Archivos mensuales: febrero 2012

Torres Quevedo, El Leonardo del s.XIX-XX (II)

Pimera parte aquí

Torres Quevedo retratado por Sorolla en 1917

Increíble resulta su Telekino, presentado en la Academia de Ciencias de París, y que consiste en un autómata capaz de ejecutar órdenes transmitidas por telegrafía sin hilos, siendo este el primer aparato de radiodirección del mundo en, nada menos, que 1903. Se trata pues, del primer mando a distancia de la historia. Poco tiempo después, en 1906, Torres Quevedo, y en presencia del Rey Alfonso XIII y un gran gentío, realizó una prueba práctica del Telekino en el puerto de Bilbao, guiando por control remoto una pequeña embarcación desde la orilla y provocando el más absoluto asombro entre la perpleja multitud que allí se congregaba. Este principio del control remoto se trató de aplicar sobre proyectiles y torpedos, pero el proyecto se abandonó por la falta de apoyos financieros. Estamos en un periodo anterior a la Primera Guerra Mundial y Torres Quevedo ya tenía en la mano el precedente de lo que muchos años después serían los misiles crucero.

El campo matemático sería también de su interés, desarrollando máquinas analógicas de cálculo, que a diferencia de las actuales calculadoras que funcionan con procesadores, funcionaban únicamente con elementos mecánicos, creaciones que terminarían por abrirle las puertas de la creación de máquinas autómatas a las que hoy en día llamaríamos robots. Existía ya el precedente de la legendaria máquina del barón Kempelen, un noble húngaro que en 1769 construyo un autómata que jugaba al ajedrez y que recibía el nombre de El Turco. El Turco consistía en una cabina de madera y en un maniquí vestido con túnica y turbante. La cabina contaba con unas puertas que una vez abiertas mostraban un mecanismo de relojería que cuando se activaba era capaz de jugar al ajedrez con gran maestría ganando la mayoría de las partidas. Pero El Turco resultó ser una farsa, una estafa, ya que la cabina era una tan sólo una ilusión óptica bien diseñada que permitía ocultar en su interior a un maestro jugador de ajedrez que operaba sobre el maniquí.

El Turco de Kempelen

Pero, ¿se puede realmente construir un autómata con capacidad de mover manualmente las piezas de ajedrez y que además gane la partida a un jugador experimentado? El reto estaba en la inquieta mente de Torres Quevedo, que logró materializar con su autómata llamado El Ajedrecista, presentado en París en 1914, provocando toda una revolución y un gran impacto a nivel mundial. El Ajedrecista resolvía el final de una partida de tres piezas: el rey y la torre blanca manejados por la máquina contra el rey negro que manejaba un humano.  El Autómata de Torres Quevedo se basaba en unos algoritmos para lograr siempre el jaque mate. Esta creación se convierte en una primera computadora capaz de procesar información para actuar en consecuencia. En 1920 un hijo de Leonardo, Gonzalo, construye un segundo autómata jugador que logra el movimiento de las piezas mediante imanes situados bajo el tablero de juego, ideando un ingenio de naturaleza electromecánica lo que le convierte en un claro antecedente de la inteligencia artificial. Tras el rotundo éxito de El Ajedrecista, Torres Quevedo dedica gran parte de su tiempo en redactar numerosos ensayos sobre automática, adelantándose varias décadas a las primeras investigaciones y estudios estadounidenses, ingleses o alemanes sobre la analogía mente – máquina.

