pues un previsor Lezo había ordenado cavar previamente un profundo foso en torno a los muros que provocaba que las escalas se quedaran cortas. Entre los ingleses, totalmente expuestos al fuego de los defensores, reina la confusión. Las bajas se iban multiplicando hasta que Lezo lanza a sus hombres en una rápida carga bayoneta en mano que resultaría en una despavorida y desordenada huida de las tropas inglesas. La masacre entre las filas invasoras dirigidas aquella noche y aquella mañana por el general Woork hace que el nuevo día amanezca mostrando un paisaje sembrado de cadáveres y heridos en torno a la fortaleza de San Felipe.

Edward Vernon ya es consciente de la imposibilidad de tomar San Felipe, y ordena la retirada hacia sus barcos que aún permanecerían cañoneando las defensas de Cartagena de Indias durante 30 días más, mostrándose incapaz de aceptar la derrota. La escasez de víveres, las enfermedades y la baja moral trajeron consigo la orden de retirada. Las últimas naves abandonaron la zona el 20 de mayo, y  la situación era tan crítica que algunos de estos navíos tuvieron que ser incendiados por los propios ingleses ante la falta de tripulantes. God damn you, Lezo !

               Para venir a Cartagena es necesario que el rey de Inglaterra construya otra escuadra mayor, porque ésta sólo ha quedado para conducir carbón de Irlanda a Londres, lo cual les hubiera sido mejor que emprender una conquista que no pueden conseguir. Blas de Lezo.

Algunos meses más tarde Blas de Lezo acabaría irónicamente siendo víctima de sus enemigos y moriría debido a una enfermedad derivada de los cuerpos ingleses insepultos que los combates habían dejado repartidos por toda la zona. Lamentablemente nadie sabe hoy en día donde fue enterrado.

El balance de este episodio es desolador: entre 8.000 y 10.000 muertos y más de 7.500 heridos entre las filas inglesas, entre ellos lo mejor de la oficialidad imperial británica. Las bajas entre los españoles se eleva a 800 muertos y 1.200 heridos. Sin embargo en Inglaterra se estuvo celebrando la “victoria” hasta que se supo lo que realmente ocurrió y el rey Jorge II prohibiera cualquier mención al capítulo acaecido en Cartagena de Indias. Aún así, y enterado de la muerte de Lezo, Vernon volvió con sus navíos a las inmediaciones de Cartagena de Indias pero sin decidirse a atacar. España pudo mantener su hegemonía atlántica comercial durante 70 años más.

Nada menos que 22 batallas y expediciones, decenas de barcos enemigos rendidos, Blas de Lezo, el mediohombre que nunca rehuía del combate, jamás se arrodilló ante nadie.

¡Que Dios os maldiga Blas de Lezo! (II)

Primera parte aquí

1714, segundo asedio a la ciudad de Barcelona. Blas de Lezo  cuenta ya con 25 años de edad y el navío que está bajo su mando, el Campanella de 70 cañones, se aproxima decididamente a las defensas británicas. Nuestro protagonista vuelve a resultar herido; esta vez es el disparo de un mosquete el que le inutiliza para el resto de su vida su brazo derecho. El cuadro del oficial de marina Blas de Lezo comienza a mostrar ya su perfil de Mediohombre: cojo, manco y además tuerto. Sea como sea, su más que lamentable estado físico no le supondrá ningún impedimento para continuar en activo. En 1715, al mando del Nuestra Señora de Begoña de 54 cañones, y junto a una gran flota, lograría reconquistar Mallorca, esta vez, sin necesidad de efectuar un solo cañonazo.

Con la finalización de la Guerra de Sucesión en España Blas de Lezo recibe el novedoso reto de limpiar la costa Pacífica del virreinato de Perú de los numerosos piratas y corsarios que se dedicaban a hostigar tanto puertos como rutas comerciales. La misión se completaría con notable éxito, pues generalmente los navíos piratas emprenderían la desesperada huida ante la presencia de los buques de guerra españoles y la fama que Lezo se había ganado durante los últimos años. Además, en aquella época, en 1725, se casaría en Lima con la abnegada y sufrida Josefa Pacheco, que deberá aguantar todas las incertidumbres y penalidades derivadas del ajetreado y peligroso trabajo de su esposo.

