Archivos mensuales: marzo 2012

29-M Huelga general en España

La  huelga, herramienta en manos de la clase trabajadora para defender su dignidad ante el abuso de los poderosos. Valga esta entrada como humilde homenaje a todos los trabajadores del mundo, especialmente a aquellos que  no han perdido la conciencia de lo que realmente somos. Mi única nación es mi clase: la clase trabajadora.

Il Quarto Stato

El cuarto Estado (Il Quarto Stato) es una obra de Giuseppe Pelliza da Volpedo de 1901, y se refiere a la clase proletaria. El cuadro tiene un valor personal  y le guardo un especial cariño, pues una reproducción de esta obra preside el salón de la casa de mis padres, siendo desde mi infancia una especie de icono que a menudo aparece en mi mente para recordarme quien soy y quienes son mis compañeros de viaje.

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El enigma de Tartessos (II)

Argantonio

Argantonio

Primera parte aquí

Se especula con la capital del reino de Tartessos, jamás hallada y buscada por el alemán Schulten en el coto de Doñana, tratando de emular de este modo a su compatriota Scheliemann, el descubridor de Troya. Según el viajero geógrafo e historiador griego del s. II Pausanias  “Tartessos es un río en la tierra de los iberos, llegando al mar por dos bocas y que entre esas dos bocas se encuentra una ciudad de ese mismo nombre. El río, que es el más largo de Iberia y tiene marea, llamado en días más recientes Baetis”. El nombre de Tartessos podría identificar tanto a un reino, al río que lo atravesaba y a la capital de dicho que reino que se encontraría en las proximidades de la desembocadura. Así mismo, el geógrafo griego Escimno de Quíos, citando al también geógrafo Éforo de Cime, explica que la capital Tartessos se encuentra a 1000 estadios (dos días de viaje) de las columnas de Hércules (Gibraltar). La distancia que hay entre Gibraltar y la desembocadura del río Guadalquivir es precisamente de unos 900 estadios. Lo cierto que es que a día de hoy su ubicación continua siendo un gran enigma, aunque bien es cierto que las pistas parecen llevar al parque de Doñana, lugar donde se han llevado a cabo las más recientes investigaciones. Pero toda búsqueda resulta sumamente complicada debido a los grandes cambios que ha sufrido la geografía de la zona en los últimos 3000 años.

Los principales yacimientos con los restos de lo que fue el reino tartesso arrojan algunos rayos de luz que muestran el desarrollo alcanzado, siendo prueba de ello una escritura que a día de hoy se resiste a ser descifrada. Las necrópolis halladas reflejan la estratificación de la sociedad, donde las clases aristocráticas eran enterradas junto a sus posesiones más preciadas. El primer arte tartesso se caracteriza en un primer momento por su sencillez, geometría y esquematismo, cobrando un mayor desarrollo y abandonando su austeridad a medida que aumentaba la riqueza generada por el incesante comercio, poniendo de manifiesto muy a menudo las influencias recibidas desde oriente.

Europa según Estrabón

 Mineros, artesanos, campesinos…  la organización de la sociedad tartesa consiste en integrar a todos dentro de un sistema que algunos historiadores denominan como servidumbre comunitaria, en la que las clases más poderosas cuentan tanto con la propiedad de los medios de producción como de los productos con los que llevan a cabo sus actividades comerciales, y cuyos beneficios, posteriormente, pasarán a ser redistribuidos entre las clases productoras a fin de asegurar de este modo su manutención.

Tartessos vivió su momento de máximo esplendor durante el reinado del legendario rey Argantonio (Hombre de Plata), s. VII – VI a.C, del que Heródoto asegura que vivió 120 años y que reinó durante 80. Asimismo las crónicas griegas se refieren a la gran riqueza de su reino debido a su gran actividad minera (oro y plata) y el trabajo metalúrgico del bronce. La relación con los griegos focenses era estrecha y amistosa, hasta el punto de que el propio Argantonio envió una gran cantidad de plata a la ciudad griega de Focea que sirviera para financiar las defensas militares que garantizara su pervivencia ante los persas, caída que, por otro lado, finalmente se produjo junto a las de otras ciudades jonias en torno al año 540 a.C., diez años después de la muerte de Argantonio. Tartessos perdía de este modo a su principal aliado.