A finales del siglo XIX el ejército español mostró interés en el desarrollo de globos aerostáticos, y se intenta dar un paso adelante para convertirlos en aparatos voladores dirigibles, con algún mecanismo que les permitiera navegar incluso en contra de la dirección del viento. En 1902 Torres Quevedo presentó tanto en Madrid como en París el proyecto de un nuevo tipo de globo dirigible revolucionario. La barquilla del aparato contaba con un sistema de suspensión que eliminaba todos los problemas que hasta la fecha se habían presentado. Como no podía ser de otro modo, Leonardo construye en 1905 el primer dirigible español, bajo el nombre de El España. El novedoso aparato rápidamente llama la atención de una empresa francesa llamada Astra, que se apresura en comprar la patente para en 1911 iniciar la fabricación de los dirigibles conocidos como Astra- Torres, adquiridos también por los ejércitos franceses e ingleses con la finalidad de ser empleados en diversas tareas durante la Primera Guerra Mundial. El trabajo dentro del campo de las naves dirigibles no acaba aquí, y tras la guerra, en 1918, Torres Quevedo pretende construir un dirigible transatlántico capaz de atravesar el océano Atlántico llevando pasajeros, El Hispania. El monumental proyecto fracasó, como no podía ser de otra manera, por problemas de financiación.

A partir de 1887, justo después de terminar sus estudios de ingeniería, Torres Quevedo centraría su atención en todo tipo de transbordadores, funiculares y teleféricos. En su propia casa de Santander construye su primer transbordador, que tenía un recorrido de unos 200 metros y superaba unos 40 metros de desnivel y cuyo funcionamiento se basaba sencillamente en tracción mecánica. La barquilla de su artilugio era una simple silla donde podía transportar diferentes objetos siempre y cuando no fuesen de gran tamaño. Poco tiempo después construiría el transbordador del río León, mucho más desarrollado e impulsado a motor, y empleado para el transporte de materiales. Parece que Leonardo no se dio por satisfecho con todo esto, y en 1890 presenta sin éxito su transbordador en Suiza, país muy interesado en este tipo de ingenios debido a su complicada orografía. Unos años después, en 1907, construye el primer transbordador apto para el transporte de pasajeros, y no duda en presentar sus prototipos en diferentes países hasta que es aceptado uno de ellos, en Canadá, transbordador que finalmente será ubicado en el río Niágara, junto a las famosas cataratas, inaugurado el 15 de febrero de 1916 y actualmente, casi 100 años después, en perfecto funcionamiento.

Leonardo Torres Quevedo, además de su desmesurado interés hacía todo lo que fuese ciencia o tecnología, tuvo sus inclinaciones humanistas tal y como demuestra su interés hacia el idioma internacional esperanto, creado en 1887 por el oftalmólogo polaco de origen judío Lázaro Zamenhof, tras toda una década de trabajo y presentado en un escrito firmado bajo el seudónimo de Dr. Esperanto (el Esperanzado). Hay que señalar que el movimiento relacionado con el idioma esperanto tuvo su momento de mayor esplendor y máximo desarrollo durante la II República (1931 – 1939) alcanzando un notable número de hablantes en España. Torres Quevedo nunca se mantuvo al margen de corrientes científicas y culturales, Torres Quevedo era universal  y sus relaciones con científicos e inventores extranjeros eran constantes, manteniéndose siempre al tanto de todos los avances que se llevaban a cabo más allá de las fronteras españolas.

El Ajedrecista

Su interés por los temas lingüísticos le llevaron a inventar un sistema de símbolos universal para describir toda clase de máquinas, representando de este modo sus componentes y sus relaciones, una especie de esperanto mecánico, que a tal efecto fue propuesto a todas las naciones. Torres Quevedo también estuvo presente en diferentes iniciativas que tenían como fin la sistematización de la nomenclatura científica dentro del idioma español, e incluso puso en marcha el proyecto de la publicación de un diccionario tecnológico en lengua castellana que defendió como socio de la Real Academia Española de la Lengua desde 1920, e influyendo de manera decisiva para la creación de una Junta Nacional de Bibliografía y Tecnología Científica cuya presidencia llegó a ostentar para finalmente publicar dos volúmenes de un Diccionario Tecnológico Hispano – Americano que por desgracia no pudo ser completado hasta 1983. Años antes, en 1918,  rechazó el cargo de ministro de fomento.

