Archivos mensuales: diciembre 2011

Revoluciones de colores y lo que dice Medvédev

Lo que no cuenta Rajoy sobre sus previsibles planes de futuro impuestos desde fuera, el anestésico del fútbol, más necesario ahora que nunca para mantener a la gente distraída, (el derby, el clásico, la selección española o lo que haga falta) ¡Qué poco pan y qué pésimo circo!, y todo aquello relacionado con la economía: los eurobonos, el Banco Central Europeo, los ajustes y su prima (la de riesgo), conforma el paisaje informativo en estos días, copando gran parte de los espacios y desplazando o anulando otros contenidos que tal vez deberían tener al menos el mismo interés que el futbolístico.

Hace unos días, un par de semanas  más o menos, el presidente de la Federación Rusa Medvédev se pronunció públicamente de manera clara y concisa en lo referente a la instalación del llamado escudo antimisiles en las proximidades de sus fronteras. El mensaje ha pasado prácticamente inadvertido para los grandes medios de información o intoxicación, pese a mostrar de manera palpable la tensión existente entre la OTAN y Rusia y el posible reinicio de una nueva carrera armamentística que nos devolvería a los tiempos de la guerra fría.  Resulta inquietante tanto el mensaje como el modo en que ha sido silenciado por los medios de comunicación, los también llamados creadores de opinión, partícipes en este juego de buenos y malos, donde las coberturas informativas se reparten de modo desigual y caprichoso y donde, según el viento que sople, se puede pasar de amigo aliado recibido con alfombra roja, a villano, dictador sátrapa asesinado por una turba de insurgentes financiados y alentados por las principales potencias económicas, tal y como se ha podido comprobar con la reciente persecución y caza de Gadafi ante el aplauso generalizado de occidente.

Aquellos tiempos, tras la caída de la Unión Soviética, en los que unos simpáticos amigos como Boris Yeltsin malvendían el país y dejaron vía libre a las grandes corporaciones entre borrachera y borrachera ya pasaron, y actualmente  resulta mucho más complicado para las compañías extranjeras acceder a los recursos de gas y petróleo en países como Venezuela o la propia Rusia, recursos rusos, por otra parte, de los que depende en gran medida Europa. Además, Rusia mantiene un gran poder militar y cuenta con el apoyo de China. Todos estos factores, y a buen seguro que hay bastantes más, se suman al reciente mensaje de Medvédev para conformar de este modo un explosivo e incómodo cocktail para occidente.

Con las recientes elecciones rusas ha vuelto a aparecer la sospecha de amaño, y la ciudadanía se ha echado a las calles para mostrar su desacuerdo, exigiendo un nuevo recuento de los votos. Esta vez las movilizaciones populares sí que han sido recogidas por los medios de comunicación, y aunque la sospecha pueda estar justificada, conviene recordar que la sombra de las coloridas y floridas revoluciones llevadas a cabo no mucho tiempo atrás, al fin de tumbar o al menos desestabilizar gobiernos o candidatos, continúa siendo alargada. La revolución de las rosas en Georgia en 2003, la Naranja en Ucrania en 2004, la de los tulipanes en Kirguistán en 2005, la fallida revolución Verde en Irán y la llamada Primavera árabe en este mismo año, son sólo algunos ejemplos de acciones populares en principio no violentas, pero alentadas y financiadas desde los Estados Unidos a través de la Fundación Soros, el IRI (Instituto Republicano Internacional) presidido por John McCain, y cuya página web declara que “identifica y da soporte a líderes” para “sentar las bases para la próxima generación de Rusia en un liderazgo democrático”, extrañas fundaciones u ONG´S financiadas por los Estados Unidos como la Fundación Nacional para la Democracia, o la ONG “Golos” que busca irregularidades en las elecciones, y cuyo objetivo parece ser el de llevar la Primavera árabe a Rusia… etc. Curiosa puede ser la situación del Partido Comunista Ruso, segunda fuerza política tras las elecciones, que puede verse comprometido entre el legítimo derecho de reclamar lo que sería justo y el hacerle el baile a las fuerzas desestabilizadoras provenientes de fuera.

web de la Fundación Nacional para la Democracia

Lo cierto, es que a día de hoy, son ya numerosas tanto las ex repúblicas soviéticas como los países que juegan un papel decisivo en la producción o distribución de gas o petróleo que cuentan con un gobierno títere pro americano. El falso discurso de la democracia y la libertad que nos venden los medios de comunicación es en realidad el de la economía y el del control de recursos y de determinadas zonas clave, y sirve tanto para poner en marcha diferentes guerras (Afganistán, Irak, Libia) como movimientos populares totalmente dirigidos y orientados a la consecución de los oscuros y ya difícilmente disimulables intereses occidentales encabezados por los Estados Unidos.