Pudiera ser, dentro del misterio que envuelve a todo lo relacionado con Tartessos, que la estrecha amistad con los griegos focenses no resultara del agrado de sus grandes competidores en la lucha por el dominio de las aguas y el comercio mediterráneo: los fenicios. El hecho de que la antigua capital fenicia Tiro cayera en manos babilonias en el 580 a.C. provocó la consiguiente independencia de Cartago, ciudad situada en el norte de África, en la actual Túnez. Con ello, fenicia tenía una nueva capital, la cual no tardaría en concentrar y potenciar al máximo el comercio con occidente, además de conformar una poderosa armada que la convertiría en la primera potencia militar y económica del Mediterráneo occidental.

Tartessos se encontraba sola y expuesta ante el poder de Cartago, y, de este modo, se abre la posibilidad de que las ciudades tartesas fueran arrasadas y destruidas por los cartagineses, al igual que hicieron con la ciudad griega de Mainake (Málaga). El dominio y la hegemonía de Cartago se prolongaría en el tiempo hasta que finalmente fuera derrotada en el 146 a.C. por el pujante poder de Roma. Roma no tardaría en poner sus pies en la península Ibérica, donde se encontrarían con una región llamada Turdetania, ocupada por los descendientes de los tartesos. La región pasaría a denominarse Bética y el río Tartessos pasaría a ser el Betis.

Otras hipótesis relacionan la desaparición de Tartessos con la sucesión de una serie de catástrofes naturales, en concreto un par de tsunamis, que según ciertas investigaciones afectaron a la zona de Doñana. Lo cierto es que toda documentación relacionada con Tartessos se ve repentina cortada tras la muerte de Argantonio, perdiéndose de este modo y por completo la pista de este reino, dando paso a uno de los mayores misterios de la antigüedad.

El enigma de Tartessos (I)

El gran enigma de la antigüedad, un agujero en el libro de historia. Permanentemente  oculto a lo largo de los siglos ante todos aquellos que han dedicado grandes esfuerzos en su busca. El primer gran reino que existió en la península Ibérica.  La historia se cubre con un velo de misterio y no es mucha la información que se tiene a día de hoy al respecto, aunque en la actualidad  nuevos hallazgos  comienzan mostrar un difuso perfil.  ¿Acaso se trata de la Atlántida mencionada y descrita por Platón? ¿Se trata de la Tharsis del rey Salomón a la que se refiere la Bilblia?

      “En efecto, el Rey Salomón tenía naves de Tarsis en el mar junto con las naves de Hiram. Las naves de Tarsis venían una vez cada tres años y traían oro, plata, marfil, monos y pavos reales”. Antiguo Testamento, Libro de los Reyes I, 10-22

Debemos retroceder hasta los albores de nuestra civilización para tratar de situar los inicios de Tartessos, y apostar por una fecha que resulta incierta, en torno al 1200 a.C., para situarnos en el suroeste de la península Ibérica, en lo que actualmente son las provincias de Cádiz, Huelva y Sevilla. La existencia de Tartessos, el primer estado de la península, ha sido muy discutida hasta hace poco, pero los trabajos de algunos historiadores y arqueólogos entre los que destaca el alemán Adolf Schulten, plenamente dedicado la investigación en la península Ibérica, la han confirmado como una realidad histórica. Si tenemos en cuenta al geógrafo griego Estrabón  que se refirió a los tartesios, los habitantes de Tartesso, como los más cultos de los íberos “poseiendo de tiempo antiquísimo escritos en prosa, poemas y leyes en verso que según ellos tenían 6000 años de antigüedad” deberíamos dar un salto en la historia de, nada menos, 8000 años.