Leonardo Torres Quevedo, el Leonardo español a caballo entre el siglo XIX y el XX , su muerte acaecida en Madrid en diciembre de 1936, a punto de cumplir los 84 años de edad, pasó desapercibida debido al foco de atención que significaba la Guerra Civil, cuyo estallido se había producido poco tiempo atrás. Se trata, sin duda, de una de las mentes más prodigiosas e iluminadas que ha dado España, con un campo de inquietudes que se presume inabarcable. Su reconocimiento queda patente con los premios y nombramientos que logró: Honoris Causa por la Universidad de La Sorbona y por la Universidad de Coimbra, el nombramiento en 1910 como presidente de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales o su ingreso en la Real Academia de la Lengua en 1920. Sus innumerables prodigios, inventos y artilugios constituyen un valioso legado para el mundo de la ciencia y la tecnología y le sitúan entre los más grandes creadores que ha dado el mundo, aunque su genialidad fuera a menudo incomprendida por una clase política mediocre, incapaz de ver los campos y posibilidades que se abrían ante ellos. Torres Quevedo representa un claro ejemplo de la riqueza que puede aportar el desarrollo científico y tecnológico en una Europa en la que cada vez resulta más complicado elaborar cualquier tipo de producto debido a la mano de obra barata que ofrecen otros continentes, en un mundo donde imperan las leyes de mercado por encima de todo, y donde el futuro ante esta situación se encuentra en la producción de ideas que permitan desarrollar una nueva sociedad o economía del conocimiento. El maltrato y el ahorro en recursos para posibilitar el trabajo de aquellos que se dedican a la investigación o a la ciencia supone una hipoteca de futuro y un suicidio que terminaremos por pagar a medio o largo plazo.

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Torres Quevedo, El Leonardo del s.XIX-XX (I)

Leonardo Torres Quevedo

Con sus 52 metros de caída, su gran amplitud y su belleza, las cataratas del Niágara es uno de los principales centros turísticos en los Estados Unidos. El inigualable espectáculo natural puede ser contemplado desde diferentes plataformas y torres de observación, podemos adentrarnos en una embarcación para situarnos bajo las mismísimas cataratas, o bien podemos pasar del lado estadounidense al lado canadiense en el Spanish Aerocar. ¿El Spanish Aerocar?

Sí. Se trata de un teleférico o aero-transbordador que permite transportar pasajeros desde un lado a otro del río Niágara desde 1916 sin haber sufrido nunca ningún percance. Junto al ingenio se encuentra una placa que muestra una pincelada de lo que fue su genial creador:

    – NIAGARA SPANISH AERO CAR

    Leonardo Torres Quevedo (1852 – 1936) was an ingenious Spanish engineer. Among his creations were algebraic machines, remote control devices, dirigibles and the world’s first computer.
The Niagara Spanish Aero Car was designed by Leonardo Torres Quevedo and represented a new type of aerial cable way that he called “transbordador”. Officially opened on August 8, 1916, it is the only one of its kind in existence.

-The Niagara Parks Commission 1991

    – AEROCAR ESPAÑOL DEL NIÁGARA

    Leonardo Torres Quevedo (1852 – 1936) fue un ingenioso ingeniero español. Entre sus creaciones destacan máquinas algebraicas, mandos a distancia, dirigibles y la primera computadora del mundo. El coche aéreo español del Niágara, fue diseñado por Leonardo Torres Quevedo y representa un nuevo tipo transporte por cable aéreo, que llamó “Transbordador”. Se inauguró oficialmente el 8 de agosto de 1916, siendo el único de su tipo en existencia.

