
Carlos III retratado por Goya
La partida de dominó, jugar a la petanca, la numismática, la observación de las obras de la calle, la colombofilia… etc, pueden ser aficiones comunes a todo hombre de avanzada edad, pero no son en absoluto actividades que satisfagan el espíritu indómito, impetuoso y aventurero del personaje al que dedicaremos las siguientes líneas: nada menos que Juan Carlos I de Borbón, el primero de los españoles. La sangre azul de nuestro personaje siempre ha mostrado una clara tendencia hacia la caza, pero no hacia la caza de butardas bermejas o moteadas, ni de asustadizos pertiguillos o picamochas. No. La caza que practica el Borbón es la de verdaderos animales y alimañas fieras y salvajes: leopardos, búfalos, osos, elefantes, lobos… Sus precoces inicios a los que los biógrafos de Juan Carlos I se refieren con orgullo, señalan su primera pieza cobrada en El Pardo, una escurridiza liebre, y en 1949, con tan solo 11 años de edad, su primer jabalí. Ya su antepasado Carlos III destacó en la muy noble caza de buitres, y por fortuna y para nuestra solaz y disfrute fue magistralmente retratado por Francisco de Goya en sus actividades cinegéticas, llamando la atención en la magnífica pintura tanto el porte regio y gallardo del cazador como su mirada franca, inteligente, bondadosa e incluso ya campechana.
La sangre azul confiere al que la porta un status muy superior al del resto de los mortales. De algún modo se trata de seres tocados por las divinidades y su especial idiosincrasia va pasando de generación en generación sin sufrir permuta . Esto que resulta complicado de explicar y entender resulta verdaderamente cierto desde los siglos de los siglos. Y su superior condición no solo se refleja sobre el resto de los hombres, no, sino que lo hace también sobre todo bicho viviente que pise la Tierra, incluso si se encuentra protegido por normativas internacionales, o si se halla en peligro de extinción. La sangre azul está por encima de estos engorrosos detalles y no entiende de estas cosas.
Rumanía, región de Covasna, muy próxima a los Cárpatos. El Borbón llega escoltado por numerosos coches de la policía rumana y es recibido por los lugareños con sus trajes regionales, ofreciendo una calurosa bienvenida al monarca con pan, un puñado de sal y un trago de palinca, el popular aguardiente de la región elaborado a base de ciruelas. Pero como el Borbón no se había desplazado a Rumania precisamente por cuestiones folklóricas, pronto sube a bordo de un 4 X 4 que le aproxima al lugar donde se va a celebrar la magna cacería, alojándose junto a las 15 personas de la comitiva en una cabaña que el dictador Ceaucescu poseía en la región. La cacería resulta todo un éxito; el monarca acaba con nueve osos y un lobo, especies protegidas por convenios internacionales.
Mazuria, Polonia. Sin duda un lugar privilegiado por sus bosques y lagos, y un destino preferencial para el Borbón y no por su belleza paisajística, sino por la presencia en el lugar del llamado “rey de la pradera”. Mazuria es una importante reserva donde habitan los últimos ejemplares de bisonte europeo, protegidos y mimados para ser dignamente puestos a disposición de los de la sangre azul. 7.000 euros es su precio aproximado, ofreciendo el derecho a la propiedad tanto de la cabeza como de la piel del animal. El Borbón hace gala de su valentía y pericia, y tan sólo son necesarios dos disparos para cobrarse la pieza, un éxito. Nada podía salir mal, y es que Krzysztof Wyrobek, el supervisor de la reserva de Puszcza Borecka aseguró haber guardado para el Borbón “un bisonte de primera”, “lo he escogido especialmente pensando en un invitado tan excepcional”. Además los guardabosques del parque aún recuerdan la simpatía y amabilidad del monarca en aquella regia e inolvidable visita, y es que nuestro Borbón siempre ha sido un hombre campechano.
Y valgan las siguientes líneas como homenaje a Mitrofán, oso pardo ruso, de cuatro años de edad y 120 kilos de peso. Animal manso y acostumbrado a la presencia humana, tanto que los lugareños de la aldea de Novolenskoye lo definían como alegre y tranquilo, y que “hasta los niños se acercaban para darle de comer con la mano”, y cuya fama saltó a nivel internacional superando la del mismísimo oso Yogui gracias a la mediación de Juan Carlos I de España el Campechano, el cual abatió al animal, en esta ocasión, de un solo disparo. Esta vez, los organizadores buscaron el modo de asegurar al 100 % el éxito de la cacería, siendo Mitrofán la mejor opción para dejar satisfecho al monarca cazador. Además al animal se le suministró, seguramente por sus cualidades tónicas y relajantes, un elixir a base de vodka y miel, en cantidad calculada cuidadosamente “en correspondencia con el peso del oso” según Serguei Starostin, cazador y jefe de guardabosques. Sea como sea, resulta del todo improbable que El Campechano, cuya fama de experto cazador rebasa toda frontera, precise de fieras borrachas para acertar con el tiro. Aún así, hubo algún periódico ruso que se refirió al episodio calificándolo de “pasatiempo feudal”.
El fatal percance sufrido recientemente por el Borbón en su viaje a Botsuana para cazar un elefante, y que resulto con la fatal rotura de la regia cadera, no representa, ni mucho menos, su primer contacto con la inhóspita y salvaje África. El monarca ya había visitado Zimbabue, participando en un safari y alojándose en el muy exclusivo Pamushana Lodge, a unos 4.500 euros la noche, y apareciendo acompañado de “varios empresarios, entre ellos una mujer”, para cazar un elefante y un leopardo nuevamente con notable éxito.
Ahora, aunque nuestro monarca se halla convaleciente atravesando duros momentos, con toda certeza su impetuoso espíritu cazador no se va a ver templado o aplacado por sus actuales dolencias y quebraderos de cabeza provocados por las actividades de su yerno el balonmanista, y más temprano que tarde volverá a protagonizar nuevas gestas como las descritas o incluso de mayor rango, no siendo de extrañar que pronto apareciera capitaneando un navío ballenero para llevar a cabo y con sobresaliente éxito la captura de algún cachalote o de alguna ballena azul para admiración de todos sus súbditos. La vida del Borbón, es pues, la dedicada al amor a los animales, tal y como demuestra su presidencia de honor de la ecologista ONG WWF (World Wildlife Fund), lo cual no debería extrañar nadie, ¿Acaso no es España país donde el 100% de los toreros se declaran amantes de los toros?. Además, y como gran colofón, mencionar al nieto de nuestro campechano monarca, Froilán, el cual, pese a contar con tan solo 13 años, ya cuenta con un muy precoz contacto con las armas que, aunque por el momento, se haya traducido en un disparo en su propio pie, a buen seguro que no le impedirá seguir los ejemplares pasos de su abuelo.