El silenciado mesanje de Medvédev con subtítulos en español.

Las lágrimas de tecnócrata y el conde Lucanor

En prensa, en televisión, en la radio… la noticia son las lágrimas de Elsa Fornero,  ministra de Trabajo del actual gobierno técnico italiano, que se precipitan rostro abajo acosadas por los 30.000 millones de euros de “ajuste” aprobado por el gobierno de Mario Monti. Ajuste que consistirá en recortes en el gasto y en las ya mermadas pensiones, pero para que no todo vaya a ser rebaja también incluirá un incremento en los impuestos.

Pero, ¿Qué sentimientos provoca en la dama el desmesurado empleo de la tijera? ¿Llora por pena? ¿Por Italia? ¿Llora de emoción ante esta primeriza medida tecnócrata? ¿Por verse obligada a cumplir con lo que Merkel y los mercados mandan? Si comunica una medida con la que no está de acuerdo, ¿Tal vez llora por ver heridos sus supuestos escrúpulos morales? ¿Acaso se trata de rabia? Si así fuera, ¿No debería dimitir? ¿Cómo deberíamos, pues, interpretar este tecnócrata llanto?… ¡Oh! Son tantas las dudas…Y vos Patronio, ¿Qué pensáis de todo esto?

Cuento XIII
Lo que sucedió a un hombre que cazaba perdices
[Cuento. Texto completo]

Juan Manuel

Hablaba otra vez el conde Lucanor con Patronio, su consejero, y díjole así:

Patronio, algunas personas muy importantes, y también otras que no lo son tanto, me hacen daño a veces en mi hacienda o en mis vasallos y, cuando me ven, me dicen que les pesa mucho y que lo hicieron obligados por la necesidad y porque no podían en aquel momento hacer otra cosa. Como quiero saber qué conducta seguir cuando tales cosas me sucedan, os ruego que me digáis qué pensáis de esto.

-Señor conde Lucanor -respondió Patronio-, lo que os pasa y os preocupa tanto se parece mucho a lo que sucedió a un hombre que cazaba perdices.

El conde le rogó que se lo contara.

-Señor conde -dijo Patronio-, un hombre puso redes a las perdices y, cuando cayeron, se llegó a ellas y, conforme las iba sacando, las mataba a todas. Mientras hacía esto le daba el viento en la cara con tanta fuerza, que le hacía llorar. Una de las perdices que aún estaba viva empezó a decir a las que quedaban dentro de la red:

-Ved, amigas, lo que hace este hombre, que, aunque nos mata, nos compadece y llora por eso.

Otra perdiz, que por ser más sabia que la que hablaba no cayó en la red, le dijo desde fuera:

-Amiga, mucho le agradezco a Dios el haberme guardado del que quiere matarme o hacerme daño y simula sentirlo.

Vos, señor conde Lucanor, guardaos siempre del que os perjudica y dice que le pesa; pero si alguien os perjudica involuntariamente y el daño o pérdida no fuera mucho, y esa persona os hubiera ayudado en otra ocasión o hecho algún servicio, yo os aconsejo que en este caso disimuléis, siempre que ello no se repita tan a menudo que os desprestigie o lesione mucho vuestros intereses. De otra manera, debéis protestar con tal energía que vuestra hacienda y vuestra honra queden a salvo.

El conde tuvo por buen consejo éste que le daba Patronio, lo puso en práctica y le fue muy bien. Viendo don Juan que este cuento era muy bueno, lo mandó poner en este libro y escribió unos versos que dicen así:

Procúrate siempre muy bien guardar
del que al hacerte mal muestra pesar
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Don Juan Manuel

El conde Lucanor es un libro de cuentos moralizantes y didácticos escrito entre 1330 y 1335 por el infante Don Juan Manuel. Se trata, sin duda, de una de las obras más importantes de la narrativa en prosa del siglo XIV. Un dubitativo conde Lucanor solicita la ayuda de Patronio, su consejero, ante la incertidumbre de no saber qué hacer en una circunstancia determinada. Patronio ofrece su consejo con un cuento del que el conde podrá extraer una enseñanza que le resulte útil para resolver el problema que le preocupa. Cada capítulo termina de manera similar: “Et entendiendo don Johan que estos exiemplos eran muy buenos, fízolos escribir en este libro, et fizo estos viesos en que se pone la sentençia de los exiemplos. Et los viessos dizen así”.