-La Comisión de Parques del Niágara 1991

Leonardo Torres Quevedo fue un ingeniero de caminos, inventor y matemático español de origen cántabro, pionero y precursor de la cibernética, la automática y la informática, siendo un notable ejemplo de dedicación a labores científicas, culturales y de estudio en España. Se trata, muy probablemente, del ingeniero español más universal y conocido más allá de nuestras fronteras gracias a sus creaciones que generalmente se convertían en patentes internacionales. Su carrera se inicia realizando estudios en la Escuela Oficial del Cuerpo de Ingenieros de Caminos de Madrid, para, una vez finalizados, comenzar  a trabajar en la empresa de ferrocarriles en la que trabajaba su padre, autor del proyecto de la línea Bilbao – Irún (Ferrocarril de Isabel II). Poco tiempo después sus inquietudes le llevarían a emprender un viaje por toda Europa en el que conocería de primera mano los avances científicos y técnicos de la época, especialmente los relacionados con el campo de la electricidad. A su regreso a España se instala en la ciudad de Santander donde iniciará una frenética actividad de estudio e investigación, sufragando él mismo sus trabajos que en un principio, 1887, se centrarán en diferentes transbordadores que presentaría en 1890 en Suiza con escaso éxito, ya que no logró que fueran aceptados.

En la España de mediados del XIX se vivía una importante crisis financiera que se extendería tanto al campo (sequía y malas cosechas que desembocarían en carestía y hambre entre la población), como a la industria, (principalmente en la industria textil catalana, que se vería afectada por el aumento de precio del algodón importado desde Estados Unidos) a la que se uniría una profunda crisis política con un gobierno acusado de corrupción y despotismo, incapaz de solucionar los problemas que afectaban a España. Todas estas circunstancias desembocarían en una revolución que culminaría en 1868 con el fin del reinado de Isabel II.

Este periodo, conocido como el sexenio democrático o revolucionario, 1868 – 1874, se traduciría en una esperanza, en un ímpetu renovador que trataría de democratizar la vida política y modernizar la economía para situar a España dentro de los nuevos aires que recorrían la Europa de aquellos años. Se convocarían elecciones por sufragio universal masculino, y la victoria de la coalición de progresistas, demócratas y unionistas daría luz verde a la Constitución de 1869, la más democrática de todas las promulgadas hasta ahora, que adelantaría en varias décadas a otros países europeos en cuanto a los logros políticos y sociales alcanzados. Los derechos individuales de los ciudadanos, su derecho a la participación política, la libertad de culto religioso o el derecho de reunión y asociación son algunas de sus características más destacables. Además se proclama la soberanía nacional, cuya forma de gobierno es la monarquía parlamentaria: el monarca reina, pero no gobierna.

Bajo este panorama asistimos en España a un desarrollo tanto de la ciencia como de la tecnología, apareciendo en escena figuras tan destacadas y excepcionales como Isaac Peral, Santiago Ramón y Cajal, el propio Leonardo Torres Quevedo y algunos años más tarde Juan de la Cierva. Sin embargo, este favorable clima pronto se vería truncado con la restauración borbónica y la vuelta a los modelos anteriores, encontrando la comunidad científica y tecnológica una falta casi total de medios y ayudas, para, además, tropezar con la continua incomprensión de los gobernantes de turno, problemática, por otro lado, muy similar a la padecida actualmente por aquellos que se dedican a la investigación y el desarrollo científico.

Sin embargo, y pese a todo, Leonardo Torres Quevedo ha sido un verdadero genio exitoso en la práctica, una especie de Edison a la española, cuyos logros siguen en plena vigencia, como el Spanish Aerocar, o que han servido de inspiración para otros creadores. El genio de Torres Quevedo tocó gran parte de los campos del conocimiento, aunque, y a pesar de sus grandes méritos y los innumerables premios y reconocimientos internacionales, resulta ser relativamente desconocido, y muchos de sus inventos los tuvo que desarrollar fuera de España al no ser comprendido en su propio país.

Dirigibles, naves voladoras capaces de ser dirigidas en pleno vuelo, transbordadores, sistemas de radiocontrol, máquinas analógicas de cálculo o autómatas capaces de jugar al ajedrez representan algunas de las áreas tocadas por el genio que nos ocupa. Torres Quevedo se caracteriza por ser mucho más que un simple teórico que se quedaba con la elaboración de unos principios novedosos, ya que siempre llevaba su obra hasta el final, hasta el diseño y la creación material de sus prodigiosas máquinas y artilugios, llegando hasta el último y más insignificante de sus elementos o componentes, que finalmente lograba presentar, generalmente en el extranjero, con gran éxito y para admiración de todos.