En 1730 Blas de Lezo da por concluido su periplo por las costas americanas y regresa nuevamente a España donde es nombrado jefe de la escuadra naval del Mediterráneo. Una de las más curiosas misiones que recibiría en esta nueva etapa mediterránea consistiría en personarse en la República de Génova al mando de seis navíos de guerra para reclamar el pago de 2 millones de pesos que por diferentes avatares esta república debía al Reino de España. Lezo llegaría al puerto genovés con la muy escasamente diplomática intención de cañonear desde sus buques la ciudad si no se efectuaba el pago dentro de un plazo que con anterioridad él mismo había designado. El pago se efectuó con rapidez y presteza, y Lezo, además, invitó a las autoridades genovesas a rendir homenaje a la bandera real de España, cosa que, como no podía ser de otro modo, hicieron muy gustosamente.

El marino predilecto de la Armada Española pronto tendría una nueva misión sobre la mesa que le llevaría a embarcarse en el navío Santiago para poner rumbo junto a otros 53 buques a la conquista de la ciudad otomana de Orán (en la actual Argelia). Blas de Lezo completaría con notable éxito esta misión, que finiquitaría en 1732. Pero poco tiempo después el pirata Bay Hassan logró reunir un buen número de tropas para sitiar la recién conquistada ciudad hasta que Lezo regresó al mando de 6 navíos y 5000 hombres, provocando la huida del pirata argelino tras una dura y reñida lucha. Lezo no dudó en salir en persecución de la nave capitana de Hassan, que se refugió dentro de la fuertemente fortificada y bien defendida bahía de Mostagán, donde le aguardaban 4000 hombres bien armados y dos fuertes perfectamente artillados. Sin embargo, el implacable perseguidor no se amedrantó por ello y penetró seguidamente en la bahía desafiando el constante cañoneo proveniente de los fuertes que caía sobre sus buques para finalmente lograr incendiar la nave capitana del pirata y arrasar por completo las fortificaciones. Después de acabar con todo lo que se le puso por delante permanecería vigilante evitando que los argelinos recibieran refuerzos desde Estambul, hasta que una epidemia derivada de la corrupción de los alimentos le obligó a poner rumbo a Cádiz.

El episodio de Orán le valió el ascenso a Teniente General de la Armada, para comenzar en 1735 labores dentro de la corte, donde permaneció durante un breve periodo ya que “tan maltrecho cuerpo no era una buena figura para permanecer entre tanto lujo”. Y es que el habitat natural de un hombre de acción de aquella época como Blas de Lezo se encontraba en las cubiertas de los navíos de guerra, por lo que no tardó en solicitar formalmente permiso al Rey para volver a embarcarse. Su petición fue aceptada y en 1737, con los navíos Fuerte y Conquistador, puso rumbo de nuevo a América donde ocuparía el puesto de comandante general del más importante puerto de ultramar: Cartagena de Indias.

¡Que Dios os maldiga Blas de Lezo! (I)

La curiosa medalla que podemos ver en la imagen fue acuñada en el s. XVII para conmemorar la toma por parte de los británicos en 1741 de Cartagena de Indias (en la actual Colombia), el que era en aquellos años el más importante puerto colonial del Reino de España en ultramar. La escena muestra al almirante de la Armada española, encargado de la defensa de la ciudad, arrodillado mientras hace entrega de su espada al victorioso almirante británico. En dicha medalla conmemorativa, además, podemos leer “The pride of Spain humbled by Ad. Vernon” – “El orgullo de España humillado por el almirante Vernon”. Se trataría, sin duda, de uno de los más brillantísimos y heroicos episodios militares, digno de ser conmemorado por una medalla como esta a fin de hacerlo perdurar en la memoria, y con un especial espacio reservado en las más gloriosas páginas de los libros de historia. A no ser que esta gran gesta militar jamás se hubiera producido…

Y es que los británicos Sir Francis Drake, Sir Henry Morgan, Horatio Nelson o Edward Vernon encuentran su contrapunto en figuras como Antonio Gutiérrez de Otero o el personaje que ocupará las siguientes líneas: el almirante de la Armada española Blas de Lezo, cuya historia permanece como un capítulo semioculto tal vez por la querencia anglosajona de no airear demasiado sus derrotas y desastres militares. Un ejemplo claro y representativo de estos silenciados episodios lo constituye el ataque británico dirigido contra Santa Cruz de Tenerife en 1797 comandado por, nada menos, el almirante Horatio Nelson, que perdió su brazo derecho en esta acción tras fracasar en tres diferentes ofensivas contra tropas en clara inferioridad numérica.