Los orígenes de la civilización de Tartesso no está ni mucho menos libre de polémica. Algunos investigadores afirman que esta cultura es el resultado de una evolución de las poblaciones locales, cuyo máximo desarrollo se debe en gran medida al contacto que mantuvieron tanto con fenicios como con griegos focenses (provenientes de la ciudad de Focea, situada en Asia Menor, en la actual Turquía). Por otro lado, otros expertos aseguran que la cultura tartesia es el resultado de un proceso de aculturación de la población indígena por parte de los fenicios. Otros incluso afirman que provienen de las estepas del norte europeo, que son de origen etrusco, cretense…

Lo que parece claro es que los tartesios a partir de la Edad del Bronce y poco a poco, constituyeron un reino que se llegó a extender por toda Andalucía, Murcia y el Algarve portugués, manteniendo como eje el río Tartessos, al que los romanos llamarían Betis y posteriormente los árabes Guadalquivir. Sin embargo, algunos estudiosos sitúan este río en el actual Guadalete o en el Tinto. La primera referencia a Tartessos viene de la mano del  historiador Heródoto en el s. V a.C. cuando menciona al rey Argantonio. Algún tiempo después, en el s. IV a.C., el poeta latino Rufo Festo Avieno escribió su Ora marítima, poema que describe las costas mediterráneas, y que se refiere a Tartessos como una isla entre dos ríos.

La civilización de Tartessos se caracteriza por contar con los más importantes y ricos yacimientos mineros de la antigüedad en todo el Mediterráneo, lo que la convertiría en un importante referente comercial gracias a la calidad de su bronce, a la plata y al oro que atrajo tanto a mercaderes  fenicios como a griegos. Los metales preciosos que con tanta habilidad trabajaban los tartesios gozaban de gran prestigio y su fama muy pronto se propagaría a lo largo y ancho de todo el Mediterráneo. El oráculo de la ciudad fenicia de Tiro ordenó fundar una colonia en los confines del mundo conocido, allá donde el héroe de la mitología griega Heracles había separado la tierra para unir el océano con el mar Mediterráneo y situado sus mitológicas columnas (columnas de Heracles, posteriormente de Hércules), mandato que se cumpliría en torno al año 1100 a.C. con la fundación de la ciudad de Gádir (Cádiz), aunque posiblemente su único y real pretexto fuera el de establecer y fortalecer  relaciones comerciales con Tartesso, para después comerciar con los metales preciosos y hacerlos llegar a Egipto y a Fenicia, territorio compuesto por una serie de ciudades – estado independientes como Biblos, Sidon, Tiro o Trípoli, ocupando tierras de lo que actualmente es Israel, Siria y Líbano.

¡Oh Tiro! Princesa de los puertos, mercado de innumerables pueblos costeros. En el corazón de los mares estaban tus fronteras. Tarsis comerciaba contigo por la abundancia de toda riqueza: plata, hierro, estaño y plomo daba por tus mercancías. Las naves de Tarsis formaban tu flota. ¿Quién era semejante a Tiro en medio del mar? Al desembarcar tus mercancías saciabas a muchos pueblos. Con tu opulento comercio enriquecías a los reyes de la tierra.

La aristocracia tartesia quedaría profundamente fascinada y seducida ante las mercaderías fenicias: la cerámica, los ungüentos y los perfumes, las telas, la bisutería, el vidrio, los colores, sabores y olores de oriente… Los tartesios, que hasta entonces habían explotado sus yacimientos mineros de modo doméstico para obtener herramientas, armas y adornos, modificarán su economía, su población se divide y se especializa en diferentes tareas para optimizar sus nuevas relaciones con los pueblos comerciantes de oriente y satisfacer de esta manera la alta demanda de sus productos. Los fenicios dejarán una profunda huella de su paso; los primeros útiles de hierro, el torno para la cerámica, el cultivo de la vid y el olivo… Por Cádiz penetra y se expande la cultura oriental y el arte, y dada esta influencia, los tartesios comienzan un proceso de orientalización.

Segunda parte aquí