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Nuestro dictador refrigerado

La imagen del dictador Francisco Franco a tamaño real dentro de la nevera de Coca-Cola que podemos encontrar en cualquier supermercado o gasolinera. Se trata de la obra de Eugenio Merino, artista cuya obra se puede contemplar estos días en ARCO, feria de arte contemporáneo de Madrid.  La creación de Merino ha cobrado recientemente una dimensión que va más allá de la de cualquier obra artística y ha logrado rebasar las líneas de lo meramente  conceptual. Allways Franco, que así se llama la obra de Merino, muestra al dictador, a nuestro dictador, que se mantiene aun hoy en día refrigerado y presente de algún modo en la España actual. Y vaya si lo está. El ejemplo lo sirve en bandeja y de manera más que evidente la fundación Francisco Franco con su denuncia al propio Merino, con lo que Allways Franco ha materializado la reflexión que en un principio proponía. El no va más.

La verdad es que, lamentablemente, resulta sencillo encontrar ejemplos del general refrigerado tal y como se ha visto con la reciente sentencia condenatoria a Baltasar Garzón. O con la policía en la universidad de Cádiz, y no precisamente con intenciones formativas. El video resulta totalmente bochornoso, nauseabundo y a la vez entristecedor. ¿Este es mi país? ¿Pero qué democracia es esta, en la que la policía puede entrar a la universidad para repartir palos?

¿Y qué trabajo es el del policía antidisturbios? Puede resultar realmente complicado encontrar un insignificante poso de dignidad en esta profesión. Debe ser un caso único. Una persona con un mínimo de dignidad o vergüenza a buen seguro  preferiría apuntarse al paro antes que dedicarse a apalear estudiantes o trabajadores. Es el sonderkommando asalariado encargado del trabajo sucio, limitándose a cumplir las órdenes sin el menor ejercicio de reflexión. Y es que la realidad es pertinaz, y pese a que algunos se les llene la boca de democracia, de libertad de expresión, aunque lleven desde la muerte del general vendiéndonos la moto, la sensación es que nuestra débil democracia está mucho más atrás de lo que muchos pretenden hacernos creer. Para nuestro triste consuelo nos queda la dictadura de los mercados y la crisis que unos pocos han provocado, que rápidamente ha sido plenamente democratizada para ser pagada por toda la clase trabajadora.

Uniforme policial con general refrigerado

Baltasar Garzón: cazado.

Felicidades.  Enhorabuena, al fin lo han logrado.  Aunque el precio de su victoria sea el de trabar y complicar la de ya de por sí tortuosa tarea de investigar todo lo relacionado con la corrupción y el fango que la rodea, y el dejar abiertas áreas de impunidad. Enhorabuena de todos modos.

Baltasar Garzón Real es, o era, un magistrado español asesor del Tribunal Penal Internacional de la Haya y honoris causa de innumerables universidades repartidas por todo el mundo.  Pero ante todo, Baltasar Garzón es un impetuoso carácter, a menudo vehemente, incansable trabajador, idealista y además en persecución continua de esos mismos ideales. Destacables sus operaciones contra el narcotráfico a principios de los años 90 o sus investigaciones en relación a las actividades de terrorismo de estado o de “guerra sucia” contra la banda terrorista de ETA con el llamado caso GAL, notable escándalo que se convertiría en uno de los factores que hundirían al Partido Socialista de Felipe González en las elecciones de 1996. Curiosamente Garzón participó de la política tiempo atrás, en 1993, formando parte de las listas del Partido Socialista, llegando a ser elegido diputado, pero abandonando el cargo muy poco tiempo después, en 1994.