En el duro y complicado siglo XVIII la estampa que presentaba el guipuzcoano Blas de Lezo y Olavarrieta es digna de atención debido a las numerosas y variadas heridas sufridas a lo largo de su vida militar y los retales de su propia persona que fue dejando repartidos entre algunos de los escenarios bélicos en los que tomó parte; su pierna izquierda en Málaga, su ojo también izquierdo en Toulon, su brazo derecho en Barcelona… por ello era conocido popularmente como Mediohombre, siendo probablemente la figura que inspiró a Benito Pérez Galdós cuando creó a Marcial, uno de los personajes de su novela Trafalgar perteneciente a sus Episodios Nacionales.

Blas de Lezo nació en 1689, en Pasajes (Guipúzcoa), un pueblo dedicado enteramente a la mar, aumentando la nómina de excelentes marinos vascos que ha dado la historia como Juan Sebastián Elcano, Cosme Damián Churruca o Antonio de Oquendo. Siendo apenas un niño de tan solo 12 años de edad, se enrolaría como Guardiamarina (aspirante a oficial) en la armada francesa, aliada en aquella época de la España partidaria de Felipe V de Borbón el Animoso (¿el primer campechano?) en la Guerra de Sucesión (1701 – 1715), la cual estallaría con la muerte del raquítico, enfermizo, estéril, y justito de inteligencia Carlos II alias el Hechizado, el último monarca de la casa de los Habsburgo, y que había dejado el trono comprometido al no dejar descendencia alguna. La batalla más destacable de esta guerra se produce en Vélez – Málaga, en 1704, donde la escuadra francesa que había partido desde Tolón, se une a otras naves españolas para enfrentarse a la escuadra dirigida por el almirante Rooke, sangriento episodio en el que una bala de cañón destrozó la pierna izquierda de Blas de Lezo, la cual tuvo que ser finalmente amputada por debajo de la rodilla, sin ninguna clase de anestesia y, según las crónicas, sin ningún tipo de lamento por parte del joven Guardiamarina.

Este terrible percance no debió amilanar en absoluto al joven Blas de Lezo, pues no tardaría en volver a embarcarse para socorrer a las asediadas plazas de Peñíscola y Palermo, dirigir el posterior ataque al navío ingles de 70 cañones Resolution que resultó devastado por el fuego, o capturar otros dos navíos enemigos. Durante sus exitosas patrullas por el Mediterráneo logra apresar otro buen número de navíos ingleses logrando el permiso de llevar sus presas a su pueblo natal. En 1706 recibe instrucciones para poner en marcha su siguiente misión: el abastecimiento de los sitiados en Barcelona comandando una pequeña flota. Con tan solo 17 años de edad ya mostró su capacidad de estratega y su picardía, burlando constantemente el cerco inglés gracias a las densas nubes de humo  que provocaban los montones de paja ardiendo que dejaba flotando sobres las aguas y que le permitían ocultarse, o las cargas incendiarias que disparaban sus cañones capaces de neutralizar los navíos británicos. Poco tiempo después entraría en combate, esta vez en tierra firme, en la fortaleza de Santa Catalina de Tolón (no lejos de Marsella), en un enfrentamiento frente a las tropas del príncipe Eugenio de Saboya, y donde tras un cañonazo contra la fortificación una esquirla acabaría por alojarse en su ojo izquierdo reventándolo en acto.

La recuperación de Blas de Lezo sería rápida y pronto, en 1707, será destinado al puerto de Rochefort ascendido ya a Teniente de Guardacostas. En 1710 lograría un record al lograr rendir una decena de buques enemigos, el menor de ellos de 20 piezas de artillería, destacando el combate contra el poderoso Stanhope comandado por John Combs que contaba con una fuerza que triplicaba la del nuevo Teniente de Guardacostas. Debido a su inferioridad de potencia de fuego, Blas de Lezo trató de evitar cañoneo y optó por lanzar un rápido abordaje, una lucha cuerpo a cuerpo, que provocó el pánico y la rendición de los británicos. Acciones como esta, en la que nuevamente resultó herido, culminaron con su ascenso a Capitán de Fragata.