Su actividad no se ha limitado al ámbito nacional, Garzón saltó a la fama internacional cuando logró amargar los últimos años del malnacido  Augusto Pinochet, acusando al anciano criminal de tortura, desaparición de ciudadanos españoles y de crímenes contra la humanidad. En 2001 además, tuvo la osadía de investigar las cuentas en el extranjero del banco más grande de España, el BBVA, pos supuestas actividades de lavado de dinero, y en 2003 lanzó duras críticas contra los Estados Unidos por la detención de sospechosos de Al Qaeda en Guantánamo.

El anterior y breve resumen de la actividad de Baltasar Garzón culmina con una causa  imperdonable para la España del cortijo: la relacionada contra los crímenes del periodo franquista que Garzón puso en marcha en 2008, elaborando un censo de fusilados, desaparecidos y enterrados en fosas comunes durante los años de la dictadura en España. No tardaron en pararle en seco los pies, e incluso el Tribunal Supremo admitió una querella contra el juez de grupos ultraderechistas como Manos Limpias y Falange Española de las JONS. Episodio para echarse a reír si no fuera porque todo esto es cierto, y que pone en entredicho la tan cacareada transición democrática al menos en el campo judicial. Además, recientemente la ONU ha indicado que España debe anular su ley de amnistía de 1977 ya que incumple con la normativa internacional en Derechos Humanos  para, este modo, comenzar con las investigaciones en relación a los crímenes franquistas.  Y finalmente, la gota que colma el vaso; la apertura de las investigaciones contra una de las mayores tramas de corrupción de los últimos años, con sus principales centros de operaciones en Madrid, Valencia y la Costa del Sol: la Gürtel, que cuenta actualmente con 71 imputados relacionados con el Partido Popular de Rajoy.

Las fosas del franquismo

 

Ahora todos esos enemigos que Garzón ha ido coleccionando durante su carrera se toman cumplida venganza. La persecución y ajuste de cuentas contra el juez ha culminado con su inhabilitación, con la eliminación de tan molesto personaje dentro del panorama judicial. Las movilizaciones en contra de Garzón comenzaron precisa y casualmente cuando éste inició las investigaciones relacionadas con la trama Gürtel, asunto incómodo que salpica a un gran número de responsables políticos. Acrobáticamente quien puso en marcha la investigación de esta gran trama corrupta se convierte en su primer condenado. Hoy España es más negra, el oscurantismo propio de tiempos pasados parece cobrar fuerza nuevamente para imponerse a todo aquel que intente traer un poco de luz. La justicia heredera de aquellos tiempos muestra nuevamente sus vergüenzas sin el menor pudor. Aviso para todos aquellos que se salgan del guión preestablecido. Felicidades, corruptos y sinvergüenzas, disfruten de su momento. Franquistas y fascistas disfrazados de demócratas, enhorabuena por la caza. Garzón, por el momento, ha sido aniquilado. Por el momento…

Campaña de petición de invasión francesa

Al firmar la petición estarás enviando esta carta

Destinatario: Presidente de Francia: Nicolas Sarkozy

Les echamos de nuestro país en 1814 para darle el trono a un deficiente malcriado como Fernando VII. Pusimos por delante los derechos de nuestros monarcas (franceses, por cierto) que los derechos de nuestros conciudadanos, democracia entre otras cuestiones. ¿Consecuencias? ¿De verdad hacer falta que las detallemos una a una?

Como hemos tenido casi 200 años para darnos cuenta del gravísimo error que cometimos en la Batalla de Bailén, ya va siendo hora de que rectifiquemos. Con los franceses nos habría ido muchísimo mejor. Aún estamos a tiempo, por favor, “enfants de la patrie”, invadidnos y acabad ya con esta agonía, con este sufrimiento, ha quedado más que claro que nosotros solos no somos capaces. Echadnos una mano. Ah, y traeros las guillotinas, por favor, van a hacer falta.