Segunda parte aquí.

Deporte español: el éxito a cualquier precio (I)

Sin que sirva de precedente, este modesto blog tocará en las siguientes líneas el mundo del deporte, lo que básicamente en España se traduce en fútbol o furgol, el máximo exponente elevado a la enésima potencia del antiguo pan y circo romano llevado a la actualidad. Su función anestésica social es parte fundamental del engranaje que conforma el sistema en el que vivimos, sobretodo en estos complicados tiempos de crisis. Pero es, además, un potente elemento integrador, capaz de lograr una cohesión social (de ámbito nacional en el caso de las selecciones nacionales, y regional o local en el de los clubes) que supera con creces aquella que se pueda producir ante la penosa situación laboral, sanitaria o social a todos los niveles que atraviesa el país y que se traduce en miles y miles de gargantas proclamando a viva voz un rotundo ¡yo soy español, español! que traspasa ideologías políticas o rencores regionales. Asimismo actúa como poderoso desinhibidor, que mitiga la timidez y anula la vergüenza propia a la hora de lucir prendas de dudoso gusto, de usar bufandas en verano, de vociferar bochornosas consignas, alaridos o improperios a los contrarios por el mero hecho de ser de otra ciudad o país.

Su importancia es tal que cuenta con una especial y excepcional bula fiscal que permite a los clubes acumular una deuda con la Agencia Tributaria que supera los 750 millones de euros y, que a su vez, posibilita la contratación de messis y ronaldos que sitúan al fútbol español en una posición de supremacía mundial, inimaginable en otros ámbitos, que nos permite mirar por encima del hombro a alemanes, franceses o ingleses.  Además, en estos complicados tiempos, los logros deportivos son, tal vez, la única imagen positiva de la marca España que se exporta al exterior. Fútbol, tenis, baloncesto, balonmano, ciclismo… tanto éxito se traduce fuera de nuestras fronteras en una sospecha de prácticas dopantes que podría ser avalada tanto por la larga lista de casos de dopaje confirmados protagonizados por deportistas españoles como por la imagen de permisividad o directamente de encubrimiento que el propio estado ha mostrado en operaciones policiales contra el dopaje como la Operación Puerto o la Operación Galgo. Dicha permisividad fue señalada por el propio Comité Olímpico Internacional en su informe referente a la fallida candidatura de Madrid para albergar los Juegos de 2016.

En los últimos años se han dado numerosos casos de muertes o desvanecimientos repentinos en deportistas de élite que tanto prensa como instituciones deportivas asumen con una relativa normalidad haciendo alusión a causas relacionadas con indetectables anomalías cardiacas. Este panorama, sumado al rápido ascenso deportivo español a nivel internacional ha extendido una sombra de sospecha y duda fuera de nuestras fronteras. A destacar el episodio provocado por un programa televisivo humorístico de la TV francesa, (los famosos guiñoles) que bajo una mirada satírica relacionaba los éxitos deportivos españoles con el dopaje y que provocó la bochornosa e inmediata respuesta del gobierno de España, que incluso montó un gabinete de crisis junto con la reacción del mismísimo Ministro de Asuntos Exteriores que no dudó en poner su grito en el cielo ante tamaña ofensa. Aunque ya anteriormente, en 2008, Gérard Guillaume, médico del equipo ciclista francés Francaise des Jeux se refirió a España como “la plataforma del dopaje europeo” e hizo públicas las siguientes declaraciones:

      Está admitido, salvo para las autoridades españolas, que España es la plataforma del dopaje europeo, para todos los deportes. El día en que España se ponga a combatir el dopaje con el mismo vigor que en otras partes, sin duda habremos hecho grandes progresos en Europa. Mirad a ese pobre Beltrán. Se sabe de donde viene y para qué servía cuando corría para los grandes líderes”, como Armstrong, “quien supuestamente no se dopaba… Pues, aquí está el resultado. Lo que ha pasado es muy interesante. No hay mal que por bien no venga. Los controles controlan mejor, está claro. Y el comportamiento de los Saunier-Duval, que mirábamos con lupa porque había cosas que nos parecían muy extrañas, está ahora en la escena pública. Es muy doloroso para todos, pero progresamos. Los verdaderos tramposos, los que se organizan, tienen cada vez menos margen de maniobra. Vamos por el buen camino. No se hace lo mismo en el fútbol, el rugby y el tenis. Sin embargo, estoy seguro de que constataríamos exactamente lo mismo.

La Operación Puerto contra el dopaje en el deporte de élite efectuada en 2006 puso al descubierto una red de dopaje liderada por el médico hemodruida Eufemiano Fuentes. Los tratamientos ilícitos de mejora del rendimiento deportivo se basaban en el empleo de EPO, anabolizantes, testosterona, transfusiones sanguíneas… etc, y en un principio las investigaciones llevadas a cabo por la Guardia Civil apuntaron a futbolistas, atletas, tenistas y ciclistas como clientes del Dr. Fuentes, clientes que fueron filmados o fotografiados en sus visitas a la clínica clandestina durante el tiempo que duraron las labores de vigilancia de la Guardia Civil. (El artículo aquí enlazado se refiere a las ramificaciones tanto polideportivas como internacionales de la red del Dr. Fuentes). Al no ser el dopaje delito en España en 2006, todas estas pruebas fueron inmediatamente invalidadas, y se procedió a investigar un delito de contra la salud pública.

Extraña y sorpresivamente en el sumario del caso tan solo se identificaron finalmente a ciclistas (58 en total) como clientes de la red. Entre los más afamados se encontraban Jan Ullrich, Marco Pantani, Ivan Basso, Alejandro Valverde, Isidro Nozal, Roberto Heras, Joseba Beloki, Francisco Mancebo… De las 200 bolsas de sangre incautadas por la Guardia Civil en esta operación, sólo 99 fueron enviadas para su análisis al laboratorio INIM de Barcelona (¿las de ciclistas?) para la búsqueda de sustancias que pudieran suponer un delito para la salud pública, quedando el resto sin analizar. El caso fue cerrado repentinamente por el juez Serrano, quien, además, se negó a facilitar las pruebas recabadas durante la investigación a organismos deportivos internacionales como la AMA (Agencia Mundial Antidopaje) o la UCI (Unión Ciclista Internacional). Ante esta situación, países como Alemania e Italia iniciaron sus propias investigaciones.

Segunda parte aquí

Deporte español: el éxito a cualquier precio (II)

Dr. Fuentes

Primera parte aquí

Pero, ¿quién es el Dr. Fuentes? En la hemeroteca del diario El País encontramos un artículo de 1985 bajo el sugerente título de “Los atletas españoles reciben ayuda médica para mejorar sus resultados”. Dicho artículo desvela que en aquella época el Dr. Fuentes formaba parte del cuadro médico de la Federación Española de Atletismo, y que los métodos de este doctor fueron impulsados por Carlos Gil, el director técnico de la Federación. Posteriormente Fuentes se dedicó al ciclismo, siendo el médico de prestigiosos equipos profesionales, entre ellos el Seat-Orbea, ONCE, Kelme, Seguros Amaya…

En 2006 el diario francés Le Monde aseguró haber accedido a una serie de documentos confidenciales redactados por el Dr. Fuentes en los que se exponían los planes de preparación de los equipos de fútbol Real Madrid, F.C. Barcelona, Betis y Valencia. Anteriormente, en sendas entrevistas en la Cadena Ser y Le Monde, el Dr. Fuentes aseguró que los ciclistas eran una pequeña parte de su cartera de clientes, la cual se completaba con futbolistas de Primera y Segunda división, tenistas y atletas. Los clubs de fútbol señalados por Le Monde iniciaron acciones legales contra el diario francés que finalmente fue condenado a pagar indemnizaciones.