Enlace:

http://actuable.es/peticiones/pide-los-franceses-nos-invadan-y-acaben-con-esta-agonia

Miguel Gila: el humor de la tragedia

Nació en el madrileño barrio de Chamberí en 1919 y su infancia estuvo ligada en todo momento a todo tipo de penalidades, huérfano de padre y viviendo en un hogar que atravesaba  constantes y permanentes dificultades económicas, se vio obligado a abandonar los estudios a los 13 años para trabajar en diversos talleres de pintura o mecánica. Bajo estas duras y complicadas condiciones, tanto en su humilde casa como en los ambientes de esos talleres y fábricas, el joven Miguel tomaría conciencia de su realidad para adoptar una ideología de izquierdas que no abandonaría nunca. Combatió el fascismo franquista en el bando Republicano dentro del Quinto Regimiento de Enrique Líster, al que se alistó voluntariamente con 17 años de edad, hasta que fue capturado y ejecutado en el Viso de los Pedroches (Córdoba). Gila comentaba que a él lo fusilaron mal, y es que el pelotón que llevó a cabo el fusilamiento se encontraba totalmente borracho por lo que no acertaron con los disparos. El joven Miguel permaneció tirado en el húmedo suelo, simulando estar muerto, logrando de este modo sobrevivir a tan trágico episodio. Pero su suerte se volvería a torcer, y pronto, cuando en 1938 fue nuevamente capturado y recluido en diferentes campos de trabajo y prisiones donde conocería al poeta Miguel Hernández. Su juventud estaría envuelta por el hambre de aquellos años, los miedos y las constantes humillaciones.

Años después, en 1944, comenzaría su actividad como humorística gráfico en la revista universitaria La Exedra,  y más tarde en las prestigiosas Hermano Lobo y La Codorniz. Sin embargo no fue hasta 1951 cuando de manera espontánea  improvisó un monólogo sobre su experiencia como voluntario en la guerra logrando cierto éxito y dando así inicio a la carrera humorística con la que alcanzaría la fama.

El gran mérito de Gila reside en su capacidad y talento para reírse de la guerra, de la crueldad, del dolor y del terrible mundo en el que le tocó vivir, con sus figurados diálogos telefónicos  que en realidad eran monólogos. Su mirada es costumbrista,  y el carácter ingenuo que empleaba bordeaba a menudo el surrealismo. No necesitó emplear jamás palabras malsonantes o polémicas.  Al mismo tiempo su humor se torna negro, desconocedor de cualquier límite, identificándose de este modo con el humor más habitual de la gente en España, que es capaz de reírse incluso de la mismísima muerte.

          ¿Es el enemigo? … Que se ponga.

La guerra de Gila es un absurdo juego de locos, donde los militares matan de manera impune y a sangre fría. Entre sus personajes está el general, el ingeniero, el espía… y una mujer, una mujer que no lucha, que de algún modo permanece al margen de la guerra pero que sí la padece en primera persona. Gila, con esa señora, pretende representar a toda la población civil a la que le caen las bombas. El humor de Miguel bajo su apariencia ingenua esconde poderosas cargas de sátira y de ironía política y social y logra el aplauso de todos, pasando por encima de cualquier ideología.

La visualización del humorista desarrollando sus populares diálogos – monólogos estará siempre permanentemente ligada al teléfono.

Estaba intentando buscar una pareja, porque trabajar solo es muy duro. Pero empecé a pensar, si la pareja es difícil en la relación hombre mujer, mucho más difícil va a ser en la relación de trabajo. Entonces se me ocurrió que el teléfono podría ser una forma ideal para dialogar sin necesidad de recurrir a otra persona”.

Las conversaciones con interlocutores imaginarios supone una revolución dentro del mundo de humor, esos interlocutores elípticos otorgaban una gran libertad al humorista a la hora de plantear sus guiones. Toda su obra se puede también calificar como atemporal, desconocedora del tiempo y superviviente a numerosas generaciones, a tendencias, a modas, siendo de algún modo universal y formando ya parte del imaginario colectivo en España.

Miguel Gila Cuesta fallecería en Barcelona, en 2001, a la edad de 82 años.