“El fútbol español está limpio” “Aquí nos hemos tomado muy en serio esta asignatura. Y no hay diferencias entre unos deportes y otros” son ejemplos de algunas declaraciones del anterior secretario de Estado para el Deporte Jaime Lissavetzky. Pero lo cierto es que las diferencias en los controles antidoping entre unos deportes y otros son enormes, abismales. La Real Federación Española de Fútbol realiza unos 1.500 controles entre Primera, Segunda, y Segunda B, pero a diferencia con el ciclismo o el atletismo solamente se hacen análisis de orina y jamás de sangre. Además, los tratamientos ilícitos a base de EPO, hormona del crecimiento o de CERA no se rastrean con test específicos.  Los controles en el fútbol resultan útiles contra el dopaje tradicional, pero son ineficaces contra el de última generación. “En el fútbol se busca la droga social, los anabolizantes y estimulantes, pero raramente EPO” según Javier Martín del Burgo, director de la Agencia Estatal Antidopaje. Y es que estos test completos antidopaje, dentro del mundo del fútbol que mueve cantidades ingentes de dinero, resultan muy costosos según el propio Jaime Lissavetzky. Los controles antidoping de la UEFA tampoco contemplan los análisis sanguíneos.

 

-EPO: Eritropoyetina, estimulación de la proteína que se encarga de la creación de glóbulos rojos y por lo tanto la oxigenación de la sangre. Aumenta considerablemente la resistencia. Incrementa la capacidad muscular hasta un 20%. Efectos secundarios: hipertensión arterial, trombosis cerebral, muerte súbita.

-Hormona del crecimiento: HGH. Aumenta la masa muscular, reduce el peso graso, indetectable hasta las olimpiadas de Atenas 2004. Efectos secundarios: diabetes, hipertensión

-CERA: El fármaco de moda, indetectable hasta hace poco tiempo, estimula los efectos de la EPO propia del organismo. Ofrece las mismas ventajas que la EPO, pero basta con una o dos dosis mensuales.

Marta Domínguez

La Operación Galgo contra el dopaje deportivo de élite llevada a cabo por la Guardia Civil en 2010 salpicó de lleno, entre otros,  a la atleta Marta Domínguez, al preparador de atletas Manuel Pascua Piqueras y nuevamente al Dr. Eufemiano Fuentes. Curiosamente las dos operaciones a las que brevemente nos referimos, son, oficialmente, una especie de compartimientos estancos que delimitan claramente su ámbito de influencia: La Puerto al ciclismo, la Galgo al atletismo. En los registros efectuados se incautaron anabolizantes, esteroides, y bolsas de sangre.  Finalmente la Operación Galgo se quedó en nada, las escuchas, los hechos relacionados con el dopaje que son públicos y que podemos leer aquí, la documentación incautada, los productos dopantes…etc, quedarían sin ningún efecto para la justicia, ya que la policía, según los jueces, no tenían derecho a investigarlos ni a conocerlos.

Algunos curiosos episodios del deporte español

 – Dentro de la bochornosa política de nacionalizaciones de deportistas extranjeros con la finalidad de lograr éxitos en diferentes disciplinas deportivas destaca el caso del hispano – alemán Johann Mühlegg, quien asombraría al mundo compitiendo para España en esquí de fondo al ganar nada menos que tres medallas de oro en los Juegos Olímpicos de invierno de Salt Lake City de 2002. Tras este grandioso logro, pasaría de llamarse Johann a un mucho más español Juanito. Pero una vez sancionado por consumo de EPO y habiéndosele retirado sus tres medallas de oro recuperaría nuevamente su nombre original de Johann.

– El tratamiento a base de hormonas del crecimiento al que fue sometido L. Messi explicado en este vídeo por él mismo.

– Probablemente el caso de “ganar al precio que sea” más vergonzoso a la par que bochornoso de la historia del deporte mundial. Juegos Paralímpicos de Sydney 2000. El equipo de baloncesto presentado por la Federación Española de Deportes de Discapacitados Intelectuales (FEDDI) se impone ganando el oro olímpico arrasando a todo rival que se cruza en su camino. Pero poco tiempo después, uno de los jugadores que llevaba dos años jugando en el equipo nacional revela que no sufre ninguna minusvalía ni física ni intelectual. Finalmente, el Comité Paralímpico Español confirmó el fraude, reconociendo que de los doce baloncestistas tan sólo dos de ellos sufrían alguna minusvalía.

Tour de Francia. 2 victorias finales en la primeras 74 ediciones de esta competición. (Bahamontes y Ocaña). 11 victorias finales en las últimas 24 ediciones (1 de ellas retirada al ciclista español Alberto Contador por positivo de clembuterol)